Inseminación cerebral

. Director de Open Cuba

Inseminacion CerebralAlgunos días han pasado después del intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Cuba. Ha sido lo más claro del asunto, al menos de lo que tiene que ver con respecto a reciprocidad y negociación entre ambas partes. Algunas preguntas, sin embargo, permanecen sin responder, algunas ni tan siquiera han sido hechas por nadie: prensa, oposición, analistas, políticos, cubanos.

Se ha dicho por parte del gobierno norteamericano que las negociaciones duraron 18 meses, lo que es casi dos años. La pregunta que me asalta es tan evidente que no entiendo cómo no ha sido preguntada por los cientos de posts que le han dedicado la prensa mundial al fenómeno del “fin del conflicto” en el Caribe.

¿Por qué duró 18 meses? ¿Por qué tanto tiempo? ¿Qué concedió Cuba que Estados Unidos necesitó 18 meses para “convencer” a la dictadura de esa concesión?

Preguntas.

¿Fue acaso la libertad del famoso y esencial espía del que no se sabe nada?

¿O convencer al dictador que dejara a un lado las propuestas de eliminar los programas de USAID y tomara el rumbo de los tres espías?

Dejemos claro que el restablecimiento de relaciones, las medidas para el relajamiento casi absoluto del embargo y la eliminación del régimen de Cuba de la lista de promotores del terrorismo son medidas unilaterales de la administración norteamericana. Ninguna de ellas presenta ni sostiene ningún balance político de contraparte con la minuta de los supuestos 53 prisioneros políticos cubanos, de los que no se conoce ni sus nombres.

¿Es que esta es la primera vez que el régimen ha liberado prisioneros para que el convencimiento fuera tan difícil de obtener?

Pues, no. Casi en todas las décadas el régimen de los Castro ha ofrecido estas minutas a personalidades como, por ejemplo, Felipe González, o el Papa Juan Pablo II, François Mitterrand, Michelle Mitterrand, y muchos otros.

No se entiende que  sean necesarios 18 meses para convencer a un “reformador, ¿no es así como llama la prensa occidental a Raúl Castro?, mientras que a un recalcitrante “irreformista”, como Fidel Castro, sólo una minucia de visita lo convencía de la liberación de prisioneros. ¿No resulta esto demasiado evidente?

Lo que me hace entonces preguntarme  si hay algo más guardado bajo la manga que los dos interventores del conflicto no han anunciado.

Sólo pregunto, ya que nadie lo ha hecho.

Por otro lado, existen señales inequívocas de intransigencia, de un espíritu histérico de “victoria” y hasta de desafío político por el régimen castrista, no sólo contra la administración Obama, sino incluso hasta con los mismos que han ofrecido el aplauso benevolente al llamado “comienzo del final” del último conflicto de la era de la guerra fría.

Veamos algunas de esas señales.

Por ejemplo, una señora funcionaria de nombre Josefina Vidal ha expresado, de forma bastante retadora a la parte norteamericana, de que no devolverán los delincuentes norteamericanos acusados de crímenes que han recibido “asilo político” en Cuba. Para decirlo más claro, no tienen intención de entregar a Joanne Chesimard, que no es ninguna perseguida política y sólo una vulgar criminal.

Tema caliente muy a propósito de los crímenes ocurridos en las últimas horas en New York.

Esta misma señora se ha encargado de reclamar, de manera bastante soez, que “quiten la excusa (el embargo) y póngannos a prueba”. Una indirecta directa a los que han reclamado tantos años el levantamiento del embargo para “desmerengar” al régimen.

Saben, la fulana tiene razón. De una vez por todas se va a poner a prueba esta premisa ilusa, para desgracia del pueblo cubano, pero no hay mejor medicina para curar la enfermedad alucinatoria de la negociación con dictaduras que la misma coexistencia con esa dictadura. De todas formas, los alucinantes siempre encontrarán las respuestas oportunas.

Otra señal. Las declaraciones chovinistas de Raúl Castro en la última sesión de la Asamblea Nacional. “Más Socialismo”, dice el general. Y nada más.

Un aparte: la retórica castrista sería para morirse de la risa si ya no rebasara el campo de la comedia para zambullirse en la desfachatez trágica. En ese país nunca ha existido, ni siquiera, un  ápice de socialismo. Pura demagogia, puro personalismo castrista. ¡Nada más!

Y la tercera es, quizás, los toques de arrebato de la prensa cubana sobre los tres, los cinco, y la misma cuchufleta de siempre. Es decir, “ahora sí vamos a construir el Socialismo”. ¿Recuerdan?

Lo vienen anunciando desde que alguien tropezó bajándose del tanque en que entraron un 8 de Enero de 1959 en La Habana. ¡Patético!

Faltan respuestas a las reclamaciones de 7 mil millones de dólares sobre las propiedades robadas a empresarios cubanos y americanos por esa administración que está embriagada de “victoria”. Dice el ejecutivo americano que lo presentará en sus discusiones en La Habana.

¿Qué logrará? ¿Una carcajada?

No anticipo nada. No hay nada que anticipar. La forma en que los dos jefes de los negociadores anunciaron sus respectivos “negocios” lo dice todo. Obama, en traje y corbata azul acerado, con un discurso desgranándolo todo, o al menos el todo que quería decir (recuerden las preguntas al inicio de este post). La otra parte vestido de lo que es, general-dictador.

¿Vale mejor retrato de lo ocurrido?

La nota jocosa, sin embargo, la viene a ofrecer el embarazo de la mujer de uno de los espías. Según ahora salta a la prensa, fue una concesión de la administración Obama para que “mejorara” las condiciones de Alan Gross en La Habana.

La duda que me queda es, ¿cuál mejora?

Gross salió flaco y hasta sin dientes. El marido de probeta de la que inseminaron pues bien gordo y alimentado. ¿Queda alguna duda de dónde quedan las cloacas presidiarias entre ambos lados?

El detalle de la esperma viajera contradice, sin embargo, aquello de los 18 meses de negociación. Si desde hace esa cantidad de tiempo se estaba negociando, ¿para qué entonces el espermatozoide espía tuvo que viajar a la vagina revolucionaria?

La única respuesta sería, quizás, la necesaria inseminación cerebral de la prensa para que olvidara estas minucias reformistas.

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