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Published On: Mar, Ago 16th, 2016

Hillary Clinton y la miseria social

Por Reynaldo Soto Hernandez

hilaria embargoNinguna sociedad puede progresar sembrando en sí misma el odio a la riqueza y a los ricos. Ninguna sociedad puede continuar siendo próspera, una vez que ha alcanzado cierto estado de prosperidad, si una parte importante de sus miembros viven su vida frotándose las manos mientras piensan “dejemos que esos ricos sigan amasando sus fortunas, que en algún momento iremos a por ellos y les despojaremos de todo cuanto tienen para repartirlo entre nosotros”.

Dieciséis sociedades en la historia moderna, es decir todas las que integraron los países del antiguo bloque socialista, demostraron con creces en su momento que premiar la ineptitud y la pereza al tiempo que se trata de castigar la iniciativa y el ansia de progreso personal conducen directamente a la miseria generalizada, a la paralización absoluta del desarrollo, al suicidio de la sociedad.

Y aún en la actualidad naciones como Venezuela, que guiadas por líderes populista se embarcaron tardímente en experimentos sociales semejantes, o como Cuba y Corea del Norte que siguen aferradas a permanecer en el status que alguna vez tuvieron cuando eran satélites de la desaparecida Unión Soviética, lo siguen demostrando; no se puede generar riqueza sembrando en los ineptos de la sociedad la idea de que ser rico es malo y de que es correcto despojar a otros cuando se es incapaz de generar riqueza por y para sí mismos.

Por eso siento que es tan peligroso el discurso de la actual candidata a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata Hillary Clinton, quien no se cansa de repetir el término “menos afortunados”, para referirse a sectores enteros de la sociedad norteamericana que han optado por permanecer en la pobreza ya sea por su propia incapacidad para educarse, o por esa pereza secular que les lleva a preferir vivir pegados como sanguijuelas a las magras, pero seguras, venas de las arcas públicas, antes que luchar por generar riqueza por sus propias manos.

Muchas veces, no me he decidido a contar cuántas, pero muchas veces, en el programa para un hipotético gobierno de la candidata Clinton, se dice que este u otro nuevo programa de “ayuda para los menos afortunados”, será pagado con el dinero que se obtenga de cobrarles nuevos impuestos a los ricos, porque ella considera “justo” que sean ellos; a menudo los más inteligentes, los más laboriosos, los mejor preparados y los que más aportan al pacto social creando nuevos puestos de trabajo y generando riqueza colectiva, quienes deban pagar por la incapacidad y la pereza de los otros.

Es un discurso que siembra además la envidia y el odio, que divide a la sociedad y que al final engendra nuevas generaciones de dependientes crónicos de los llamados “beneficios sociales”, incapaces de luchar por sí mismos para escalar niveles en la sociedad.

La idea de un gobierno “bueno” que les dé circo y pan gratis a los pobres no es moderna, han coqueteado con ella desde emperadores y monarcas de hace miles de años, hasta muchos recientes o actuales dictadores. A algunos les ha funcionado por un tiempo hasta que agotan la fuente de recursos; ya sea el oro arrebatado a otras naciones en guerras de conquista, la recaudación de impuestos en colonias, la nacionalización de ciertos recursos naturales como los minerales y el petróleo, etc.

Pero en una sociedad como la norteamericana, cuyo gobierno no genera ni administra riquezas, porque todo está en manos del pueblo, pero en forma privada, ningún gobernante puede ser bueno con unos si no es malo con otros, no puede darle a unos algo que no les haya quitado antes a otros.

Ya de por sí resulta doloroso para quienes tienen que trabajar por su dinero, no importa cuanto tengan o generen, ver como una buena parte se le va en impuestos, tan frecuentemente mal utilizados para dar de comer a perezosos, como para que encima se les estigmatice, se les quiera hacer avergonzar por sus riquezas, y se les empuje constantemente a entrar en guerra con los grupos menos acomodados de la sociedad, diciéndoles a estos últimos que los culpables de su situación son los primeros.

De eso está lleno el plan de la señora Clinton, y de proyectos de beneficencia que costarán miles de millones de dólares los cuales, según ella, saldrán de más impuestos a los ricos, pero que todos sabemos lo dice solo por ganar el voto de los “pobres”, siempre enamorados de cualquier Robin Hood, pero que al final terminará endeudando a nuestra sociedad a niveles en los que hasta causa espanto pensar.

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