ENTRÓ, LLEGÓ Y TRIUNFÓ

enique meitinComo era habitual cuando conversaba con sus “ligues” extranjeros con toda intención divulgaba las cualidades tanto físicas como espirituales de una de sus amigas, ya que carente de belleza y de juventud, pues ya estaba acercándose a los cuarenta —mientras la aludida recién había cumplido veintidós años—, buscaba con la alabanza de las dotes que la naturaleza le había “aportado” a la otra, conseguirle un buen “punto”, no sólo para que pudiese entablar cierta relación con alguien que le hiciera la vida más fácil en la “suciedad” cubana del momento, sino más bien que le permitiera al final de la jornada obtener algunos “dólares” a costa de su joven amiga.

Cierto día en que se reunieron ambas en la piscina de un elegante hotel habanero comenzó a contarle que había conversado con un extranjero en “La Punta” y que al hablarle sobre su belleza y juventud se manifestó interesado por conocerla…

—Resulta que hablé con un italo-español. Comenzó diciéndole, mientras la amiga con detenimiento la observaba. Que trabaja para el Gobierno, en eso de turismo… allá en Italia, es algo así como accionista… me dijo… de una cadena de Hoteles… además como esta “forrao” en dinero y como yo sé que has estudiado algo de eso… le hable de ti…

—Vete a saber que le contaste de mí. Exclamó la amiga, algo intrigada al parecer.

—Solo le dije de lo más elemental. Repostó esta. Que sabías hablar bien el italiano y que te gustaba todo lo relacionado con la Industria Turística… incluso que habías trabajado en una agencia de Vacaciones…

—¿Solo eso? Me extraña. Apuntó con ironía para incitarla a continuar.

—Claro que le dije algo más. Que eras bellísima, rubia de ojos claros y con un pelo hasta la cintura… y la piel bronceada en tus veintidós años… todo un anuncio publicitario… para que se embullara… Mientras hablaba, la amiga se mantenía en silencio, admirada de cómo había resumido todo lo que de ella le había contado o inventado al sujeto.

En realidad pensó que todas buscan “ligar” un extranjero para que la saque de esta mierda, y ella ni “cauta ni perezosa” no pierde tiempo, y quiere ayudarme… sé que no lo hace por maldad, sino que cree que esa es la única forma de progresar… yo conozco algunas sin embargo, que por eso han ido a parar a África o a “putear” a otro lado… no se sabe dónde, engañada por alguien que le ha pintado “Villas y Castillos”, y hasta las han vendido como una esclava… pero a mí lo que me interesa por ahora, no es largarme… ya habrá tiempo para eso, sino prepararme, superarse, y después ya veremos lo que haga…

—Ya sabía yo. Le dijo. Tu bien sabes que yo en eso no soy como tu…

—Bueno “mi’ja” no te pongas así que yo bien sé que la “jinetera” soy yo y tú la fina. Al momento hizo una pausa, como para elegir las palabras con cuidado y continuó con su explicación. Pero déjate de boberías que a lo mejor el tipo se enamora de ti… además no se pierde nada con probar. Después llegó al delirio cuando le mostré la foto que yo tengo tuya…

—Tú ves por eso te lo dijo y te lo repito no estoy “pa’buscarme” un extranjero, lo que yo quiero es un hombre de bien, ya sea de aquí o de allá, pero que me quiera como soy… no por el hecho de que tenga dinero…ya… y hasta una foto de mi le mostraste ¿Cuál foto tienes tú de mi cabrona? Inquirió la joven intrigada.

—Aquella que nos tomamos juntas en Varadero ¿No te acuerdas? Intentó calmarla aclarando sus ideas.

—¿Cuál? Volvió a preguntarle

—¡Si chica! La que estás en bikini. Afirmó y continuó explicándole a la amiga.

—¿Qué más le dijiste de mi cabrona de mierda? Preguntó la joven. … imagínate que le invente un pasado… para ti por supuesto… que tú te casaste muy joven… que pensabas mucho antes de hacer el amor debido al dolor que te producía el acto, pues tu marido, había sido muy brusco… te forzaba a hacerlo, incluso él quería hacer otras cosas y tú nunca te dejaste… por todo eso fue que te divorciaste… y finalmente que ese fue el único hombre que habías tenido…

—¿Le inventaste todo eso? Preguntó mientras intentaba reprimir una carcajada. Al instante se cruzó de brazos y la miro con semblante frió y calculado.

