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Published On: Vie, Dic 27th, 2013

El Papa y los Marxistas Buenos

Por Roberto Luque Escalona. Columnista del Semanario Libre 

marx y papa¿Marxistas buenos? De que los hay, los hay; lo difícil es dar con ellos.

Conocí algunos, muy pocos, durante mis largos años de vivir bajo una tiranía comunista, experiencia de la que el Papa Francisco, para su bien, carece.

Una condición indispensable para que un marxista pueda ser considerado una buena persona es que sea un militante de base, nunca un miembro de la nomenklatura o dirigencia; bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia un dirigente político cuya ideología sea intrínsecamente perversa puede actuar de modo que alguien, no ya un pontífice católico, sino un simple ciudadano puede considerarlo creíble como hombre dotado de bondad. Aquel cuyo trabajo consiste en hacer miserable la vida de otros no puede ser bueno.

En cambio, los militantes de base, que para servir de base están, no toman decisiones; sólo las cumplen con mayor o menor entusiasmo. Como es materialmente imposible vigilar a todo el mundo de manera continua, a veces los marxistas “de abajo” se permiten actitudes de amistad y solidaridad con viejas amistades o personas que les agradan, actitudes que deben estar dispuestos a abandonar cuando aparecen señales de peligro.

Para un marxista sólo existen tres actitudes posibles, que los dividen en castas diferenciadas: los de vanguardia, los que están dispuestos a hacer cualquier cosa, es decir, a cometer cualquier crimen, cualquier canallada por infame que sea; los que están dispuestos a aplaudir cualquier infamia cometida por los de la vanguardia, aunque no participen en ella… si pueden evitar participar; los que nunca condenan un crimen, una infamia si es cometida en nombre del marxismo.

En suma: matas, aplaudes el crimen o callas. Los que nunca han cometido un crimen no pueden ser llamados criminales, pero el silencio cómplice les veda esa condición de hombres buenos que Su Santidad Francisco quiere otorgarles a algunos de ellos. Lenin, Stalin, Mao, la dinastía coreana de los Kim, Ceaucesco, Pol Pot, Fidel Castro y su hermanastro Raúl Mirabal, el Che Guevara. ¿Ha habido alguna ideología que haya producido tantos grandes criminales en tan poco tiempo, que haya causado tantos sufrimientos a tanta personas como el marxismo? Entonces, ¿cómo es posible ser bueno y marxista? Si algún día tuviera el honor de hablar con el Papa Francisco le plantearía el siguiente dilema ético: ¿Es posible condicionar la bondad a la conveniencia? Si alguien parece ser bueno, pero ejerce la bondad sólo cuando esta no lo perjudica, ¿se le puede tomar en serio como hombre de bien?

En el devenir del cristianismo han sucedido hechos que contradicen las enseñanzas de Cristo, como era aquella práctica de quemar vivos a los herejes, hogueras en las que pereció hasta una santa, Juana de Arco. En cambio, los crímenes cometidos al amparo de la doctrina marxista no la contradicen en absoluto; forman parte de su práctica obligada. Los enemigos del pueblo deben ser exterminados, sometidos por el terror y el desamparo o encerrados en las peores condiciones y por largos períodos de tiempo.

¿Hay espacio para la bondad, la auténtica bondad, en la ideología marxista? No, Santo Padre. No la hay. Y, créame, para mi desgracia, yo sé de eso más que usted.

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