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Published On: Lun, Jun 2nd, 2014

Alfredo Izaguirre Rivas: Otro buen cubano que se nos va

Por Nancy Pérez-Crespo

alfredo izaguirreHa muerto Alfredo Izaguirre Rivas, un patriota, un mártir de la libertad de Cuba. Alfredito, para todos los que lo admiraban y respetaban fue un hombre excepcional, que en estas luchas de más de 50 años, representa al valiente que arriesgó todo en aras de la libertad de su patria, al preso decidido e indoblegable y al ciudadano consciente y compasivo.

En la Cuba republicana fue Alfredo Izaguirre Rivas, un privilegiado, el heredero universal de uno de las familias más ricas de Cuba: Alfredo Hornedo Suárez y de su esposa Blanquita Maruri. Era el hijo de Alfredo Izaguirre Hornedo y Rosa Rivas Maruri.

Su tío abuelo, Alfredo Hornedo Suárez, entre muchas otras propiedades y negocios, construyó el Teatro Blanquita de La Habana, considerado el teatro más grande del mundo con 6,750 butacas. También era propietario y copropietario de varios periódicos cubanos entre ellos «El Crisol» que dirigía Alfredito, posición que lo describía como el director de periódico más joven de Cuba. Tenia solo 22 años cuando llegaron los Castro al poder e inmediatamente, se incorpora a la lucha por libertad de Cuba, lucha que lo llevó a cumplir más de 18 años de cárcel.

Según publicaciones de la dictadura cubana, que siempre difaman a sus enemigos, Alfredo habría desarrollado una activa labor como agente principal de la CIA entre las organizaciones que operaron en el país en los dos primeros años después de 1959.
Según acusaciones de la dictadura, Ernesto Pujols Mederos, José García Rubio, Octavio Barroso Gómez y Alfredo Izaguirre Rivas, formaron un pequeño grupo con recursos suministrados por las autoridades norteamericanas para hacer un supuesto atentado, contra Raúl Castro, aprovechando los festejos del 26 de julio de 1961 en Santiago de Cuba. También, y siempre de acuerdo a la versión oficial de los Castro, intentaban ejecutar un simulacro de ataque contra la Base Naval de Guantánamo, tratando de desviar la atención para atentar, con otro supuesto plan, contra Fidel Castro en la celebración del 26 de Julio en La Habana. En 1976 filmaron en Cuba la película «Patty Candela» con esta truculenta y fantasiosa historia.

El 24 de septiembre de 1961, Alfredito es apresado y acusado junto a Luis Torrecela, de encabezar otro atentado frustrado desde un garaje al fondo de la Ciudad Deportiva, en la Avenida Rancho Boyeros, y por supuesto, acusados también de que ambos eran agentes de la CIA. A Izaguirre lo acusaron, además, de que se comunicaba con Wahington a través del centro de la CIA en Ecuador, donde operaba el traidor y exagente de la CIA, Philip Agee. 

El 12 de octubre de 1961, su familia en Miami recibe la noticia de una inminente condena a muerte para Alfredito. Su madre Rosa Rivas de Hornedo se comunica con el Dr. Guillermo Martínez Márquez, exdirector del periódico «El País» de La Habana y fundador de la SIP, que precisamente se encontraba en la Ciudad de Nueva York participando en la reunión anual de la SIP. 

Un cable de la UPI, fechado el 13 octubre de 1961, informa de la difícil situación del joven editor cubano: «Una sombra cayó pesadamente hoy sobre un grupo de periodistas del Hemisferio Occidental, reunidos aquí para discutir el estado de la libertad de la prensa en las Américas. La reunión anual de dos días de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el Comité de Libertad de Prensa, adquirió matices de la vida-o-muerte. El protagonista es Alfredo Izaguirre Rivas, de 24 años, ex editor del periódico de la tarde, “El Crisol” de La Habana. A solicitud del periodista Martínez Márquez, en su primera sesión de trabajo, la comisión de libertad de prensa de la SIP se dirigió al gobierno cubano para interceder por la vida del periodista Alfredo Izaguirre Rivas, acusado de participar en un complot en contra del mandatario Fidel Castro». 

Ante lo que podría convertirse en un gran escándalo internacional, la pena de muerte le fue conmuta por una condena de 30 años. 
Comienza así su calvario carcelario en el Reclusorio Nacional de Isla de Pinos, mantenido casi siempre en celdas de castigo y en solitario.

El régimen había implementado un plan de trabajo forzado impuesto a los presos políticos de la prisión de Isla de Pinos que no habían aceptado el llamado “Plan de Rehabilitación”.

El 18 de septiembre de 1964, los presos notaron que muchos soldados se dirigían corriendo y con armas largas hacía la circular #1, donde se encontraba Alfredito. Efectivamente, Alfredito, que ya se había negado al llamado «Plan de Rehabilitación», ahora rehusaba el «trabajo forzado». Fue el primero de los presos políticos que se negó a esa despótica medida y allí, ese día, fue secundado por el periodista y también preso político, Emilio Adolfo Rivero Caro. Los dos fueron objeto de salvajes golpizas y permanecieron confinados en los pabellones de castigo hasta el cierre del Reclusorio Nacional en 1967. Muchos otros fueron los presos que se negaron a cumplir con la abusiva medida y son conocidos como «Los Plantados».

Muchos aseveran que el cierre del Reclusorio Nacional de Isla de Pinos se debió, en gran parte por la situación de renovadas protestas debido a la arbitraria implementación del plan y la constante resistencia de los presos políticos, que rápidamente se identificaron con el talante de los dos presos que inicialmente se negaron y que en forma tan brutal fueron castigados.

Después de pasar por otras prisiones y múltiples castigos, según un testimonio de la ex presa política Polita Grau: «En noviembre de 1978 de la cárcel me sacó en libertad mi hijo Monchy disfrazado de dialoguero, quién iba acompañado por la madre (Rosa Rivas) de Alfredo Izaguirre. Alfredo había cumplido 18 años de prisión y yo 14 años de los 30 de mi condena». Fin de la cita.

Fue durante ese dialogo que fueron liberados tres mil 600 presos políticos cubanos, liberación que muchos hoy quieren adjudicarse, pero que el tiempo se ha encargado de demostrar que fue el propio Castro quien propició ese dialogo, porque necesitaba ganar reconocimiento internacional y esos presos ya le pesaban mucho en su balanza de conveniencias, y ladino, como es, utilizó a los que participaron en ese diálogo. De los 75 que fueron a La Habana, la mayoría eran castristas y colaboradores, unos pocos lo hicieron de buena fe y otros, en su afán de protagonismo, perpetraron acciones muy lamentables. Una de ellas fue utilizar a familiares de presos políticos para su propaganda. Hay que destacar que desde su celda, Eloy Gutiérrez Menoyo, denunció ese diálogo debido a que sólo abordaron el asunto de los presos políticos.

Recuerdo la segunda vez que vi a Alfredito en persona. Fue en 1980 en San José, Costa Rica. Llegaba para recibir la medalla de Héroe de la Libertad de Prensa, máximo galardón que otorga la SIP. La primera vez, era yo casi una niña, allá en Trinidad. Ese día no pude vislumbrar que hoy estaría escribiendo esta nota de dolor por la muerte de un héroe de mi patria. 

Para su hijo Alfredo, su hermana Blanquita, su cuñado Frank Fernández Quevedo y demás familiares, mi más sentido pésame. En paz descanse Alfredo Izaguirre Rivas, un hombre.

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