Celia Cruz: Su legado

Por Nancy Pérez-Crespo
celiaEste sábado, 1 de noviembre y con el nombre de «Salsa: La música de Celia Cruz», le rendirán un merecido tributo a la gran cubana, la que triunfó donde quiera que fuere, la reina, la inigualable, la de todos, la inmensa Celia Cruz.
Esa noche tres de las mejores cantantes cubanas y de hecho las mejores interpretes del legado de Celia y sus naturales herederas ee unirán, para a través de su música, recordar y homenajear a la Guarachera de Cuba.
Lucrecia, Xiomara Laugart y Aymeé Nuviola, cantarán en este tributo en el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, de Miami.
Celia Caridad Cruz Alfonso, nació en el barrio de Santos Suárez de La Habana un 21 de octubre (sin precisar el año, porque Celia nunca lo reveló, unos dicen que en 1924, otros que cuatro años antes, y otras fuentes en 1925), fue la segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz y su esposa, Catalina Alfonso, ama de casa. Dolores, Gladys y Barbarito fueron sus tres hermanos además de once primos.
Durante su niñez uno las tareas que la niña Celia más disfrutaba era arrullar con canciones de cuna a los más pequeños de la familia. Ese fue su comienzo con el canto que tanto apoyó su madre, que tenía una bella voz. Doña Catalina supo que su hija seria cantante, que le había heredado la voz.
Cuenta la leyenda que a la edad de once años, cantó para un turista que, tan impresionado quedó que le regaló un par de zapatos. Así, cantando otras canciones a otros turistas consiguió zapatos para todos los niños de la familia.
Como la gran observadora que fue se paraba frente a las ventanas de los café cantantes, muy populares en la época, a ver bailar con las orquestas y no podía contenerse con deseos de entrar y ponerse a cantar, pero era solo su madre la que apoyaba en su vocación.
El padre insistía en el magisterio y para complacerlo, matriculó en la Escuela Normal de Maestros de La Habana pero, en el último año dejó la carrera e ingresó en el Conservatorio Nacional de Música.
Al mismo tiempo que estudiaba, Celia cantaba y bailaba en las tertulias habaneras y participaba en programas de radio para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, donde era premiada con un pastel o una cadena de plata.
Su primer trabajo renumerado fue cuando cantó el tango «Nostalgias» por la Radio García Serra, una emisora local, ubicada en La Habana Vieja. Por «Nostalgias» le pagaron 15 dólares.
En 1950 pasó a integrar el elenco del cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de la Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Mirta Silva, la solista oficial de la orquesta.
A lo largo de los años cincuenta, Celia Cruz y la Sonora Matancera brillaron en toda Cuba. Triunfo al que Celia ayudó grandemente con su «Cao Cao Maní Picao», que convirtió en un éxito, y otro posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro.
Celia Cruz ya se había ganado varios títulos como la Reina de la Rumba, la Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras por México, Argentina, Venezuela y Colombia fue conocida como la Guarachera de Cuba.
Al triunfo de los castristas, el 1 de enero de 1959, la Sonora Matancera tuvo que andar otros caminos. Según la misma Celia, desde entonces soportaba mal que le dijeran qué y dónde tenía que cantar. El 15 de julio de 1960 la orquesta consiguió un contrato para presentarse en México y, una vez allí, en parte impulsada por el rumbo equivocado que llevaba el gobierno revolucionario, decidió no regresar.
Después de un año de aplausos en México, Celia Cruz se mudaba a Estados Unidos y firmaba contrato para actuar en el Palladium de Hollywood. En aquellos días explicó que «he abandonado todo lo que más quería porque intuí enseguida que Fidel Castro quería implantar una dictadura comunista».
En 1962, estando en Nueva York, recibió la terrible noticia de la muerte de su madre pero el régimen castrista no le permitió entrar a la isla para asistir al entierro. Desde ese día de abril, Celia endureció mucho más su militancia anticastrista, sentimiento que mantuvo hasta el día de su muerte. Nunca regresó a la Isla.
Tres meses después, el 14 de julio de 1962, contrajo matrimonio con Pedro Knight, el primer trompetista de la Sonora, pero a partir de 1965, en que ambos dejaron la orquesta, Pedro se convirtió en su representante.
En Nueva York comienza como solista junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes. A lo largo de su carrera cantó en los más importantes escenarios del mundo.
También quiso dejar su huella en el cine, y participó como actriz —ya lo había hecho varias veces como cantante— en «Los reyes del mambo» (1992) y «Cuando salí de Cuba» (1995), porque ambas películas reflejaban historias de los primeros exiliados cubanos, en parte muy cercanas a la suya.
Celia fue única y así la concibieron los miles y miles de seguidores que desfilaron ante sus restos, tanto en Miami y como en Nueva York, donde recibió sepultura. Celia murió en Fort Lee, New Jersey, el 16 de julio de 2003.
Su albacea y gran amigo, Omer Pardillo, ha sabido mantener el legado de esta extraordinaria mujer cubana a la altura de la dama que fue siempre. Agradecidos a Omer por su paciente y maravillosa labor para salvaguardar y proteger la memoria a esa gloria de Cuba.
Y este sábado, 1 de noviembre, Celia cantará en el Centro de las Artes de Miami, en las voces de tres maravillosas interpretes: Aymeé, Lucrecia y Xiomara.

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