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Published On: Dom, Feb 19th, 2017

El Miami que una vez fue esplendoroso

Por Alberto Pérez Amenper

Miami era como un pequeño pueblo cuando  llegué como exilado en 1961, y cuando pienso en mi vida, tengo que reconocer que es mi Pueblo.  Cuando viajo y alguien reconoce mi acento extranjero, me pregunta de dónde soy  y la respuesta instintiva no es la que ellos esperan, digo que soy de Miami

Llegué con 27 años, aquí he pasado 56 años de mi vida, aquí crecieron mis hijos, nacieron mis nietos y mi primer bisnieto.  Al principio  tuve que enfrentarme a los residentes provinciales sureños, que vivieron aquí antes y que resintieron nuestra presencia que vieron como una amenaza a su cultura. Poco a poco fueron emigrando al norte o adaptándose a la realidad, cómo nosotros tuvimos que adaptarnos a la realidad de que este era nuestro nuevo pueblo, nuestra nueva patria.

¿Cuándo fue?  No se puede poner una fecha, fue una transición involuntaria.  Quizás el fiasco de Bahía de Cochinos fue lo que nos hizo reconocer que estábamos aquí para quedarnos.

Hemos visto crecer a Miami y hemos sido parte de su crecimiento.  Cuando llegamos, después de varios trabajos en farmacias de la ya desaparecida cadena de Liggett Rexall primero en el Downtown después en Miami Beach, en 1965, abrí mi primera farmacia.  Era una de las trece  cubanas que existían en Miami y Hialeah y que todavía existe en la calle ocho y cinco avenida. La Farmacia Continental, hoy es una buena entidad. Los actuales propietarios la han modernizado, y creo que es uno de las mejores establecimientos  independientes del área. Cuando la abrimos, daba pena, éramos tres socios en un edificio condenado que logramos conseguir el permiso para hacerlo habitable, empezamos con un capital total de $3,000 ($1,000 cada uno) No teníamos acreditación para préstamos y hubo que hacer maravillas para superar la situación.  Ninguno de los tres teníamos habilidades de construcción, sobre todo yo que tengo dos manos zurdas, pero pudimos construir una penosa estantería con nuestras propias manos y acondicionar el viejo local.  La mayoría de las tiendas en la calle ocho estaban condenadas, y vi cómo poco a poco los cubanos hicieron de la calle ocho nuestro barrio.

Miami Beach era un pueblo fantasma durante los meses de verano con algunos hoteles que cerraban durante el verano debido a la falta de visitantes debido al calor y humedad

La farmacia Rexall donde trabajaba en la playa, estaba en Washington avenue y Lincoln Road que era una calle peatonal que se había construido recientemente, donde también había un trencito para turistas.

El Tribunal del condado Dade era el edificio más alto en la ciudad , también era una cárcel en el último piso y los cubanos le pusieron el sobrenombre de “Cielito Lindo”.

No existían los malls o shopping centers de hoy, el mejor lugar para comprar eran la tiendas del Downtown,  Richards, Burdines y Jackson Byron que tenía también una farmacia Rexall donde trabajé. Sólo había una farmacia Walgreen en todo el condado y estaba también en el Downtown.

Teníamos las opciones de dos períodicos en inglés el Miami News y el Miami Herald y uno en español que todavía existe El Diario de las Américas.

Antes de mudarme para el Southwest, cuando comencé mi aventura empresarial, viví en Opa Locka  que entonces era un barrio de clase media blanca.  El antiguo Aeropuerto Municipal de Miami estaba  en LeJeune cerca de Opa Locka, y pude ver a tanques y camiones de soldados, pasando frente a mi casa, en el camino al viejo aeropuerto donde se concentraron las tropas durante la crisis de los cohetes. Hoy ese aereopuerto es el Miami-Dade Community College.

La cadena de restaurantes más popular era Lums, hogar de los perritos calientes al vapor con chucrut y batidos de helado y las jarras de cerveza.  Todavía no existían los Burger King, pero teníamos los Royal Castle, que era el restaurant preferido de los que queríamos o teniamos que comer un Hamburger por 15 centavos.

En el restaurante de mariscos de Chesapeake en el río Miami en NW North River Drive y la calle 36, era prácticamente el único lugar donde se podía comer ostiones que me recordaban a mi pueblo de Cuba.

Las playas casi desiertas y no desarrolladas al sur de Crandon Park camino de Key Biscayne era donde podíamos llevar a nuestros hijos a pasar un domingo.

Había dos cines en el downtown y dos en la calle ocho, que todavía existen adaptados uno a teatro y otro el cine Tower gestionado por el Community College.

