EL DESDOBLE Y LA LIBERTAD DE PRENSA 

Por Juan Efe Noya

prensaLos asuntos politiqueros y yo siempre hemos sido tan diferentes como un grito y el mediodía; pero, a fuerza de andar en las tareas periodísticas sucedió que, de repente, como se encuentra el saludo del amigo al doblar de la esquina, me hallé dormido y con un sueño a cuestas.

Ya no me inquietaba captar el acontecer diario para hacerlo justas columnas. Mi preocupación era otra. El capataz local del decir había dejado su espacio y yo tenía que sustituirlo. Era tan absurdo e imposible como instalarle luces a un meteorito; en cambio, ahí estaba la realidad del sueño, palpable, única, total.

Por eso comencé a proponer una devolución de la verdad. Después de ciertos contratiempos se lograron devolverle a los comunicadores las tareas adquiridas con el transcurso del tiempo.

Logré, además, cumplir con la promesa que el departamento de prensa comenzara a funcionar en favor del nombre que lo caracteriza y no usaran para trasmitir los pensamientos y términos  controlados por la ambición del poder.

Me fui a ver a un amigo y gestioné las ideas de que la red periodística no inventara la propaganda de enfermar gravemente la libertad de prensa para salvarla de repente como caída del cielo. El intento que proponía era no dar prioridades al aceptar la acción de continuidad culpable cuando es preciso aplicar el derecho real del público. Cuando el teléfono me trajo la respuesta del amigo me sentí dichoso por su logro y lo felicité de todo corazón.

Noté el jueguito de las cuadrillas de la noticia que le llaman pastel al pan viejo de mala sombra para obtener las ventas con postres y ganancias indignas.

No tuve tantos contratiempos al aprobar la reducción casi total de la censura.

¡Me sentía feliz con tantos logros!

Pensé emprenderla con el intento de aspirar a genuino editor internacional para restaurarles a todos lo que verdaderamente les pertenece; pero el perro desvelado del vecino, me produjo esta manera de despertar ante el gesto impreciso de la madrugada.