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Published On: Dom, Dic 15th, 2013

DE PATOLOGÍAS Y OTRAS PORQUERÍAS

by Zoé Valdés ¡Libertad y Vida!

inmundo con barnet y pablo armandoUno de esos equivocados, para llamarlo de manera elegante, que andan por ahí perdiendo el tiempo bajo seudónimos y dejando comentarios de blogs en blogs, me envió un link que me condujo a la lectura de un artículo que parece escrito encima de una polvorienta coqueta, “polvorienta coqueta” a la manera española, dado que esta persona sabe lo que es la coquetería aprovechada y echar un polvo desde los diez años.
El post de marras quiere responder desde las “alturas”, o sea, desde un “más allá” de Torre de Marfil, pero más chusma y más rastrero no puede ser, como todo lo que sale de Aquella Basura. Claro está, la persona que lo escribe intenta imponer el viejo criterio, perdón, criterio no: truco, de que aquellos que estamos exiliados de verdad y manifestamos nuestras opiniones sobre la realidad, los que nos expresamos con libertad somos –para ella y unos cuantos- auténticos casos patológicos, de ingreso, que llevamos odio y rencor dentro; sin mencionar, por supuesto, el odio y el rencor de los dos tiranos que mandan en Cuba, que han sido los más grandes sembradores de odio y de rencor en la isla, en el continente y en el resto del mundo.
Por supuesto, en su diatriba o “diatrova” la personaja en cuestión se refiere a la envidia como si hablara de ella misma, algo que conoce muy bien, porque más envidiosa, mitómana, plagiadora y mentecata que ella habría que mandarla a fabricar; por cierto, al parecer, en su corta memoria tan semejante a su estatura de retaco, también olvidó cuando se dedicaba a lloriquear frente a las puertas de las personas exitosas, y a mandarles brujerías, y lo que es aun peor, la desmemoriada malagradecida evitó devolver con agradecimientos las menciones públicas a su favor que hicieron esas personas de mal bichos como ella, sólo con la intención de ayudarla. Y al final, lo de siempre, la frase lapidaria de que nosotros “queremos desunir”. Nosotros, los seres libres, queremos desunir. Esta persona con tantos viajes alrededor del mundo, se supone que debiera conocer, o aunque sea estar al tanto, de lo que significa la democracia, el pluripartidismo, el valor de la pluralidad de ideas, ¿habrá visto las discusiones enfrentadas en los Parlamentos? ¿O habrá tomado aviones sólo para anotarlos en su cuadernito o en su iPad de vanidades?
¿En qué lugar del mundo se ha visto que un pájaro libre ansíe unirse a una tiñosa presa?
Y aquí lo dejo, es más o menos la idea de lo garabateado, aunque claro, llamarlo “idea” a ese puñado de consignas mal redactadas es ya una concesión generosa de mi parte.
Hace unos años, a inicios de los noventa, oí a Alfredo Guevara, frente a diplomáticos europeos, afirmar maliciosamente que Reinaldo Arenas era un “buen escritor, pero que tenía mucho odio dentro”, que mejor escritor que él, “dentro del género de campesinos que escribían” (así se expresó Alfredo Guevara) era Senel Paz. Al rato, los diplomáticos pronunciaron otros nombres de autores cubanos exiliados, la conversación se volvió tensa. Al mencionar al poeta Gastón Baquero, Guevara se refirió muy festinadamente, a “ese negrito catedrático batistiano que se muere de pobreza en Madrid”. Y llegó el turno de Guillermo Cabrera Infante. Entonces saltó Pablo Armando Fernández, más amanerado que nunca, alardeó medio borracho que “Guillermito tenía un problema, siempre estuvo muy enamorado de mí, estaba arrebatado con mis bellos ojos azules”. Carcajada general. Esto sucedió tras el éxito de ‘Fresa y chocolate’ –como no podía ser de otra manera, cuando los viejos maricones cobardes, casados y tapiñados, empezaron a desempercudir tímidamente sus maltratadas plumas pisoteadas por la bota castrista-, la película de Tomás Gutiérrez Alea con guión de Alea y Senel Paz, basado en un cuento de este último (a cómo ganó Senel el Premio Juan Rulfo de Radio France International frente al cuento ‘Adiós a mamá’ de Reinaldo Arenas ya me he referido antes).
