La función social de la ignorancia

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Salvese-quien-pueda-620x497¿Es mejor saber que no saber? No siempre. ¿Creemos que sabemos? No, ignoramos casi todo. El orden social se mantiene porque ignoramos el desorden que supone. Cada uno sólo conoce una parcela del mismo. Es fácil que cada uno sepa mucho de la corrupción que existe en su respectivo municipio, su campo profesional. Sin embargo, desconoce si eso mismo existe fuera de su respectivo círculo. El desconocimiento de la realidad contribuye a que la gente no se exalte, se mantenga en orden. La paz social se asegura todavía más con una buena ración diaria de fútbol.Una forma muy socorrida de vencer la ignorancia consiste en presentar la realidad como datos, a poder ser, estadísticos. (Que conste que la palabra estadística no procede del Estado sino de los estados o cuadros numéricos). Es general el fetichismo de los números: creer que de esa forma todo es certero. Qué difícil se hace manejar los datos estadísticos con precisión.

Tomemos el ejemplo de las estadísticas laborales. Nos las sirven con un detalle decimal. Por ejemplo, “el desempleo va a bajar dos décimas este trimestre”. No deja de ser una superchería estadística. Ni siquiera con cantidades redondeadas al entero más cercano el dato sería de utilidad. Seguimos ignorando cuántos parados hay realmente. La razón es que son muchos más los parados oficiales que trabajan en la economía sumergida. Sería mejor llamarla fiscalmente oculta u opaca.

Es conocida la crítica de los sindicalistas a las cifras oficiales de empleo: “Muchos empleos son contratos basura”. Es parte de la verdad, pero también hay muchos nuevos contratos, por ejemplo, de 10 horas semanales. Detrás de ellos está la realidad de que la carga de trabajo llega a las 50 horas semanales y el trabajador percibe un sobresueldo en negro o por lo bajo. Es una práctica cada vez más frecuente.

El peor desvío de las estadísticas laborales descansa en la creencia de que “el gobierno crea X puestos de trabajo”. No es así. Los empleos se crean porque la sociedad se organiza bien y logra aumentar la productividad. Los gobiernos pueden intervenir para facilitar ese proceso, pero también pueden obstaculizarlo.

El mayor obstáculo para la creación de empleos productivos (ahora se dice “sostenibles”) es la fabulosa expansión en el número de controles, papeleos, regulaciones, inspecciones, etc. Ahí encontramos la definitiva causa de un desempleo tan elevado. Por ese lado, resulta más bien que el Estado impide la creación de empleos productivos.

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