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Published On: Lun, Sep 4th, 2017

La lucha contra la Burocracia

Por Alberto Pérez AMENPER

oda la burocracia tiene, necesariamente, un volumen inusitado de papeleo, de copias adicionales de formularios y de comunicaciones.

Las normas y reglamentos dejan de ser medios y se transforman en objetivos. Se vuelven absolutos y prioritarios: el empleado asume un rol rígido y olvida que la flexibilidad es una de las principales características de cualquier actividad racional.

El funcionario se vuelve simplemente un ejecutor de rutinas y procedimientos, que llega a dominar con plena seguridad. Cuando surge alguna posibilidad de cambio o algo imprevisto dentro de la organización, al ser algo nuevo y desconocido se percibe como potencialmente peligroso y una amenaza para la tranquilidad de los miembros institucionalizados.

Esto es lo encontramos cuando vamos a una oficina pública para una gestión de rutina, y se traba en la rigidez de la burocracia. ¿Quién no ha tenido esta experiencia?

Quien decide es siempre aquel que ocupa el puesto jerárquico más alto aunque nada sepa acerca del problema en cuestión. Cuanto más se utiliza la jerarquización en el proceso de decisión, menos se buscan alternativas de solución diferentes porque mientras más alta es la posición jerárquica más tiene que ajustarse a las regulaciones burocráticas existentes.

El funcionario pasa a hacer lo estrictamente contemplado en las normas, en los reglamentos, en las rutinas y procedimientos impuestos por la organización. Se pierde la flexibilidad necesaria.

Las causas de las disfunciones de la burocracia residen básicamente en el hecho de que ésta no tiene en cuenta la llamada organización informal, ni se preocupa por las diferencias individuales entre personas que necesariamente introducen variaciones en el desempeño de las actividades.

Entonces, ¿cómo se puede luchar contra la burocracia?  Todos los que hemos vivido en países latinoamericanos sabemos cómo saltar los escollos de la burocracia….”El soborno”

Pero no es el individuo privado el que provoca el soborno, es la burocracia la que provoca la iniciativa que las personas opten por incurrir en actos de corrupción.

En un sistema cómo existía en la Cuba de antes, y existe en muchos países actualmente, tanto el ciudadano privado como las empresas, se ven ante la realidad que en un entorno de productividad y competencia, el tiempo es dinero.  Esto los lleva a que cuando el tiempo que toman los trámites burocráticos es muy largo, prefieren dar alguna dádiva o algún “regalito” como prefieran llamar al soborno con la finalidad de que el trámite sea mucho más rápido.

Pero cuando la rigidez de la burocracia está ligada con un sistema político como son los países con un sistema totalitario comunista, en que la aceptación de un soborno puede causar el resto de su vida en la cárcel, no hay alternativas, los trámites burocráticos con sus demoras crean una distorsión administrativa que afecta toda la función de las operaciones más sencilla.

Mientras mayor es la burocracia en un país, más difícil es que avance la economía y mayor es la dificultad del ciudadano de resolver los problemas que se le pueden presentar.

Cuando miramos este asunto de la burocracia, el soborno y el totalitarismo, podemos entender por qué países como Méjico, donde el soborno es el pan nuestro de cada día, a pesar de la corrupción se puede mal vivir mejor que en un país como en Cuba.

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