La histeria liberal quiere juicio a Trump pero la realidad dice que es casi imposible

Por Carlos Carballido

El Partido Demócrata y su ejercito de medios de Comunicación gastan casi 24 horas en sus desesperados gritos para conducir al presidente Donald Trump a un juicio político , que se basa  en la posible vinculación del mandatario con el gobierno ruso y mas recientemente, con el filtrado de información de inteligencia al embajador de ese país europeo.  La insistencia es casi esquizofrénica pero la realidad dice que  a menos que suceda otra cosa, esos argumentos no construyen ningún caso para un tribunal.

El camino para el llamado impeachment (juicio político) , no es tan fácil como cacarea la bancada demócrata y sus periodistas ya que hasta el momento el presidente Donald Trump NO  ha sido acusado FORMALMENTE de cometer un acto criminal que sería el primer requisito para proceder en tal demanda .

La primera excusa que desesperadamente buscó la prensa fue el despido del Director del FBI, James Comey,  el supuesto memorándum que nadie ha visto todavía y que inculpa a Trump de pedir que desestimara la investigación sobre el General Flynn. Sin embargo, para que prospere una acusación de obstrucción de justicia tendría que demostrarse que Trump actuó con intenciones corruptas, lo cual puede ser complejo sobre todo en un Gran Jurado.

El otro gran problema es que para abrir un  impeachment se requiere el voto de una mayoría de la Cámara de Representantes, mientras que para destituir al presidente son necesarios al menos dos tercios de los votos de los senadores condenándolo. Y por ahora ambas cámaras están dominadas por mayoría Republicana. Tradicionalmente tanto Congreso como Senado han sido en extremo cautelosos para abrir un juicio político y de hecho, hasta ahora jamas se ha destituido un presidente por tal motivo.

Tanto prensa liberal como Demócratas  gritan a todo pulmón  citando datos históricos, pero una revisión de la historia indica que los dos antecedentes más recientes de procesos de impeachment abiertos contra mandatarios de EE.UU. incluyeron cargos de obstrucción de la justicia: a Richard Nixon en 1974 y a Bill Clinton en 1998. Ninguno de los dos procesamientos , pese a terremoto político que provocaron , lograron la destitución. Nixon se retiró antes y Clinton logro absolución del Senado 

El otro antecedente es el juicio político a Andrew Johnson en 1868, por intentar sustituir a un miembro de su gabinete sin el aval del Senado,lo cual es inconstitucional pero que fue desestimado por solo un voto de diferencia.

Como diría el académico y periodista Andrew Maccarthy: Los demócratas tienen un estómago de hierro fundido y un celo impropio de agitación. Están listos para construir un caso. Todo lo que les falta es un caso

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