El pragmatismo americano y las elecciones presidenciales del 2016

 

Por Alberto Perez Amenper

pragmatismHe sido testigo de muchas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, y lo que siempre me había llamado la atención es el pragmatismo del votante norteamericano.

He visto lo que llamaron elecciones de victorias aplastantes, y lo curioso que no era la filosofía de los candidatos lo que provocaba el triunfo,sino la praxis del votante ante la situación de lo que consideraba la dirección de la nación.

Vimos la victoria aplastante del candidato liberal Lyndon Johnson contra el conservador Barry Goldwater con el 90% del voto electoral. 

Unos años más tarde en 1980 vimos la victoria aplastante de Ronald Reagan contra el incumbente Jimmy Carter que ganó solamente en tres estados y la victoria todavía más aplastante de Reagan en la reelección contra Humphreys en que ganó todos los estados menos Minessota.

Si consideramos que la mayoría de los votantes estaban inscriptos como Demócratas, esto quiere decir que por pragmatismo algunos demócratas y los independientes habían cambiado su votación hacia el candidato Republicano.

El pragmatismo del votante era una identidad del movimiento filosófico norteamericano de carácter empirista que considera los efectos prácticos de algo como el único criterio válido para juzgar la verdad, o sea una actitud y pensamiento que valora sobre todo la utilidad y el valor práctico de las cosas.

Me gustaba esta idiosincrasia americana, pero ahora nos dicen que todo ha cambiado.

Puede ser posible, la elección dos veces de Barack Hussein Obama convierten esta teoría en algo pausible.  ¿Pero fue esto algo temporal por el sentido de culpabilidad racista inculcado en el pueblo americano?¿O es esto algo permanente en una evolución de la sociedad?.

Estrategas sostienen  que en el electorado de hoy los votantes que cambian al votar, han desaparecido, que los votantes no votan por un candidato si no está sujeto a las filosofías y doctrinas partidistas.

Por eso Hillary Clinton se aferra a la base socialista del partido demócrata de hoy, piensa que el camino a la victoria está dando a los partidarios del núcleo motivo suficiente con sus promesas izquierdistas para ganar el día de las elecciones. Esto significa que ella y sus colaboradores piensan que  un programa organizado en torno a sus preocupaciones individuales en lugar de amplios objetivos nacionales es lo que le dará la victoria. 

En el campo republicano aunque por suerte todos están disputándose su conservadurismo, vemos también ciertas disputas sobre cuál es el más conservador basado en filosofías doctrinales, más que los objetivos nacionales pragmáticos del momento.

Estamos viendo que los ciudadanos, al menos por lo que parece que vemos en los medios noticiosos se están comportando como fanáticos ideólogos.   El fanático afirma tener todas las respuestas y, en consecuencia, no necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas que representa la crítica del otro. El ideológico intransigente, se caracteriza por ser un gran enemigo de la libertad. Los lugares donde impera el fanatismo ideológico son terrenos donde es difícil que prospere el conocimiento y donde parece detenerse el curso fluyente de la vida, esto lo vimos en Cuba y otros lugares con la ideología comunista.

El caso de extremismo ideológico de Hillary Clinton es total, vemos como no se preocupa por lograr los votos de la clase trabajadora blanca o de votantes independientes, cree que con la base de la izquierda obtendrá la victoria. La pregunta es si es compatible con el éxito arrebatador que busca, la estrategia electoral de movilizar solamente a la base de la izquierda.

James Carville escribió en the New York Times recientemente, “el votante de más alta calidad en años anteriores al 92 era un elector que votaba por un partido algunos y por otra partido otros sin importar su inscripción electoral. Ahora el votante más alto premio es alguien con una alta probabilidad de votar por su partido y una probabilidad baja a votar por el otro candidato.  Y eso es un cambio gigantesco en la doctrina estratégica básica.”

Si de hecho lo es por eso los estrategas de  Hillary Clinton argumentan que no hay ninguna otra opción. Por esto es que ella está tirada “por la calle del medio” ¿Tienen razón?

La matemática básica presenta razones para lo contrario.

Aunque el número de electores no comprometidos realmente es más pequeño que lo que una vez fue, ganar su apoyo todavía es una victoria doble: no sólo votan por usted, pero no votan por su oponente. En cambio, conseguir un apoyo poco motivado del supuesto votante cautivo en las urnas tiene menos efecto, porque no había ninguna posibilidad que él o ella votaría por nadie más, y esto es, en el caso que logren que vayan a las urnas.

Además el votante negro que votó en masa por Obama por su raza, y que tradicionalmente tenía mucha abstención, ahora no saldrán tan masivamente a votar por Hillary.

En un contundente artículo en el Washington el analista Stanley Greenberg sostiene que “los demócratas no pueden ganar constantemente, con profundidad suficiente y de una manera  suficiente en los Estados, a menos que logren correr mucho más fuertes con los votantes blancos de clase trabajadoras e independientes considerando las tendencias en las elecciones anteriores presidenciales de Obama.”

Señala, por ejemplo, que margen de Obama entre las mujeres blancas solteras se redujo sólo a cuatro puntos en 2012 de 20 puntos en 2008. En 2014 los demócratas disfrutaron de sólo una ventaja de dos puntos entre esta porción del electorado. Y hoy la señora Clinton está dividida en las encuestas con estos votantes empatada con potenciales candidatos republicanos.

A menos que Hillary Clinton logre ampliar su atractivo más allá de su núcleo de las minorías, ecologistas y simpatizantes socialistas se le escapará la victoria..

O sea que la posibilidad de la victoria Republicana de cualquier candidato escogido, es posible y probable a pesar de las encuestas prematuras.

La victoria está en las manos de los republicanos, sólo tienen que tener cuidado de que no se les caiga la bola.  Tienen que apelar al ciudadano americano pragmático, que existe entre todas las fracciones tanto demócratas como republicanas.  No claudicar en sus principios, solamente explicar el por qué el cambio de dirección en el país es necesario, y que harán para lograr que este país pueda volver a ser una sociedad de ley y orden tanto domésticamente, en su política internacional, y en la administración de la economía.

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