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Published On: Mie, Abr 22nd, 2015

La Beatificación Papal de “San Verde”

Por Alberto Perez Amenper

san verdeSan Verde es un santo patrón de una religión que dice que el hombre ha usurpado la tierra.

Pero si leemos la biblia dice que desde el principio Dios le dio la tierra al hombre como su dominio, y lo ratificó después del diluvio cuando, Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

Pero no sé porque me parece que nos lo quieren quitar a nombre de cierta cosa que llama cambio climático y que antes le decían calentamiento global.

¿Por qué estoy tan bíblico hoy?  Porque este  miércoles conmemoramos el día de la tierra conjuntamente con el nacimiento de Vladimir Lenin. . Una semana a partir de ahora, el Vaticano agregará su propia contribución a lo que el Papa Francisco llama la “ecología humana” en la forma de una cumbre denominada “Proteger a la tierra, dignificar la humanidad ” La Cumbre será a su vez seguida por una encíclica algún tiempo más tarde este año.

Muchos encontramos la idea inquietante. Tememos que significa una aprobación papal para las políticas ortodoxas y económicas del movimiento verde, confundiendo a los fieles, conduciendo después seguramente a otra serie de conferencias de prensa que comenzará con un portavoz del Vaticano, diciendo, “lo que el Papa quiso decir…”  Pero el caso es que lo dijo y los que creyeron lo que oyeron, y lo que dicen que el Papa quiso decir se diluye en la excusa.

Nuestros temores no son sin causa. Hay muchas señales que no auguran nada bueno, en el enredo del lenguaje embrollada en economía aparentemente corte socialista, en la primera encíclica del Papa, y después posando para una fotografía mientras tenía puesta una camiseta anti-fracking, anticipando que estará en la lucha contra los gases de efecto invernadero con la misma fuerza que el Papa Juan Pablo II fue a la lucha contra el comunismo soviético.

Aunque yo no creo en la inefabilidad del Papa, creo en el respeto al líder de la institución Cristiana más grande del mundo, por lo que creo que el hombre que ocupe ese puesto tiene que respetarse a sí mismo, a sus fieles y sobre todo a la palabra de Dios.

Por eso creo que  el tema es maduro para precisamente el tipo de correctivo. Lo que un Papa tiene para ofrecer, debe de ser un recordatorio de que la creación de Dios está destinada a servir al hombre — no hombre al medio ambiente-. Y su corolario es que tanto la tierra como los animales fueron entregados al hombre por Dios, y que los hombres no: son los que  tienen que pagan el precio que nos quieren cobrar las intervenciones estatistas tan queridas de la iglesia de San Verde y su sumo pontífice Al Gore.

La visión Judeo-cristiana toma su liderazgo desde el Génesis 2:15: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para trabajar y cuidar de él”. Claramente esto impone a la humanidad una obligación de la corresponsabilidad. Y Sí, todos podemos pensar de las personas y las regiones que han sufrido porque alguien explotado un área para el beneficio privado mientras descarga todos los costos en el público, pero esto ha sucedido más a menudos en la Unión Soviética, Cuba y otros países que siguieron las doctrinas del que cumple años mañana en el día de la tierra, el camarada Vladimir Lenin.

Aun así, la primera parte de ese pasaje del Génesis también significa algo: que la tierra es para ponerla a trabajar, y que este trabajo y el fruto produce también es bendecido.

Después de todo, ¿qué es trabajo, pero la aplicación del ingenio humano y mano de obra para la creación de Dios, para aumentar la recompensa de Dios? Génesis nos dice también que estamos creados a imagen y semejanza de nuestro creador. En un sentido esto significa que somos más humanos cuando utilizamos nuestros talentos dada por Dios a participar en actos de co-creación con la naturaleza.  No es dejar la naturaleza, no tocarla, hay que tocarla para que produzca su fruto, esa es la razón para lo que está ahí, para eso no las dio Dios.

Cuán diferente es de la narrativa que domina la conversación sobre el medio ambiente y especialmente la conversación sobre el cambio climático de estos ambientalistas. Demasiado a menudo la visión del hombre es como el usurpador, acelerando el planeta a lo largo de la ruta de acceso a la perdición y destrucción.

En esta lectura ambientalista, la tecnología moderna es casi siempre un enemigo, el progreso es ilusorio y más bebés significan más huellas de carbono derritiendo los casquetes de hielo donde viven los osos polares y los pingüinos con sus tuxedos.

De hecho, es sorprendente el número de los ambientalistas que terminan controlando a la población. Además de su lenguaje, que tiende a la ser apocalíptico, caracterizan a los seres humanos como “el SIDA de la tierra”.

Cuando este pensamiento es llevado a su conclusión lógica, no debe de ser a las mujeres blancas europeas o americanas o sus bebés a las que esas palabras simplemente como aparece  debieran de ser dirigidas. Cuando lo dice, también debe de ser a las mujeres africanas y bebés africanos, mujeres chinas y bebés chinos, mujeres indias y bebés indios, las mujeres latinas y bebés latinos y así sucesivamente. Algo, tal vez, debiera el Papa de reflexionar sobre la próxima vez esté de humor para predicar contra las nocivas exportaciones del modo de vida occidental.  Es la exportación del tercer mundo en el mundo occidental lo que está causando del daño físico y moral.

Aquellos agricultores que cultivan la tierra como Dios les mandó, y de donde nosotros que conseguimos nuestras frutas y verduras en los alimentos enteros pueden tener un tiempo difícil apreciando el flagelo que son los insectos, parásitos y las enfermedades y el alto precio que estas personas pagan en sus cosechas cuando se les niega estas herramientas hechas por el hombre en el nombre de algún capricho del medio ambiente, hay que alimentar a los parásitos, no podemos fumigarlos porque perjudican al medio ambiente.

¿Cuántos niños africanos murieron, por ejemplo, cuando de prohibió el uso del DDT en el continente africano — podría decirse que el insecticida más eficaz de anti-mosquito — se prohibió después de que los Estados Unidos lo prohibieron en 1972 sobre la base de la ciencia de corrección política? Todo como en otros casos para rectificar, pero ¿Qué hay de los que murieron por infecciones provocadas por los mosquito durante ese tiempo? ¿En la misma línea, cuando medimos los costos de los combustibles fósiles, no deberíamos incluir los costos humanos que resultan cuando las restricciones de los combustibles fósiles significaría negar cientos de millones de personas en el mundo en desarrollo las mejoras mejorar la vida con una energía más barata?

En su negativa a considerar tales compensaciones, ecologismo moderno toma a veces sobre los aspectos de una religión autoritaria, con su propio Edén (tierra antes que el hombre la arruinara); sus herejes, los escépticos acerca de las contribuciones del hombre al calentamiento global son “negacionistas”; y ricos prelados nos ofrecen sus indulgencias plenarias de perdón contribuyendo para compensar el jet corporativo y el un Prius de su sumo patrón protector el Beato Al Gore, canonizado en vida como San Verde..

Bien vale la pena no sólo mencionar esto pero destacado, especialmente cuando estamos viendo en el Papa Francisco un esfuerzo que apunta a poner el ser humano detrás en ecología humana o sea la tierra sobre el hombre, no el hombre sobre la tierra.  Todos tenemos que estar bajo la tierra algún día, entonces en espíritu estaremos con Dios.  Pero ahora que estamos arriba de la tierra, es la voluntad de Dios que saquemos de ella las riquezas que por designio de Dios están esperando para que las tomemos para nuestras vidas, porque eso es lo que nos promete la palabra de Dios, que no es palabra de un hombre, por muy destacada que sea su posición.

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