De lo que no se habla

Por Alberto Pérez no se habla

La revolución del año 1933 contra Machado fue el principio de lo que desembocó en la dictadura comunista de más tiempo en el poder en el mundo, el régimen Castro-comunista que destruyó las riquezas de Cuba. .

La revolución del  1933, fue provocada por los métodos represivos dictatoriales que utilizó Machado, un presidente elegido democráticamente, para enfrentarse al descontento del pueblo ante la situación económica en Cuba, producto de la depresión que estaba sufriendo el mundo en aquel año y que se reflejaba en la escasez, que el pueblo achacaba a los gobernantes domésticos en diferentes países, incluyendo a Cuba.

La revolución creó hijos revolucionarios, toda la política se centró en el populismo revolucionario, todos los partidos políticos tenían el nombre revolucionario y el populismo en su agenda.

De la revolución salieron los gobernantes que a nombre del populismo y con medidas socialistas demagógicas desfalcaron al tesoro público para sus intereses privados.

De los estudiantes, trabajadores y militares salieron los millonarios que se enriquecieron con la demagogia revolucionaria.

Uno de los hijos de la revolución del 1933 fue un carismático sargento taquígrafo transformado en general Fulgencio Batista.

Desde 1952, Cuba sufría la dictadura de Fulgencio Batista tras un golpe de estado incruento que fue justificado como «revolucionario»

Pero antes de Batista los otros revolucionarios predicaban el socialismo, el estado resolviendo los problemas del “pueblo”.

Se consideraba al Estado capaz de regular las consecuencias “injustas” provenientes del libre desenvolvimiento de las relaciones capitalistas de producción y de servir de garantía para “nacionalizar” la economía y para “desarrollarla”.

Era lo que predicaba primero Grau en su partido REVOLUCIONARIO CUBANO AUTENTICO, cuya antorcha enarboló Eduardo Chibás reclamando una posición revolucionaria “ortodoxa”  después de la evidente corrupción de los revolucionarios auténticos.

El ‘socialismo’ que defendía el populismo era sinónimo genérico de capitalismo de Estado, con perfil regulador de la economía y garante de la justicia social.

La propuesta de Chibás es, era más de un sentido, afín a lo que se hará firme después en el lenguaje político con el concepto de Estado Socialista.

El populismo fue o sigue siendo un movimiento político el cual se conforma por una base organizacional conformada por partidos, sindicatos y asociaciones diversas, pero sostenido por una base que considera que el estado debe de ser la solución a todos los problemas.

Cuando esto se asocia a un  líder carismático, surge el  caudillo y quien se otorga el poder de conformación que le da permanencia al movimiento y lo radicaliza, que es lo que sufrimos en Cuba.

Pero nunca Fidel pudo haber existido si no se hubieran establecido las condiciones, el caldo de cultivo del socialismo revolucionario en la Cuba republicana después del año 1933 que creó el monstruo de la dictadura comunista de Fidel.

Aunque es justo mencionar que algunos de los países de América Latina las experiencias muestran algunas diferencias. No es el mismo populismo de los años cuarenta y cincuenta, que por ejemplo el caso del peronismo, como el populismo militar que se expresó en Torrijos en Panamá en los años sesenta y setenta y el populismo venezolano que llevó al poder a Hugo Chávez.

El populismo en Cuba fue hijo de la posguerra,  que es el periodo de auge, después de la depresión de los años treinta que es cuando se impone el populismo socialista.

El populismo surgió amparado por este período económico, bajo una política de sustitución de importaciones que impulsó una industrialización que tanto anhelaban los empresarios latinoamericanos, especialmente en Cuba.  Los gobiernos “revolucionarios” navegaron cómodamente en esos años de auge económico.

Mientras el ingenio del empresario creó la infraestructura que hoy se menciona como la Cuba de antes, a pesar del estado regulatorio, con logros que hacían la economía y el modo de vida de Cuba paralelo al de los Estados unidos, existía un nuevo orden político en el que gran parte de los sectores sociales estaban insertos en el Estado. Inclusive la clase obrera como grupo era dependiente del Estado, siempre había un sindicato con el origen comunista de su formación en los años treinta, que algunas veces era aliado del estado, otras veces había dos sindicatos, el original comunista, y un desmembramiento de comunistas que se asociaban al gobierno. Eusebio Mujal era el ex comunista que dirigía el sindicato de los gobiernos después que los comunistas terminaron su asociación con los gobiernos anteriores.

Lo mismo podríamos decir de los campesinos y otros sectores sociales. Defendían un tríptico integrado por acepciones específicas del antiimperialismo, el nacionalismo y el socialismo, nucleadas en torno a un ideario que, en principio, no resulta peyorativo clasificar bajo la etiqueta de ‘populista’.

El antiimperialismo había sido el pregón de la Revolución de 1933 y el antiimperialismo fue el pregón del discurso de Fidel Castro.

El populismo sigue siendo el método político predominante en Latinoamérica, tanto en la izquierda como en la derecha.

Lo triste es que en el país donde el pragmatismo político estaba siempre presente, los Estados Unidos, hemos visto cómo paulatinamente el populismo ha tomado auge, también tanto en la izquierda cómo en la derecha.  Es un fenómeno que nos presenta de un lado del espectro a Bernie Sanders y en el otro extremo a Donald Trump. El discurso ha cambiado, vemos en los políticos americanos usando el discurso pomposo con retórica inflamatoria y demagógica típico de Fidel Castro.  El discurdo firme pero articulado y comunicador de Ronald Regan y pasado, ahora los líderes americanos ha pasado a convertirse más cómo el discurso de los líderes latinoamericanos.

Los cantos de sirena del populismo han sido la causa de gobiernos que han destruido naciones ricas, como Cuba y Venezuela.

¿Volverán los Estados Unidos al pragmatismo de sus fundadores, o seguirán en el camino de líderes que simplemente tienen como credenciales su carisma?

Los Estados Unidos escogieron a un presidente que ha gobernado por más de seis años al país, y lo escogieron simplemente por su carisma y su raza, sin credenciales para ocupar la presidencia del país líder del mundo libre.  ¿Se volverá a elegir a un presidente por su carisma sin tener en consideración sus calificaciones para la posición?  Es hora que el pueblo de Estados Unidos despierte del sueño inducido por el populismo, antes que sea demasiado tarde.

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