Cita con Cuba Acontecimiento de Año Nuevo

Por Juan Efe Noya

2016Estoy tan gastado en ti, Cuba del alma, que a veces ni me veo y al acondicionar mi rostro en el recuerdo, observo tus valles entre los ojos míos, mientras el verbo se me escapa repentino con palabras hinchadas de ternura, para decirte al oído como extraño tus calles, el parque, la escuela, tus playas, el humo de la fábrica…

En este espacio de un nuevo año en el exilio te repito y apareces como el molde de una esfera hecha para cascar lágrimas; entonces miro a tu pueblo, Cuba mía, y coincido en el lamento, pero no creo que pudo ser condenado eternamente, pues no hay culpa en haber sido un pueblo gentil, piadoso, soñador, futurista y quizás un poco tonto por creer en las historias del tronchador de la armonía, el cual, vestido de inocente, entonaba un canto fúnebre en honor a tu figura.

Se acabó el año dos mil quince y sin embargo, prosigues con tu dolor de siempre. Todo me lo escuchas, Cuba triste, Cuba esclava, sueño mulato de guitarra esbelta. Todo lo callas, mientras hierves la esperanza de tu silencio en pena. Es que sin intentarlo, ¡dueles mucho, mi pequeña isla! Te siento aquí donde más late el dolor sordo, como si fueras una cuerda muda que no se atreve a concluir un movimiento lento, amargo, sencillamente triste; por eso permaneces con tu amargura estricta y la mirada fija en los espacios nuevos, pero ni el acontecimiento de estrenar el año logra disipar tu sufrimiento.

Pobre isla mía, ¡tan bella y tan triste! No puede ser que intentes mudarte de tu historia, pues hay trazos de heroísmo en el fondo vibrante de tu esquema y tendrás que recurrir a ellos para abreviar el mal que te destruye.

¡Atrévete, Cuba hermosa, tierra linda, suelo bello! Promueve la libertad de tu futuro, para verte sonreír como la vez aquella, cuando lograste expulsar hacia su sitio al imperio español que rasgaba tu semblante. Sé que lo harás, lo sabe el tiempo, porque hora, poeta y esperanza son tres íntimos baluartes de la madrugada cuando resuelves mostrarte sencillamente hermosa, para admitir mi jugarreta de encontrarnos cada día.

 

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