EE UU, Universidades y la pérdida de la diversidad intelectual

Por Rafael Piñeiro

rafaThomas Sowell, académico del Stanford University, llama la atención en su columna semanal del Jewish World Review acerca de cómo una invisible cortina de hierro se ha ido estableciendo alrededor de los centros de enseñanza en los Estados Unidos, desde la más temprana educación primaria hasta los sitios universitarios más renombrados.

Y es cierto. Predomina una visión de izquierdas acerca de la economía y de la historia desde hace muchos años, causal de una tropel infinita de“seguidores” de la visión oficial estatista, incapaces de tan siquiera analizar realidades alternativas que se separen del status quo, o al menos lo contradigan en algunos de sus puntos. Se vive la apoteosis de la izquierda y el funeral del conservadurismo. Sin una voluntad familiar de trasmitir valores o visiones a contrapelo de la “oficialidad”, cualquier pensamiento independiente será absolutamente minoritario en un futuro muy cercano.

Sowell hace hincapié en la imposibilidad de acceder a cátedras de pensamiento por parte de cualquier académico de derechas. En ese sentido, Harvard lleva la delantera, estableciendo patrones de censura y discriminación ideológica al resto de los respetados campus universitarios. ¿Acaso no lo experimentamos en carne propia en nuestras facultades locales? Sólo hay que darse una vuelta por la Florida International University o por la propia UM.

A las irregularidades en el reclutamiento de profesores “discordantes” hay que sumar los viciados programas de estudio, donde a un estudiante de filosofía se le obliga a repasar el manifiesto comunista, pero se le veda la aproximación a un texto como “El Federalista” o simplemente se ignora a autores como Robert Nozick, Herman Poppe o a la propia Abigail Thernstrom. El dinero de las facultades de economía y pensamiento no financian charlas que no estén “a tono” con las visiones “progresistas” de la educación superior, por ello rara vez es invitado un pensador conservador o de derechas a determinado campus. En las escuelas de economía, las enseñanzas son estrictamente keynesianas, silenciándose hechos como la recesión de 1921, donde sin la intervención proteccionista del estado, la crisis fue resuelta y la economía se recuperó por sí misma.

Cada día parecemos dirigirnos a un callejón sin salida, donde la unanimidad y el pensamiento “paternalista y correcto” se hacen intolerantes y discriminan a aquellos que disienten y tienen un acercamiento diferente sobre los hechos y las cosas. La pérdida de la diversidad intelectual, a estas alturas, comienza a parecer un hecho consumado.

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