La Habana y sus flores nocturnas

Por Ramon Muñoz Yanes

jineteToda ciudad que se precie de este mundo tiene putas y hasta en el pueblo más pequeño, tiene al menos una. La prostitución nace con la humanidad y el best seller con más tiradas de la historia, La Biblia, hace eco de ella. A un sitio sin putas cómo que le falta algo, son parte de la cadena biológica, un eslabón más y La Habana, ciudad misteriosa y con un climaterio espiritual de cinco décadas, no prescinde de ellas porque siempre las tuvo, cómo cualquier urbe cosmopolita.

Con tantas putas en el mundo no me explico cómo no hay un índice en Wall Stret que las tenga en cuenta cómo el Ibex – 35, el Dow Jones o cualquier otro, si las putas de este mundo se unieran y cotizaran en la bolsa, harían palidecer hasta el mismísimo Amancio Ortega. Muy bien podrían crear un índice con un nombre atractivo que ocupara un renglón más de las principales bolsas del planeta, que bien podría ser algo así como el Bloomers Down. (Bragas abajo) para los hispano parlantes. La Bolsa tendría más atractivo y todos estarían más pendientes de sus oscilaciones. Cualquiera de nosotros podría hojear las páginas de servicios sexuales del periódico, mientras desayuna frente a su esposa y si ella preguntara, la respuesta sería hasta elegante: – Aquí amor, mirando los cambios en la Bolsa -.

La Habana siempre tuvo putas y alguna llegaron a pasar a la historia como la famosa Macorina, que motivó una antológica guaracha. También tuvo su chulo más famoso que ha llegado hasta la gran pantalla, el nunca bien ponderado Yarini. Tras 1959 y el atajo de falsas promesas de la nueva cohorte de “guajiros verdeolivo” al conquistar la república, entre las cuales estaba la de acabar con la lacra de la prostitución, cómo que la capital perdió algo. Mary Welsh, la última esposa de Ernest Hemingway al regresar a La Habana muchos años después y visitar el Floridita lo notó y dejó constancia de ello: “El Floridita ya no es el mismo, le falta las grandes puertas abiertas a la calle y las putas”. No puede sobrevivir una ciudad sin putas, pero lo que no pudo ver la viuda del escritor de El Viejo y el Mar, fue que las putas habaneras habían seguido las instrucciones partidistas de formar parte del glorioso “pueblo uniformado” y usaban camuflaje.

En Cuba tuvimos que llamarles “jineteras” porque su ancestral nombre de puta, era algo con lo que el partido comunista no estaba de acuerdo y cómo todo desacuerdo sonaba a contrarrevolucionario, se les bautizó cómo jineteras, indudablemente en alusión a jinete, cabalgar a horcajadas o cómo llamamos en la ínsula con un toque romántico que nos recuerda la espada, al acto sexual, “templar”.

La prostitución cómo todo renglón económico legal o ilegal, también está sujeta a la economía y en Cuba sufrió los embates de la hambruna llamada afectuosamente por el gobierno cómo Período Especial, cuando en realidad ha sido lo menos “especial” que ha sufrido el pueblo cubano. Las putas o jineteras ya no volvieron a ser las mismas.

La primera oleada de esculturales jóvenes que tomó por asalto el malecón habanero y que alegraba la vista de los automovilistas comenzó a desaparecer, se casaban con algún ligue extranjero y dejaban la isla. Fueron sustituídas por otras de la periferia de la capital, menos vistosas, pero también se fueron casando y buscando un futuro sin penes allende el malecón. La última oleada comenzó a aflorar con una característica particular, eran putas provincianas, literalmente campesinas de falda corta comenzaron a poblar la célebre arteria capitalina y las identificábamos fácilmente pues caminaban igual que los policías, también provincianos. El que nace en la campiña, aunque emigre al mismísimo París, tiene un toque al caminar cómo si fuera saltando surcos que no pierde el resto de su vida y todo buen observador lo reconoce. Una puta que camina cómo un policía pierde atractivo.

Por estos días, el ICAIC emitía un comunicado dónde mostraba su desconcierto por la afirmacíón del realizador hispano del filme El rey de La Habana, Agustí Villaronga de que Cuba se había convertido en el burdel de Europa. El hispano se quedo corto, ya descubrieron agua en Marte y si existe algún marciano y la desastrosa revolución sigue su curso, no tardarán en pasearse por el malecón del brazo de alguna mulata, los extraterrestres.
R. Muñoz.

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