—¡Eso solo! No “mi’ja”, mucho más… le dije que tú tenías mucho miedo entregarte y sufrir de nuevo, pero que al mismo tiempo tienes los deseos reprimidos… que no te entregabas fácil, pues tenías muy mala opinión de los hombres, y querías algo seguro… y mil cosas más. Le comentó emocionada a la amiga tratando de que se entusiasmara en el asunto, lo cual logró de inmediato. ¡Ah! también le di mi número de teléfono y le adelante que yo podía hacer algo para que se conocieran…

—¿Pero fuiste capaz de decirle a ese hombre todo eso? Qué clase de “hija de puta” eres. De hecho la aludida había pensado hacerle más preguntas sobre su conversación con el extranjero, pero de hecho no pudo, y prefirió quedarse callada.

—Pero ahí no paré… me llamó por teléfono para que le siguiera hablando de ti… entonces aproveché y le “puse la tapa al pomo”. Insistió la veterana. Le comenté que me contabas todas tus interioridades y en secreto me habías dicho que estabas desesperada, que estabas loca por hacerlo, pero que solo lo harías de nuevo cuando apareciera alguien que realmente te gustara, y que te enseñara lo que era de verdad el sexo…

—¿Lo creyó? Esta vez captó orgullo y eso la puso nerviosa.

—Todito… se volvió loco… quiere conocerte cuanto antes… por supuesto él no se imagina ni remotamente que yo te lo he dicho. Bueno y para que se conozcan, coordiné una cita con él para almorzar juntos los tres, este Viernes a eso de las tres de la tarde en “El Polinesio”, ¿Qué te parece? Tenemos que planear algo bueno… no se puede enterar siquiera cuáles son tus intenciones.

—Serán las tuyas. Aclaró la joven.

Estaba dudosa de aceptar la invitación del extranjero y de su amiga, pero tal vez se le presentaba la oportunidad de practicar el idioma, o tal vez aprovechar los vínculos que tenía el hombre con el turismo, para entrar a trabajar en esa rama, a la que no había podido ingresar debido a que no estaba incorporada al “proceso”. Aunque ella me lo está “metiendo por los ojos”. Pensó la más joven de la dos. Como “jinetera” al fin que es… para que yo haga lo mismo con los extranjeros, no voy a caer en eso, pero le seguiré la corriente, pues no se pierda nada con aceptar… creo que indirectamente me va a hacer un gran favor… \

—Bueno “da’igual” Le respondió la mujer madura, mientras alzaba los hombros. Mía o tuya la conclusión es igual. ¿Aceptas o no? Le preguntó finalmente esbozando una sonrisa.

—De acuerdo… vamos a ver que sale de eso. Murmuró la amiga a pesar del nudo que tenía en la garganta.

Temprano llegó la joven al lugar cercano donde se encontrarían las dos a los bajos del Hotel, para ultimar detalles antes de toparse con el sujeto que se encontraría con ellas el Bar del restaurant donde se reunirían con el extranjero. Al llegar ya las esperaba el extranjero, un señor maduro de unos cincuenta años, de buena figura, alto, cercano a los seis pies de estatura, con pelo entrecano, que enfundado en un traje bien cortado que denotaba su marcada elegancia se presentó como Antonello Di Montassi.

Hechas las presentaciones de rigor y ubicados en una mesa al fondo del local, el mozo los dejó solos para que revisaran el Menú. Tan pronto este se alejó el Sr: Di Montassi inició la conversación.

—Gina me comentó que hace poco que vives aquí en La Habana y que trabajas muy duro para ganarte un salario. ¿No es verdad?

—Sí, así es. Ahora trabajo en una peluquería, allá por el Vedado. Respondió Mariela —nombre de la joven—, con la primera mentira de la tarde, pues no trabajaba en nada, solo vendía artículos deficitarios en “bolsa negra” para buscarse unos “fulas”, y comenzó a informarle al sujeto diversas cosas para entablar la conversación e impedir que este la interrogara.

—En verdad gano bastante poco, pero me alcanza por ahora… cuando encuentre algo mejor, dejo ese empleo por otro que me permita ganar más y superarme. Soy joven aun y aquí la que no estudia muere de pie, trabajando como una “mula”… perdona la expresión, pero así es…

—¿Qué quieres estudiar? Inquirió el extranjero con frialdad.

