DESIGNIO EN HONOR A LA DISTANCIA

Por Juan Efe Noya

maximo gomez
Simetría máxima.

Se abre la intención de honrar a Cuba y de repente surge una luz de acción inevitable. Máximo Gómez es ese resplandor que nos llega a los ojos. ¡Muerto está! Definitivamente muerto; pero en el espacio universal la condición de su nombre gira y se convierte en destellos que pudieran unir a los cubanos dignos para arrancar las raíces del sistema comunista.

¡Máximo! Máximo exponente de la guerra necesaria a la cual se dedicó en cuerpo y alma. Su procedencia dominicana no le impidió sentir por Cuba y para ella se fue sangrando en la manigua. La muerte aprendió a desinteresarse por sus huesos y mediante esa rara consecuencia estuvo presente cuando la República daba sus primeros pasos. “Creo que hemos llegado”, dijo; en cambio, no se atrevió a ser exacto. Hubiera podido aceptar la voz del pueblo que pedía la participación de sus actividades para conducir el nuevo gobierno; pero el Generalísimo, sencillo y agotado, prefirió retirarse al son de los vencedores para morder el silencio a modo de heroísmo. Así son los seres inmensos como su nombre. Él, que sonreía con cada posibilidad de muerte, la encontró el 17 de junio de 1905 entre recuerdos y miseria junto a su inseparable Bernarda. Dicen que ambos estaban mutilados de esperanza, pero los unía el amor intenso y la exactitud del deber cumplido. Ella, tranquilamente triste, cerró los ojos del hombre que había visto sangrar a la campiña cubana y supo conducir a las tropas mambisas hacia un esquema de triunfo contra el poder del coloniaje español.

Ahora, al espacio de ciento once años teníamos el compromiso de honrar a este gran hombre. Era preciso rememorar su obra pues sintiéramos, al menos, la impresión de haber hecho nuestra parte en el terreno periodístico.

Al enunciar las virtudes de Máximo Gómez trazaríamos esperanzas a las nuevas generaciones que tienen en sus hombros el peso de la acción. La Historia nos había puesto el deber de la palabra para gestionar un homenaje al Generalísimo, cuando la prensa izquierdista y los inmorales tratan de justificar el castrobamismo mediante la dolarcracia que convertiría al pueblo cubano como un sueño inalcanzable de libertad. Sabíamos que no era un trabajo fácil, pero más difícil fue la labor de Máximo Gómez en los campos de Cuba y tuvo la grandeza de lograrla. Por lo tanto, resultaba impuro y desleal que nosotros, desde el acomodado exilio, no pretendiéramos publicar al menos, unas letras capaces de reproducir algunas grandezas del Generalísimo. En el camino se vieron las dificultades y los logros, pero al final, Dios, que todo lo puede, permitió que se realizara el sueño que había incrustado en mi existencia.

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