Hillary Clinton y la clásica Propaganda hacia el totalitarismo socialista

octubre 20, 2016 8:40 pm0 commentsViews:

Por Reynaldo Soto Hernández

hillary-militarEs tendencia obligada entre los gobiernos populistas, sobre todo de izquierda, la necesidad de buscarse un enemigo externo, para con el discurso en contra de este, mantener alejada la preocupación de la gente de los problemas reales que aquejan al país. Hillary Clinton, para no ser menos, y en previsión de que pueda ganar las elecciones el próximo ocho de noviembre, ya ha elegido el suyo, desenterrado el fantasma de Rusia desde lo más hondo del baúl de recuerdos, para acusar a ese país de todos nuestros males y los males del mundo, como en los peores tiempos de la guerra fría.

Pero no solo se ha dedicado a atacar con saña a lo que desde su visión tercermundista de la historia y de la sociedad, ha designado como “el enemigo”, sino que de paso ha aprovechado para acusar a Donald Trump, su rival en la carrera política para ocupar el puesto de Comandante en Jefe de los Estados Unidos, de estar coludido con ese archienemigo, en contra de ella, de su partido y del pueblo estadounidense, al que en su mesianismo, cree que solamente ella y la organización política en la que milita, pueden representar.

Demasiado clásico como para que no lo hayamos visto muchas veces aún en la historia reciente y geográficamente más cercana. Los hemos visto comenzar con un discurso así, lleno de promesas que ellos mismos saben incumplibles, para terminar luego expropiando fábricas y tierras, fusilando o metiendo en la cárcel a oponentes políticos, obligando a exiliarse a quienes no los desean, etc.

Ahora acusa a Trump de ponerse de acuerdo con los rusos para que le roben varios miles de correos electrónicos en los que se ponen a descubierto muchas de sus mentiras, patrañas y manejos dudosos. Mañana nos acusará a quienes nos le opongamos; de sabotear sus planes, de espiar para sus enemigos, de enriquecernos a costa del pueblo trabajador y de todo cuanto se le ocurra, sin que le importe mucho si lo que dice es cierto o no, ni si dentro de ese círculo de “enemigos internos”, hay personas de todos los niveles de la sociedad y de diversas formas de pensar.

Hace pocas semanas ya d
io un botón de muestra acerca de esto, cuando en un discurso frente a un grupo de sus seguidores y ante las cámaras de la televisión de medio mundo, acusó a la mitad de los partidarios de Trump, es decir a aproximadamente un cuarto de la población del país, dado que en ese entonces las encuestas los daban como empatados en la preferencia de los electores, de ser un canasto de seres deplorables e irredimibles, “racistas, sexistas, homófobos, xenófobos e islamófobos”, según sus propias y ya imborrables palabras.

Pero por desgracia no está sola. Para manipular a la opinión pública, especialmente a los más ignorantes y a los que más dependen de las dádivas gubernamentales, que con mucha frecuencia son los mismos, cuenta con el aparato mediático más gigantesco, vil y parcializado que haya estado al servicio de cualquier político en la historia moderna.

Hitler tal vez pudo haber tenido más control sobre el puñado de medios de comunicación a los que les permitió sobrevivir en la Alemania nazi, pero nunca contó con los cientos de miles de periódicos, estaciones de radio y televisión, páginas en Internet y revistas con los que cuenta ahora la candidata Clinton, haciendo campaña por ella las 24 horas y no solamente en los Estados Unidos, sino en decenas de países alrededor del mundo.

Esperemos que, como sucedió con Richard Nixon, quien a pesar de la extremadamente sucia campaña que libró contra él la prensa, ganó su reelección en 49 de los 50 estados, pase esta vez lo mismo y los votantentes norteamericanos demuestren que no se dejan manipular por esos mentirosos.

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