—Siempre he ambicionado con estudiar algo vinculado al Turismo…

—Según me dijo tu amiga ya trabajaste antes en una agencia de turismo…en eso de reservaciones. ¿Por qué te fuiste de ahí?

—Mejor di Me fueron…

—¿Te despidieron? La preguntó mientras la estudiaba con la mirada.

—No. Respondió tajantemente, mientras pensaba como edulcorar la segunda de las mentiras, puesto que no había trabajado en ningún lugar…eso era invento de Gina. No, me dejaron fuera porque era muy joven y no tenía experiencia. Se quedó en silencio, esperando por el comentario del italo-español.

—Bueno pero la Industria Turística es muy amplia… tal vez Idioma o algo de Hotelería. Repostó muy entusiasmado el hombre, y continuó sin respirar siquiera. ¿Conoces algún Idioma?

—Sí… algo de inglés, pero sobre todo Sr. Montassi… de italiano, que creo dominarlo… ese es uno de los motivos por lo que quería conocerlo. A che ora non lo conozco piú affatto l’italiano e forse potrebble eser citarsi in… ed alla fine direte a me, se lo parlo bene (Hasta ahora no he conocido a ningún italiano, y tal vez podía practicar… y usted al final me dirá si lo hablo bien).

Gina quedó sorprendida pues, según ella conocía Mariela había estudiado algo de ese Idioma en la Lincoln (Escuela de Idiomas de La Habana) por eso se lo insinuó al italo-español, pero lo que nunca se imaginó fue que su amiga se atrevería a decirle que lo dominaba… mucho menos lanzarse a hablarlo…

Secondo ascolto voi lo parlo bene (Según escucho lo hablas bien). Apuntó Montassi…

Creddo perfettamente quello (Creo que perfectamente) Dígalo usted señor. Lo volvió a sorprender, pues de ahí en lo adelante la conversación continuó en italiano para asombro de la mujer madura.

—¿Inoltre scrivete e legette l’italiano? (¿Escribes y lees también el italiano?)

Se, lo scrivo ed inoltre lo leggo, ma devo esercitarmi in. (Si, lo escribo y lo leo también, pero debo practicar). Pero mejor continuamos hablando en español pues sería una falta de respeto de nuestra parte que Gina no participe en nuestra conversación. Hizo una pausa mientras miraba a su compañera de forma compasiva, y de inmediato agregó ¿No cree usted?

—Por supuesto… pero me alegra mucho que hables mi idioma

—Como de seguro te habrá contado tu amiga, trabajo en la Industria Turística… para el gobierno cubano, aunque en mi país me dedico a otras cosas… siempre se está buscando a personas que manejan un idioma y con aptitudes de desarrollo, y se paga bien… en realidad se gana bastante, si además de hablarlo lo escribes bien… Si es tu real intención vincularte a la profesión yo pudiera hablarles de ti a mis superiores. Eso sí, si tienes verdaderas intenciones de estudiar. Se detuvo por un instante para ver la opinión de la joven, pero al comprobar que esta se quedaba aguardando por él continuó.

—No me gustaría molestar por gusto, ya que empleos en Turismo para aquellos que no están muy incorporados al proceso… son muy difíciles de conseguir y muchos darían o harían cualquier cosa por obtener tales puestos. Montassi acentuó estas últimas palabras dirigidas a la muchacha con doble intención, aunque pensando que ella no entendería cuáles eran sus reales intenciones y que quería decir… que darían cualquier cosa, al referirse a su posible ayuda.

—Si yo tuviera la posibilidad de aspirar a una plaza. Interrumpió Mariela… tal vez daría, aun lo que no tengo, pero claro me encantaría que pudiera ayudarme, aunque primero me gustaría demostrarle que soy merecedora de su gestión. De otra forma no quisiera que intercediera por mí. Usted aun no me conoce…

—Es verdad, pero espero conocerla bien, si me lo permite… Gina me ha hablado muy bien de usted y de su formación ¿Qué nivel has alcanzado en los estudios?

—Terminé la segunda enseñanza. Comenzó a explicarle al italo-español… y había aplicado en la Universidad para estudiar Geografía… Al ver el rostro de sorpresa de él se detuvo para aclararle. No me permitieron ingresar Sr. Montassi, pues mi padre y mi hermano se habían ido de Cuba y yo no estaba, como dicen ellos vinculada a la Revolución…

—No me digas así por favor, dime Antonello o si te gusta más Antón, como me dicen mis amistades. Respondió el hombre, tratando de sonreír. A continuación todos sonrieron y él siguió con sus preguntas.

