El legado de Fidel

Por Nancy Pérez-Crespo

old-fidel-castro-37680Los días 16, 23 y 30 de junio de 1961 los intelectuales cubanos fueron citados para reunirse con el recién estrenado dirigente de la revolución que tenía muy ilusionada a la mayoría de los escritores y artistas de Cuba. Pero Fidel Castro, plantó una enorme pistola sobre la mesa y leyó una alocución conocida como «Palabras a los Intelectuales» que generaron reacciones muy diversas entre los miembros de la « intelligentsia » del país.

Un conocido escritor y poeta, Virgilio Piñera, solo alcanzó a susurrar: «Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero eso es todo lo que tengo que decir». Y así se lo hizo saber al Comandante: «tengo mucho miedo»
Fue justamente ese hombre menudo, más bien escuálido, dramaturgo, poeta y gay para rematar, quien se atrevió a prenunciar la palabra maldita, porque Virgilio no sabía que estaba profetizando el futuro de la nación cubana con esa palabra, el vocablo que habría de dominar y domeñar a casi todo el pueblo cubano durante más de medio siglo: El miedo.

Fue durante ese ya famoso encuentro de los escritores y artistas con Castro, que definió por el «miedo» el rumbo a seguir, porque al miedo de Virgilio, el dictador respondió con la sentencia que ha sido cumplida hasta la saciedad: «Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada».

¿Miedo?, sí, ese miedo de Virgilio es el mismo que sienten hoy muchos cubanos, un miedo que paraliza y obliga a bajar la cabeza ante esos perversos que atropellan, que les niegan derechos y que además, los humillan.

Pero como paradoja, ese miedo lo han injertado en Miami. Aquí en el exilio, a resguardo de la dictadura, en este país, libre y democrático. Conozco gente que siente el mismo miedo de Virgilio, esencialmente entre los que viajan a Cuba.

Y tienen motivos para vivir aterrorizados por el miedo que genera esa tiranía, porque cada día son más los esbirros castristas instalados en Miami. Unos viviendo del Welfare, alginos de la mesada que les manda la tiranía, pero otros y son los más, están situados en lugares de trabajo muy favorables para poder servir mejor a la tiranía y están prestos para hacer daño, para chivatear, para matar si es necesario y el régimen así se lo exige.

Son ya tantos los lugares contaminados en Miami por esa calaña, que aparentemente no existe un lugar seguro, primordialmente para los que combatimos de frente la dictadura y también para los cubanos con los que Raúl Castro y sus gendarmes tienen cuantas pendientes.

Trabajan en hospitales y hasta las oficinas de Children and Family, desde canales de televisión hasta los periódicos, desde los laboratorios médicos hasta el aeropuerto. En los lugares más inesperados y algunos, supuestamente de alta seguridad y a riesgo, estos individuos, situados en lugares estratégicos, comprometen la seguridad de los exiliados enemigos de la dictadura.
La infiltración de elementos castristas en nuestro exilio no es reciente, recordemos la Red Avispa. Pero ahora funciona a gran escala y mucho más eficiente. En los últimos años la Oficina de Intereses de EU en La Habana, la conocida SINA, no está usando los tradicionales filtros políticos. Ellos solo buscan supuestos terroristas y los avales que llevan a la entrevista con la SINA para obtener el visado, le son dados por el propio régimen.

Para nosotros, los exiliados, esta penetración del castrismo en nuestro terreno tiene que ser un estímulo más para combatirlos, porque si tanto nos vigilan y nos espían, es porque mucho nos temen.

No, no podemos sentir miedo, al contrario, tenemos que combatir la infiltración castrista en nuestro patio. Debemos denunciar a todos los esbirros que detectemos, como en el caso del represor Crescencio Marino Rivero, el ex jefe de prisiones de Cuba que se mudó a Miami, y que tuvo que regresar a la Isla en medio de acusaciones de que abusó de presos políticos, dando inicio a una investigación federal de inmigración que podría ponerlo en la cárcel.

También una manera de combatirlos es exigiéndole a nuestros Congresistas y Senadores que supervisen con más rigor las reglas que debe de cumplir la SINA y el Departamento de Estado para otorgar la Visas y que no lo están haciendo. Toda persona que ha estado vinculada a un régimen violador de los derechos humanos no puede entrar a los Estados Unidos. Y si es un cubano que cruza las fronteras, sea México o Canadá, tiene que ser investigado porque si fue abusador de opositores o un cómplice del régimen no puede calificar para la Ley de Ajuste Cubano. Basta ya de otorgar beneficios migratorios a los esbirros del régimen cubano.
Tenemos que estar muy alertas para detectar donde se puede encontrar un canalla de estos.

Virgilio Piñera murió el 18 de octubre de 1979 y vivió aterrorizado sus últimos 18 años. Aseguraba el escritor Reinaldo Arenas que Virgilio murió de miedo y contaba que la malvada Marcia Leiseca (exmujer de dos esbirros comunistas: Lisandro Otero y Osmani Cienfuegos y ocupó la posición de vice-ministra de Cultura), ante la muerte de Virgilio llegó al cementerio para cerciorarse que efectivamente lo enterraban. Hoy, a 35 años de la muerte de Virgilio, la cruel Marcia Leiseca, —uno de sus verdugos— ¿sentirá el mismo miedo del poeta? Es probable que sí y quizás, hasta esté escondida aquí, viviendo en Hialeah. Esa sería la gran venganza del profeta Virgilio, el precursor del miedo. Ese miedo: que es el peor legado que deja Fidel Castro al pueblo cubano.

Comments are closed.