Entonces, Guevara con su saco encima de los hombros, se revolvió incómodo en la butaca de cuero blanco: “No, un momento, Pablo Armando, Guillermito tenía mucho talento, pero se volvió loco, enloqueció, se hizo un paranoico total. Y eso le impidió escribir. Recibió no sé cuántos electrochoques en ese brumoso Londres. También es una persona con mucho odio, el rencor se lo comió por dentro. Una pena…” Las últimas dos palabras las chirrió entre los dientes. Ese fue el origen de uno de mis primeros enfrentamientos con Alfredo Guevara, pero tampoco me extenderé en el tema, en otro momento lo haré con gusto.
Lo cierto es que estas personas que se dedican a expresarse de tal manera, no sólo llevan en su alma la vieja escuela castrista, además llevan la fascista y la estalinista. No, no fueron innovadores Abel Prieto, antiguo ministro de cultura del castrismo, cuando declaró al diario La Razón, que “Guillermo Cabrera Infante era un loco, un esquizofrénico”, y servidora “una pornógrafa”, tampoco Padura cuando bembeteó en varios diarios que servidora había sido funcionaria (yo trabajé cinco años como documentalista cultural de la UNESCO, pero en realidad fui como esposa acompañante de un amigo y empleado de Alfredo Guevara, escritor, actualmente reside en México, y luego cuatro años reemplazando al escritor Antonio Conte, de viaje por Colombia en la época) contratada como jefa de redacción y subdirectora después, en la Revista Cine Cubano, mientras que Padura si fue toda su vida un acérrimo funcionario de la UNEAC, hasta que empezó a trabajar en el cuentapropismo creado por la dictadura de cara al exterior. No, ni Prieto ni Padura fueron los primeros. Los primeros con mayor exactitud fueron Adolf Hitler y Joseph Stalin, tal vez a la inversa, si nos ponemos bonitos.
Recuerden que Hitler tomaba como justificación su desprecio a los judíos el hecho de que éstos eran para él y los suyos seres defectuosos, enfermos, locos. Y los nazis hasta filmaron varias película de cómo vivían los judíos, una de ellas en el Gueto de Varsovia  con la intención de probar la locura, esquizofrenia, degradación y supuestas enfermedades mentales de los judíos. Enfermedades que ahí donde esta persona de marras puso Cuba, Hitler llamaba Judea. Al final, como en la Alemania nazi, en Cuba se sabrá quiénes han sido los traidores, los colaboradores, hasta el nombre del último camarógrafo se sabrá, de todos aquellos que hasta el minuto final forjaron a sabiendas el terror del Gueto en el que han transformado a Cuba los autores de esa penosa y larga enfermedad denominada castrismo.
Stalin no se quedó chiquito, también persiguió a los judíos, los encerró en Siberia, en la mayoría de las ocasiones con la única excusa de que eran “enfermos contagiosos”. De modo que, el invento de que somos enfermos aquellos que pensamos distinto y denunciamos las mentiras, el engaño, el oportunismo, el arribismo, y el descaro de algunos que pasan como “perseguidos” mientras los invitan a mesas redondas dentro y fuera de Cuba para salvar la cara del castrismo, proviene de esos ejemplos, del fascismo y del comunismo.
No es fácil y mucho menos agradable de entender, debido a su simpleza precisamente, pero la cosa va de lo siguiente: en opinión de un comunista y de un fascista denunciar la mentira, el horror, de manera abierta y libre, no puede surgir de alguien que esté en su sano juicio, no, de ninguna manera, esa persona debe de estar sin duda alguna: enferma.
La historia de la literatura está llena de enfermos memorables. Rimbaud fue uno de ellos, Camille Claudel, ingresada hasta su muerte como enferma mental, claro, cuando su éxito rebasó las expectativas de Rodin, o el caso de Dora Maar, entre otros… Eso sí, la historia digna de la literatura jamás aceptará a otros que se auto-describen lastimeramente en sus novelitas como “enfermos” culpando a otros, sí, esos que serán unos eternos convalecientes, incurables del cáncer del castrismo y de su propio destino, el de colaboradores de la porquería, con descaro y contumacia.
Zoé Valdés.
Vean también este video y lean el texto que aparece debajo del mismo.

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