La Debacle del Partido Republicano

Por Alberto Péclip_image002 (3)rez Amenper

¿Es una convención abierta nuestra única oportunidad de evitarla?

El partido republicano se acerca a la peor debacle en las elecciones presidenciales desde el 1964.

Era joven en aquel tiempo, soy y siempre sido un conservador, la diferencia es que entonces producto de las heridas sufridas en Cuba, era un conservador ideólogo rígido,  hoy en día soy un conservador pragmático, porque he aprendido que el conservadurismo es precisamente lo contrario, es el pragmatismo para conservar los valores establecidos, no para contribuir destruirlos con una rígida ideología.

Pero entonces era joven, y la juventud trae la inexperiencia, y me sentí muy complacido cuando el partido eligió a un conservador ideólogo como yo, escogió a Barry Goldwater.

Pero esa satisfacción duró solamente hasta que Lyndon Johnson nos dio la pateadura más grande de la historia moderna del partido, perdimos 486 votos electorales a 52, y sólo se ganaron 6 estados y se perdieron 44 y el distrito de Columbia.  ¿Qué ganamos con nuestro candidato? Una derrota para nosotros y para el país.

Desde entonces el partido últimamente se ha fraccionado todavía más, en las elecciones pasadas estaba fraccionado en tres grupos, los conservadores ideólogos rígidos, los conservadores pragmáticos y el establecimiento político.  Se escogió al mejor candidato, Mitt Romney, un hombre que de haber sido electo hubiera sido un gran presidente por su capacidad y su ideología.

Era en candidato más apropiado, era un conservador pragmático, y era visto con complacencia como candidato por el establecimiento político por su pragmatismo.

Pero el conservadurismo ideólogo se quedó en su casa y hemos tenido a Barack Hussein Obama como presidente últimos cuatro años más.

¿Han aprendido? Todo lo contrario, se han fraccionado más todavía.  Ahora todavía tenemos a los conservadores ideólogos rígidos, los conservadores pragmáticos, el establecimiento y ha surgido una cuarta fracción los radicales emocionales, que están llevando un 30% vociferante del partido al frente de la contienda, mientras el otro 70% de las fracciones de conservadores y establecimiento, se diluye entre 9 candidatos.  Cuando estudiamos esta situación vemos que estamos caminando apresuradamente a una debacle quizás peor que la de 1964.

No veo una solución a la vista, aunque la hay, tenemos un candidato, que no creo que es el mejor, al menos ni es el que más me agrada, porque es un conservador ideólogo como Barry Goldwater, pero a diferencia de Goldwater, Ted Cruz, que es este candidato, está viviendo en una época en que cualquiera le puede ganar a Hillary Clinton si logra unir el partido, sin importar su posición en una fracción determinada del partido.

Un miembro del establecimiento cómo Jeb Bush, que sería un buen presidente, no tiene el menor chance, porque el establecimiento es la fracción con menos apoyo, un conservador pragmático como Marco Rubio tampoco podría unir el partido, porque los radicales y los ideólogos no lo aceptan y se abstendrían de votar.  El Radical emotivo Donald Trump sería la debacle total en las elecciones generales porque la mayoría de los conservadores y el establecimiento no lo acepta y se abstendría de votar.  Solamente Ted Cruz que inteligentemente no ha atacado frontalmente, ha establecido opiniones diferentes pero cuidándose de atacar al monstruo,  al radical Trump, y por eso quizás pudiera lograr la unidad.

No importa que no me guste el dogmatismo ideológico de Cruz que algunas veces lo hace tomar actitudes que no nos gusta a los conservadores pragmáticos, lo importante es un candidato que logre la unidad que pueda darnos la victoria en las elecciones generales.

La unidad significa que el 19% que los radicales emocionales de Trump, en las elecciones generales salieran a votar porque aceptarían a un candidato que nunca los atacó, los conservadores ideólogos tendrían su candidato, y lógicamente saldrían a votar y los conservadores pragmáticos y el establecimiento político, cómo son políticos prácticos no se abstendrían de votar para evitar la victoria demócrata.

Esta es la solución, pero el problema es ¿Quién y cómo se le pone el cascabel al gato? ¿Cómo podemos agrupar al partido al candidato que realmente evite la debacle electoral que se acerca? ¿Cómo podemos hacerle razonar a los emocionalmente cargados radicales y a las otras fracciones que una victoria en las primarias no es más que una victoria pírrica si trae la consecuencia de una derrota histórica?

Quizás por primera vez en nuestra vida veremos algo que no se ha visto en la historia reciente, y que quizás salve a la nación.  Quizás tendremos una verdadera convención republicana, no una coronación como son últimamente las convenciones, una convención del tiempo de antes, lo que llaman un “Brokered Convention”, una convención abierta.

En la política de Estados Unidos, una Convención abierta es una situación en la que ningún candidato ha conseguido la mayoría de los delegados de la primera votación oficial para el candidato presidencial de un partido político en su nominación.  Entonces empiezan la batalla cuando los delegados quedan libres de votar por que quieran, y entonces el racionalismo puede ser que prevalezca y elijan no al que más le guste, pero al que pueda evitar la debacle de la vitoria de Hillary Clinton.

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