—¿Entonces, al no poder continuar estudiando te casaste? Apuntó con precisión, tratando de llevar la conversación hacia el tema que le interesaba en realidad.

Debemos destacar que en honor a la verdad Mariela no dejó de estudiar porque no la dejaron entrar en la Universidad, sino que pasó otros cursos medios para continuar superándose y estar preparada para cuando saliera de Cuba.

—No, ella se casó antes de terminar el Pre. Fue interrumpido por la mujer madura, dándose cuenta que ya la conversación entraba en la historia que ella había inventado para que ambos se conocieran, y el extranjero se interesara por su amiga desde el punto de vista sexual, intentando romper el diálogo.

—Si me casé a los dieciséis años. Contó a Antonello. Pero había acordado con mi novio seguir los estudios, hasta entonces no había pensado salir de Cuba, a pesar de que ya la situación para mí se tornaba más difícil. Pensé que con el matrimonio se iban a mejorar. Comenzó Mariela a desarrollar la historia que habían preparado con anterioridad ella y su amiga.

—¿Al parecer te fue mal? Se atrevió a preguntar el hombre, cuando fue interrumpido por el mozo.

—¿Ya están ready para hacer su orden? Pregunto solicito el mozo que se había acercado a la mesa que ocupaban los tres comensales.

—No, aun no, por favor. Acertó a decir Gina leyendo el pensamiento de todos. Lo llamaremos cuando estemos listos… gracias joven. —¿Les gustaría ordenar algo de beber mientras tanto? Sugirió el mozo muy displicentemente. Pudiera ofrecerles alguna bebida como aperitivo. Acto seguido, el Sr. Montassi ordenó unos Martines y despidió amablemente al joven, indicándole que ellos se demorarían algo más antes de elegir, pues estaban hablando sobre un caso bastante agudo y ese era el mejor lugar para hacerlo.

—Tómense su tiempo, aquí estoy a su disposición. Respondió el mozo y se alejó en busca de las bebidas. Tan pronto se retiró, Antonello volvió al asunto.

—Bueno no te detengas, continua hablando de tu matrimonio ¿Qué te pasó? ¿O es que tu novio en la práctica sólo quería tenerte en casa y que no siguieras estudiando? Creo que como cubano al fin, por lo que he conocido aquí, machista, sin duda alguna quería tener para sí una joven como tú, tan linda…

—Así es la cuestión señor, debió usted estudiar psicología. Acotó Mariela con alguna picardía…

A la mente de la joven acudió lo que le habían contado del Sr. Montassi, del dinero que tenía, que según Gina era bastante, y de lo hábil que ella era para tratar con este tipo de hombre, a fin de llevarlo a que comiera de su mano. Recordó que también su amiga le había contado que se moría por las jovencitas, por tener una como ella. La historia que Gina le había contado sobre ella, al decirle que era casi virgen, y que sólo había tenido un hombre, lo había entusiasmado mucho. Al mismo tiempo le había dicho, que ella estaba desesperada, aunque tenía mucho miedo al sexo. Que el marido había sido muy brusco durante el acto, incluso que la forzó a hacerlo.

Mientras pensaba sobre esto, esbozó una sonrisa al acordarse de lo más importante de la historia recién creada para incentivar al tal Antonello o Antón, que le importaba como se llamara… de que yo ella quería amar y no sufrir de nuevo, por eso no se entregaría fácil, pues tenías muy mala opinión de los hombres, quería algo seguro… pero tenía muchos deseos reprimidos ¡Genial la condenada! Expreso para sí. De inmediato decidió contestarle al Sr. Montassi, mientras este la observaba detenidamente como para no perderse de una sola palabra de la joven reclinada sobre la mesa que compartían. Después de reflexionar un momento, lo que el extranjero identificó como que estaba repasando lo que le había ocurrido durante su “ficticio” matrimonio, Finalmente contestó, reafirmando lo dicho por este.

