Ética y estética del Potrillo

Eloy Garza González

POTRILLOEl cantante Alejandro Fernández subió a las redes sociales una foto suya en una celebración de amigos en Las Vegas. Lucía el torso desnudo, el cabello desaliñado y la mirada perdida. Aparentaba estar ebrio y drogado.

De inmediato fue objeto de burlas y memes en la web social. Publicó una carta de defensa donde no parece muy mortificado. La burla en Facebook y Twitter es una práctica tan extendida que pierde gravitación y credibilidad. Ya no hay figuras publicas puestas en “evidencia” porque todos lo somos, así sea en nuestros 15 minutos de fama.

Alejandro Fernández o fulano de tal puede hacer con su cuerpo y con su imagen personal lo que se le antoje. No comete ningún delito. Así hubiera consumido algún tipo de droga no fue coaccionado ni violentado para hacerlo. Lo hizo por su puro gusto. O para hacerse publicidad. Es decir, Alejandro cometió lo que se denomina un delito sin víctima, por lo que no es delito.

Si no afecta o perjudica a terceros, lo que consuma Alejandro por su nariz o vía intravenosa es por su voluntad y libre albedrío. Incluso si quiere cometer muerte asistida, nadie debería impedirle esta clase de decisiones personales. Pero el Estado se opone a ejercer estas libertades naturales del individuo. Así nos somete y nos subordinada a su poder.

Si Alejandro con esa foto siente como que pierde una estrella, o dejó de cantar su corazón, o se dedicó a perderse, es su muy personal asunto. Si queremos burlarnos de él tampoco será algo relevante. Si luce ridículo y descuidado en su físico, no es este un tema de carácter ético sino estético. Y en cuestión de apariencias, el que tenga su figura en línea que tire la primera piedra.

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