Fabiola Santiago ofende, una vez mas, la inteligencia de sus lectores

Por Reynaldo Soto Hernández

fabiolaFabiola Santiago, una inmigrante cubana que escribe columnas de opinión para el diario El Nuevo Herald de Miami, y se ha empeñado en una cruzada verbal contra el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump, así como contra los cubanos que apoyan a dicha figura política, suele insistir en su compromiso con la democracia, pero con frecuencia olvida algunos principios esenciales de esta forma de gobierno basada en el consenso de la mayoría y abierta a la más amplia diversidad de criterios.

Es así como en una de sus columnas de opinión publicadas por el diario en el que escribe, cada día más escorado hacia la izquierda, dicho sea de paso, la señora Santiago expresa: “Trump traicionará a sus partidarios cubanoamericanos de la misma manera que atacó violentamente a sus oponentes cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz durante su campaña”. Una frase escrita evidentemente con la intención de confundir a los cubanos que viven en Estados Unidos, y acerca de la cual quiero compartir algunas reflexiones con ustedes.

En el artículo de marras, titulado “Trump quiere jugar golf con el enemigo (en este caso Cub)”, la columnista dedica varios párrafos a contar como supuestamente ejecutivos de alguna de las firmas propiedad de Trump estuvieron yendo a Cuba durante los últimos años a analizar posibilidades de negocios, y es a esta situación a la que la Santiago alude en la primera parte de la frase cuando dice “Trump traicionará a sus partidarios cubanoamericanos…”

Ahora pregunto ¿por qué tengo que sentirme yo, un enemigo a muerte del régimen comunista de Cuba que me encarceló por varios años, y un defensor del embargo total contra los Castro; “traicionado” por Trump, tan solo porque no coincidimos en ese punto, cuando uno de los principios esenciales de la democracia en la que vivo es la diversidad de opinión? ¿Por qué no puedo discrepar con Trump acerca de esa situación específica sin sentirme “traicionado” por él, y seguir apoyándole en el resto de las cosas que tenemos en común?

Tengo dos tías que siguen siendo comunistas y castristas y a las cuales no solo quiero con todo mi corazón, sino que aprecio el que no hayan dejado ellas de quererme ni aún cuando estaba yo encerrado en la peor de las mazmorras en la cárcel de Canaleta en Cuba por oponerme al régimen, mientras ellas seguían trabajando para el aparato de aquel gobierno. Tengo a mi madre que vive en Miami y jura que “votaría contra Trump por el que sea”, al tiempo que repite con vehemencia las mismas ideas tontas contra mi candidato que escucha transmitir varias veces al día por la televisión local en español. ¿Voy a sentirme “traicionado” por mi madre solo por eso?

Creo que la señora Santiago no solo exagera, manipula y trata de confundir con sus palabras, al tiempo que intenta burlarse de nuestra inteligencia colectiva, sino que como dije anteriormente, ignora principios básicos de la misma democracia que dice defender, en la cual la diversidad de posiciones no solo es refrendada por la constitución, sino que forma parte de la ética de nuestras relaciones sociales.

Por otro lado, quienes vivimos en este país y participamos activamente en la política nacional, sabemos comprender que cuando se trata de elegir un presidente para esta gran nación, no son los intereses de Cuba, ni siquiera los intereses de los cubanos que vivimos aquí, los que deben situarse en primer plano, sino los intereses de los Estados Unidos, los intereses del pueblo norteamericano. Es por eso que considero muy estúpida y sobre todo muy divisiva, esa cruzada emprendida por muchos medios de prensa en español, defendiendo lo que ellos llaman “el voto latino”, como si se tratase de otro país dentro de este país, y no de una patria común, que es a la que tenemos que ayudar a salvar para que siga siendo como es. Igual me pasa con el “voto gay” y el “voto negro” y el “voto femenino”, por supuesto.

Luego, en la segunda parte de la citada frase, la columnista dice que “(Trump) atacó violentamente a sus oponentes cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz durante su campaña”, algo que es completa y desgraciadamente cierto, y digo desgraciadamente, porque las campañas políticas en Estados Unidos, a todos los niveles y al menos en los dos partidos principales, se convierten en una agria batalla por demostrar quién es mejor que quién, no resaltando la agenda propia, sino denigrando la del adversario. Es algo con lo que tenemos que lidiar y que tal vez en algún momento del futuro cambie. A modo de recordatorio cabe regresar a la sucia campaña por la nominación demócrata para la presidencia que en el 2008 protagonizaron Hillary Clinton y Barack Obama. Y más cerca en el tiempo a la que enfrentó a Clinton contra Sanders en los últimos meses.

Todo ello sin olvidar por supuesto, que si bien Trump atacó con furia a Cruz y a Rubio, ninguno de estos últimos se quedó corto en sus filípicas contra el primero. Rubio hasta llegó a burlarse en un discurso del supuesto enanismo genital de Trump, el cual, según el senador cubanoamericano, le impediría defender con virilidad este país. En cuanto a Cruz, llevó su bastardía hasta el extremo de presentarse en la convención republicana solo para decir que no apoyaba la candidatura de su rival político, mostrándose incapaz de pasar por encima de las diferencias y ponerse del lado de la amplia mayoría de miembros de su propio partido que eligió a Donald Trump. Allí fue soberana y justamente abucheado por su bajeza moral.

Ese es el juego de la democracia, que desde que comenzó hace cerca de dos mil quinientos años ha tenido sus altas y sus bajas, sus avances y sus retrocesos, pero que ha conservado principios esenciales que nos permiten convivir en base a lo que nos une, no a lo que nos desune. Por eso si Trump hace negocios con los Castro, malo; pero si ayuda a los Estados Unidos a recuperar su poderío industrial, si se enfoca en hacer cumplir las leyes, si contribuye a la creación de empleos, si convierte la “lucha” por la justicia social no en una “batalla” solo por los derechos de los negros, los homosexuales, las mujeres, los inmigrantes y otros grupos considerados minorías, sino más que todo en un punto de reunión común, para todos quienes vivimos en este país, ¡excelente!

One Comment

  1. Fabiola Santiago es la típica periodista cubana que se automutiló a conciencia su derecho a libertad de expresión y escogió sobrevivir respondiendo a la programación con la que fue programada.
    No creo en nada de lo que ella quiere que la gente crea…¿Por qué? Porque ni Fabiola misma se lo cree…Es tanta su insistencia que,su mensaje apocalíptico se pierde.
    Si de algo le sirvió el barullo fue precisamente para que supieran que existe una personita llamada Fabiola Santiago,por lo demás,ni fu ni fa…El Herald ha emplantillado en los últimos tiempos a papagayos devenidos en periodistas…¡Contra! ¡Cómo la gente se adiestra en escribir para pagar su renta!

Deja un comentario