—Yo sólo le interesaba para lo que usted está pensando. Él no tenía ninguna intención de satisfacerme, y como yo carecía de experiencia, había llegado virgen al matrimonio, el hizo conmigo lo que quiso. Hizo una pausa y acto seguido agregó. En realidad la Luna de Miel fue para mí como una violación. Después de esto último tratando de parecer algo disgustada le dijo…

—Por favor cambiemos el tema, ya que vinimos a comer y no hablar de momentos oscuros de mi vida. Por qué no me recomiendas algo para almorzar, tú conoces bien como cocinan aquí, ¿No? Preguntó Mariela con el propósito de llevar la conversación hacia otros temas.

—Tienes razón, ya va siendo hora que ordenemos algo de comer. Intervino Gina muy oportunamente, apoyando a su amiga, mientras que el hombre, con un gesto llamaba al camarero, algo alejado de ellos en aquel momento.

Pidieron la comida, y degustaron de lo pedido. Su conversación toco los más variados temas, lo que permitió a los presentes identificarse en cuanto a sus gustos, inquietudes, esperanzas e ilusiones. Para Mariela, que podía considerarse con un nivel universitario, había leído mucho de “todo”, era una incansable lectora, además conocía incluso de arte y música gracias a la instrucciones de sus padres, por lo cual no le resultó difícil mantener una conversación adecuada, dando su opinión en cuanta temática fue abordada por el ya para ella Antón, quedando este maravillado por la fluidez de palabra y conocimiento de la joven. No ocurrió así para Gina, quien se aburría ante la inusual, para ella, conversación pues no contaba con una cultura adecuada, e en ocasiones manifestó su incultura con alguna intervención desacertada.

—Yo creo que para ir ganando tiempo. Expresó Antón. O a medida de prueba, como quieras llamarlo, te propongo que estudies un curso de Técnico Medio de Turismo… que es de solo unos meses…

—¿Hablas inglés verdad? Preguntó de pronto a la joven, ya realmente interesado, no sólo en la belleza de la joven, sino lo beneficioso que podía ser para esta en sus ansias de estudiar Turismo, que en honor a la verdad era una de las pocas verdades que había manifestado Mariela.

—Si algo… pero mucho menos que el italiano. Muy bien, porque siempre exigen algo de inglés.

Expresó mientras se preguntaba, que cómo una joven tan preparada, podría ser amiga de un ser tan vulgar como Gina ¿O había algo oculto?… bueno, a lo mejor no había nada eran simples divagaciones… pero lo que si era verdad es que en este socialismo a lo cubana, tan atípico, también se podía ver a un empresario de renombre como el almorzando con una “vendedora de favores” para que esta le consiguiera una muchacha de su agrado. Gina por su parte no pudo siquiera, durante el tiempo que duró el almuerzo, seguir ningún tema abordado. En resumen, disculpó a ambas, aunque no hacía más que disculpar sus propias aberraciones, dirigida ahora hacia la bella cubanita que tenía enfrente.

—Pero dime, ¿Qué es eso de Técnico Medio de Turismo? Preguntó la joven, haciéndose la ilusa, pues bien sabía en qué consistía el curso.

—Es un curso corto, muy bien argumentado, es como lo básico que deben saber todas las personas que trabajan en ese giro… yo tengo a varios que trabajan para mí. Te gustaría incursionar en eso… deberías empezar por ahí… esta “gente” (refiriéndose al Gobierno) lo considera indispensable. Y básico para seguir estudiando en esa rama… tal vez después puedas ingresar a estudiar la licenciatura en Administración de Empresas Turística.

Montassi se mantenía en una contradicción aparente, podía sin dudas ayudar a Mariela sin comprometerse demasiado pues tenía buenos contactos en las instancias gubernamentales, además veía en ella aptitudes explotables y al mismo tiempo podía así tenerla cerca, alejada de Gina, y realizar sus aspiraciones con la jovencita

—Sí, me interesa ¿Cómo puedo acceder a ese curso? Aunque recuerda que yo no soy muy “revolucionaria” que digamos. Añadió Mariela, marcadamente interesada, mientras casi al unísono era interrumpida por Gina, que decía… es como una lleva y trae, un mensajero de los turistas.