Había un pequeño  parque de atracciones en Crandon Park con el viaje en tren alrededor del parque con un costo de 25 centavos por persona.

Greynolds Park también era un lugar barato en que podíamos pasar los fines de semana hasta que llegaron los  hippies en los años 70 y lo cogieron para sus fiestas.

El equipo de football de los Dolphins de Miami fue el primer equipo de grandes ligas jugando en Miami en el desaparecido Orange Bowl, y la entrada era costeable, fue un lugar que nos dio muchos momentos de esparcimiento familiar con nuestros hijos, sobre todo cuando estaban ganando.  Tuve la oportunidad de asistir a todos los juegos del único equipo profesional que tuvo una temporada perfecta.

Más recientemente el Orange Bowl fue derribado para construir el Miami Stadium que es donde juegan el otro equipo de grandes ligas los Miami Marlins.  Pero todavía extraño al Orange Bowl y sus recuerdos.

 Habían dos cervezas locales, la Regal y  Blatz Beer en NW Miami ambas horribles pero eran baratas

En el puente de  Rickenbacker pescaba con mis hijos después de la iglesia todos los domingos, llegar al puente costaba 25 centavos.  En  estadio de la  Marina Rickenbacker también se podía podía ver carreras de hidroavión o conciertos de gratis.

El parque  Tropical, era una pista de carreras de caballos muy popular para los turistas durante el invierno, pero la más famosa era el Hialeah Race Track que tenía carreras durante el invierno y estaba lleno de turistas todos los días estaba abierto. Después estuvo cerrado por unos años.

El Coliseo en Douglas Road – lo recuerdo como una gran bolera y una pista de patinaje creo que todavía está funcionando.

Las sirenas de ataque aéreo sonaban  todos los sábados a mediodía.

Otro entretenimiento gratis era el edifico de mármol de la  biblioteca pública de Miami que estaba en lo que ahora es el parque de Bayfront Park al este de Biscayne Boulevard. Fue derribado más tarde como un signo de “progreso”.

Después de cinco décadas después  de renovación constante,  en la que tuvieron su presencia económica y constructora profesional los cubanos, hemos tenido una presencia de edificios nuevos de alta calidad y hoy Miami es una gran Miami y un centro importante líder en finanzas-

En 1960 el condado de Dade, lo que hoy se llama Condado de Miami-Dade tenía una población de alrededor de 800,000 personas, que incluía a Hialeah, Opa Locka  y Miami Beach además de la ciudad de Miami. Miami era una un pueblo pequeño,  pero tenía algunas industrias como la aviación y el puerto, fabricas de aluminio y factorías de ropas en Hialeah, donde primero trabajaron los exilados cubanos de aquella época, y que desaparecieron con la competencia de la mano barata de otros países. Y por supuesto a mediados de los 60 inmigrantes cubanos empezamos a llegar  expandiendo la población. Miami en los 60 todavía era también una ciudad segregada, los negros sólo podían vivir en sus barrios, como en todas las ciudades del sur algo que fue desapareciendo también con el tiempo.

Creo que hoy la población es cerca de 2,5 millones y los cubanos y nuestros descendientes, somos una mayoría. Es posiblemente la única ciudad de Estados Unidos donde una persona puede ejercer una profesión en una posición superior y pasar toda su vida sin hablar inglés.  Tanto su médico, como su farmaceutico, su abogado, su banquero, su bodeguero hablan español.

Miami clasificó este año cómo séptimo en los Estados Unidos en términos de finanzas, comercio, cultura, entretenimiento, moda, educación y otros sectores y donde quiera que viva o donde quiera que vaya podemos oír el español.

Cuando conducimos por calles que siempre han sido conocidas, estamos desorientados por falta de puntos de referencia porque ya no están ahí los edificios conocidos, nos sentimos abrumados por los numerosos y grandes edificios que reemplazaron a los que conocía. Al mismo tiempo, nos llena de orgullo sobre la mega-metrópolis en que hemos crecido. Perder la sensación de pueblo pequeño pero apreciar el crecimiento, el desarrollo y el impresionante horizonte es una experiencia interesante de la vida.

¿Estamos mejor?  Bueno no se puede luchar contra el progreso, pero extraño el Miami de los años 60.

Nuestra historia, como todos los que se trasladaron a Miami en aquellos años, está llena de contrastes: grandes esperanzas entonces que se han realizado, pero mirando hacia atrás, mucha nostalgia.

Extraño a mi Miami de los 60, cómo extraño a mi pueblo de Cuba, pero los dos viven en mi memoria. 

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