Explicar el horror es justificarlo

. Libertad Digital

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Wendy Guerra junto a Gabriel García Marquez

Imaginen ustedes que Ana Frank hubiese escrito en su célebre Diariola frase siguiente: “Explicar la Alemania nazi es una ardua tarea para los que hoy no la viven”… Y por ahí para allá continuara hablando de su “paisaje personal” cotidiano en un campo de concentración, e intentando matizar y justificar lo injustificable. Afortunadamente la frase jamás la escribió Ana Frank, como es de suponer. No, la frase la escribió la cubana Wendy Guerra en su blog de El Mundo. A raíz de que comentara en una entrevista en relación a Guillermo Cabrera Infante que “de Cuba sólo se puede escribir desde dentro” se sintió obligada de explicar, eso sí, su bestialidad.

Que la señora Wendy Guerra, con cuarenta y cinco años en las costillas (Ana Frank murió a los quince años y su madurez intelectual para analizar el horror ha recorrido el mundo entero y es un ejemplo para la humanidad) escriba esas boberías que invariablemente escribe, no me extraña para nada. Al idiotismo intelectual en que se han quedado varadas varias generaciones cubanas que aspiran, como dice la misma Guerra, a ser “intelectuales” y se autocalifican de ello, habrá que añadir la perversidad y el oportunismo que adoptan para poder sobrevivir y situarse en las alturas como saltamontes entre dos mundos: el de la esclavitud y el de la libertad. Con la intención de coger mango bajito de lo bueno de uno (meterse de a lleno en el rol de esclavistas de la nueva clase) y lo bueno del otro mundo (el dinero y los parabienes del mundo libre).

Que se trata de una actitud y comportamientos miserables nadie lo duda, salta a los ojos. Sin embargo, ese tipo de escribano o escritorzuelo abunda en Cuba. Es un mero producto del castrismo, y un novedoso objeto en venta perfeccionado por el raulismo light.

Amén de los plagios, y de la insoportable desvergüenza, no cuentan con su propia incultura, con el provincianismo de creerse que viven en el ombligo del mundo, sin vivirlo, porque se la pasan viajando invitados por cuanto Festival o Feria izquierdosa se haya inventado, a costa de sus padrinos, que pueden ser un Gabo o cualquiera otro amiguísimo de los tiranos, de los aprovechados del dolor y de la injusticia que se cometen en Cuba desde hace más de medio siglo; y así continúan haciendo charranadas, llenándose la boca para hablar basura, y posando como si posaran para el Paris Match de la época en la que la revista publicó Mi Lucha de Adolf Hitler, en forma folletinesca, lo que no hay que olvidar.

Para los que crean que comparar el castrismo con el fascismo es una exageración mía, como tantas veces se ha dicho, veamos otro ejemplo; imaginen ustedes entonces a Anna Ajmatóva escribiendo la misma frase: “Explicar el Gulag soviético es una ardua tarea para los que hoy no lo viven”… En un delirio nirvánico acerca del comunismo que le encarceló y fusiló al primer marido, que le encarceló en Siberia al hijo, y que le mató al segundo marido en un campo de concentración, y la deportó a ella, entre otros horrores.

Por eso cada día creo más en los verdaderos escritores del exilio, los que piden sin tapujos democracia y libertad para Cuba arriesgando sus carreras literarias, y por el contrario no creo para nada en la obra y mucho menos en las palabras de los susodichos escritores a sueldo del régimen, aunque anden soltando por ahí que no les publican y que los prohíben, porque probablemente todo forme parte del teatro, del plan de venta al extranjero. Y sabido es que Wendy Guerra no es la única que se presta para semejantes docudramas, muy propicios para la inmortalidad del odio.

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