—¡Cállate muchacha! Que tú no sabes de lo que estamos hablando. Le contestó ya algo indignado Montassi a la entrometida mujer. Te explico. Y se dirigió a Mariela. …es un curso que se brinda en dos de los mejores hoteles de Ciudad Habana. Aunque no sé bien las materias que se imparten, lo que sí sé que es muy útil para todo lo de turismo… allí adquieres un conocimiento básico, aunque bastante general, y mientras estudias yo puedo ir haciendo las gestiones para que trabajes con nosotros, y ya no estés “encuera” en eso. Como dicen ustedes las cubanas…

—Sería formidable, no dejes de darme el teléfono para averiguar la fecha y los requisitos para ingresar…

—Me alegra muchísimo, que te interese… busca tú el tiempo, que de la gestiones para tu ingreso me ocupo yo. Respondió Antón realmente ahora interesado por ayudar a la joven, y no tanto pensando en obtener los “favores” de esta.

—Yo haré todo el sacrificio de mi parte, aunque no se aun que va a hacer para que me dejen entrar a una “desafecta” como yo…

En realidad a Mariela no le importaba eso, pues sabía que en la “suciedad” cubana con tener “amigos” todo era posible, y el italo-español se veía muy firme en sus contactos con el régimen, sino que quería brindarle la posibilidad a Antón de que creyera que dependería todo de él y por ende lograr que este se acercara a ella. En fin lo del curso había salido de la conversación, pues no había llegado a la cita pensando en estudiar una carrera, ni mucho menos, solo había ido con la intención de conocer a alguien bien ubicado, conocerlo… después tal vez, le agradaría intimidar con él o quizás poder llegar a algo serio.

—Yo dije que te iba a ayudar, si te creía capaz, y ahora estoy seguro que lo eres y pasaras el curso. De que entres, eso se resuelve… pues para eso tengo influencias. Déjamelo a mí. Vas a entrar te lo aseguro. Concluyó Montassi, tratando de anotarse algún otro punto con la joven, que no sólo lo había cautivado por su bellísimo físico, sino por su devoción hacia la profesión que por algo más de veinte años este había venido profesando.

—Bueno, debo irme, que tengo varias reuniones esta tarde. ¡Ah! una cosa que debes tener bien presente, es ser puntual para todo. Bueno, nos hablamos. Una vez más encantado de conocerte…

Pagada la cuenta, y darle una significativa propina al mozo, quien se había esmerado en la atención brindada al trío de comensales, el Sr. Montassi se despidió amablemente de las jóvenes, le extendió su tarjeta a Mariela, incitándola en que lo llamara para tener un nuevo encuentro, a la par que se despidió de Gina, agradeciéndole una vez más, el haberle presentado a Mariela.

—Creo que apretaste mi niña, deslumbraste al tipo ese… no viste como se le caía la baba por ti. Dijo la veterana a su amiga, tan pronto Antón se alejó.

—En realidad no hice nada por conquistarlo, solo me permitió, el muy astuto, que yo me abriera con él, me sintiera cómoda y hablara hasta por los codos, además me permitió “descargarle” sobre lo que más me interesa en este país, que es estudiar. Como tú sabes hay muy pocas personas con las que se puede hablar de todo, y él es uno de ellos.

—Por supuesto que una de esas personas, con las que no se puede hablar de nada, soy yo ¿No?… no te vengas haciendo la “curta” ahora, pues si él se entera de lo que buscas en realidad, y para que quieres acercarte a él, te deja plantada ahí mismo. Recordó Gina visiblemente enojada…

—No te pongas así mi amiga. No te “encabrones”, es una cuestión de nivel. Nosotros nos entendemos…

—Y yo una “jinetera” inculta ¿Verdad? Le repostó Gina, mucho más enojada aún…

—No te digas “nombretes”, pues se te van a quedar.

—Claro, como tú quieres ordenar tu vida, y cuando uno ordena su vida evita caer como yo en tener que dar el culo, para “buscarse los frijoles” ¿Acaso yo no te estoy ayudando a que tengas esa posibilidad? Mariela aunque no quería ponerse a discutir en plena calle con Gina, ni bajar a su nivel, no pudo contenerse ante las insinuaciones de su amiga y le arrojó casi en el rostro estas, palabras. Y cobrar por ello… porque Gina tu no haces nada gratis ni por tu madre, no es así, verdad… además por suerte él se dio perfecta cuenta, que tú y yo no tenemos nada en común. Pero no te preocupes, a mí me enseñaron a no olvidarme de mis amigos. Te estoy muy agradecida por lo que has hecho, mucho más de lo que tú piensas, en haberme presentado al Sr. Montassi. De seguro él te dará algunos “fulas”… te pagará con gusto por haberme conocido, y también yo te pagaré por tu “favor” No te preocupes, yo no soy una “mierda”, como tu tal vez pienses…

