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Published On: Mar, Jun 17th, 2014

La injusticia de la justicia

Por Nancy Pérez-Crespo

 

Tomas Ramos. Preso político cubano en un limbo

Tomas Ramos. Preso político cubano en un limbo

Estados Unidos en un país de leyes, y de leyes que se cumplen de tal manera que resulta difícil probar que con la aplicación ciega de una de ellas, en determinado momento, se está cometiendo una injusticia.

Tal es el caso de un grupo de expresioneros políticos cubanos que al término de sus condenas se encuentran en un limbo existencial.

Estos hombres fueron acusados por la dictadura cubana de entrar ilegalmente a su propio país con la intención de cometer acciones armadas y actos terroristas.

Sus historias son similares a las de muchos exiliados. Ellos buscaron amparo en los Estados Unidos después de salir de las cárceles castristas pero, en un momento dado, decidieron regresar a su país de nacimiento sin pedir permiso a los dictadores. Algo que en cualquier país del mundo es natural, menos en Cuba. Esa acción es castigada y lleva pena de cárcel porque siempre viene acompañada por el consabido delito de terrorismo por participar en acciones armadas contra el Estado. Si sus intenciones eran hacer daño al régimen eso a nadie le consta porque, fueron apresados y acusados por un gobierno ilegítimo basado en leyes espurias.

En la actualidad los exprisioneros son constantemente acosados por la Seguridad del Estado y no pueden regresar a los Estados Unidos, a pesar de que son residentes legales, porque el régimen comunista de Castro los acusó de terroristas y esta administración considera que lo son. Razón por la que le niegan la entrada a este país.

Los testimonios de estos exprisioneros causan amargura y preocupación, pero además nos obligan a sopesar leyes y acciones que se toman, muchas veces, a la ligera pero que puede tener alcances muy adversos.

Uno de estos hombres, Tomás Ramos, no tiene documentos de identificación porque les fueron decomisados durante su arresto y arbitrariamente no se los han devuelto.

«Nosotros siempre somos perseguidos», dijo Tomás Ramos.«Nos vigilan todo el tiempo. La vida de nosotros en Cuba no vale nada. Nos pueden matar cuando ellos quieran», añadió. Aquí «no soy nadie». «Trabajo legítimo, ningún opositor puede encontrar. (…) He sido arrestado y golpeado tantas veces que ya ni me acuerdo» afirmó Ramos.

Su caso es similar al de los otros miembros del grupo. Él había estado encarcelado en Cuba en los años 60 y 70, por su activismo anticastrista. En 1989 se refugio en Miami y un año después regresó a Cuba junto a algunos exiliados, miembros del Ejército de Liberación Cubano. El régimen acusó al grupo de era parte de un plan para matar a Fidel y Raúl Castro y a otros funcionarios. Pruebas, no tuvieron, ni las necesitaron. Todos fueron condenados. 

Ellos reprochan la actitud de la administración norteamericana porque otorga visados a funcionarios y torturados del régimen cubano mientras se los niegan a ellos por acusaciones hechas quizás hasta por esos mismos funcionarios y torturadores castristas.
De las 21 personas del sur de la Florida que fueron encarceladas con acusaciones similares, quince están en Cuba, ocho de ellos aún en prisión y siete en este limbo migratorio. Otro ya murió y a dos se les permitió regresar a la Florida porque eran ciudadanos estadounidenses.

Algunos han admitido haber entrado ilegalmente en Cuba con armas y planes de atacar o sabotear blancos gubernamentales. Otros afirman que viajaron a entregar suministros o información.

Egberto Escobedo Morales, miembro del Comité Internacional de Presos y Ex Presos Políticos Cubanos en La Habana, dijo que las condiciones de vida de los prisioneros por cargos de terrorismo son “horribles” tanto en la cárcel como fuera de ella. Son enviados con frecuencia a las peores prisiones, donde los guardias los tratan con una brutalidad especial, señaló Escobedo, quien cumplió 15 años y medio por tratar de promover una revuelta militar en 1995. Algunos «se enfermaron de los nervios por las golpizas constantes», y los carceleros les negaron alimentos y atención médica» aseguró. 

Jesús Manuel Rojas Pineda, que huyó de Cuba durante la llamada “Crisis de los Balseros” fue capturado en ese mismo año 94 y liberado en 2013, dijo que la policía le quitó su documento de estadía condicional de Estados Unidos. Vive en Matanzas con su hija desde que lo liberaron. «No tengo papeles americanos y no tengo papeles cubanos. No soy nadie», dijo.
Tomás Ramos que padece del mal de Parkinson dice que se mantiene decidido en su oposición a los Castro y consideró que la SINA es «una guarida de agentes de la Seguridad cubanos», y razón no le falta porque muchas de sus funciones son manipuladas por empleados contratados a través de la dictadura cubana.

Fichados como terroristas por los Castro y por la administración norteamericana, estos hombres se encuentran atrapados entre un régimen totalitario que no les otorga derechos y un gobierno que aplica la ley, que en esta ocasión aparece con los ojos vendados. Porque no tiene lógica que otorguen visas a esbirros castristas que llegan aquí y al año y un día se acogen a la ley de ajuste cubano y al final, muchos de ellos resultan ser espías. 

Es necesario recordar que cuando el fracaso de Bahía de Cochinos o de Playa Girón (como le dicen ellos) los brigadistas regresaron a esta tierra a través de un canje. Ellos también fueron tildados por el régimen cubano de «mercenarios». No, no eran mercenarios, eran patriotas cubanos que querían liberar a Cuba de las garras del comunismo.

Alguien va a tener que quitar la venda que cubre los ojos de nuestro sistema judicial para que pueda ver que más allá de la letra de la Ley, está el espíritu de la Ley o la epiqueya, que es su nombre teórico, porque los burócratas acaban por olvidar esa «epiqueya» y se limitan a aplicar el texto de la ley: van por el camino fácil, pero acaban siendo injustos al prescindir de su espíritu.

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