—Lo que tú eres es una niña malcriada y mal agradecida. Finalizó Gina, dejando a la joven parada frente a la puerta del Restaurante…

Tal vez Gina a tenía razón. Pensó Mariela y aunque en honor a la verdad Antón no le gustaba como hombre, la podía sacar adelante. Por otra parte, ella no pensaba en abandonar a su amiga, por el contrario si él la ayudaba, sin duda alguna la ayudaría tal como le había prometido. Sin embargo, veía en este encuentro algo que iba mucho más allá en el logro de sus aspiraciones personales. Estaba convencida que nada ni nadie se lo iba a impedir. No temía a un posible chantaje de su compañera de aventuras. Eso la tenía sin cuidado. Su pensamiento voló entonces hacia su padre y se dijo… soy como él, ambos somos de la calle, y con nosotros no se juega.

A su regreso a la casa valoró el mensaje de lo dicho por Gina… aquello de “…quien ordena su vida evita tropiezos”, esa misma frase se cansaron de repetirle sus padres una y otra vez, cuando era niña, como si lo que Mariela deseara fuera tropezar. Ahora la situación se repetía, en realidad le había agradado el Sr Montassi, Antonello o Anton como “carajo” se llamara, por lo que le gustaría volverse a reunir con él y hablar más francamente, ya que hasta entonces no había encontrado a nadie en su “ambiente” que fuera receptor a sus preocupaciones y esperanzas… todos, o mejor dicho la mayoría de los que había conocido en los últimos tiempos solo enmarcaban las conversaciones con cuestiones de sexo, estimando inequívocamente que el llamado “sexo débil”, no sabía de otra cosa.

De más está decir que si bien no existió una atracción física, al menos hubo “química” entre ambos por lo que a partir de ese primer encuentro volvieron a encontrarse en repetidas ocasiones. Mariela aprovechó la oportunidad que en “bandeja de plata” se le brindaba a través del tal Montassi y se “deshizo” de Gina, pues su amistad y compañía ya no le convenía mantener. “Entró, llegó y triunfó” como reza el refrán en la Escuela de Turismo del Hotel Sevilla, cercana a su casa. Estudió como nunca antes lo hizo, trazándose metas intermedias y finales hasta que se graduó, para continuar después sus estudios de Licenciatura en Administración de Empresas Turísticas, dejando atrás aquello de “desafecta” a la Revolución, pues cuando uno tiene “padrino, se bautiza” y ella tenía un padrino y de los grandes. Mientras tanto, todo el tiempo que pudo, jugueteó con el acaudalado empresario, hasta llegar a mantener con él, un cierto tipo de relación no muy comprometida.

Finalmente viajo a Italia y constituyó una familia al lado de Antonello, aunque hubiera querido hacerlo por amor, con cualquier cubano que la amase o con su primer hombre. En realidad Mariela se casó, y bien casada no como una de las tantas “jineteras” de su amada Isla con el marcado interés de escapar de Cuba, aunque lo hizo como estas por interés, por conveniencia claro está sólo para volver de cuando en cuando a su tierra natal, no solo para ver como continuaban “sobreviviendo” los miembros de la familia o sus amigos que habían quedado atrás, por su gusto o por qué no tuvieron oportunidad, ni la buscaron de salir, sino para ayudarlos a subsistir.

Mariela fue una excepción de la regla, en el regreso de aquellos que se fueron una vez y que regresan a Cuba solo a “templar”, sobre todos los hombres, que “vuelven” dejando en el país donde se han establecido una abultada deuda gracias a un “tarjetazo”, de una tarjeta de crédito sacada para ese fin, para “dárselas” con sus amigos y cargados de “mierdas” para ofrecerlas a muchachas jóvenes desajustadas por el sistema, a fin de poder pasar un rato erótico con ellas, cuando estando aquí nunca les dijeron “… ni que bonitos ojos tienes…”.

One Comment

  1. Su relato muy bien escrito, es la trágica verdad de lo que cualquiera diría lo imposible.
    De Cuba no sale nadie, solo de esta forma, que es la más vulgar diríamos.
    Nuestra realidad bien llevada en su historia, nos da un por centaje de su talento como escritor
    Estoy segura que hay mucho más en su caja de Pandora. Encantada con sus escritos.

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