La Momia en guayabera y la Putica Platanera.

Una de las Momias emblemáticas de la izquierda caviar ha salido en una foto sin enterarse siquiera, acompañado de una de sus tristes puticas plataneras. La Putica Platanera le puso su cuerpo en bandeja a la Momia desde los doce años -según ella misma se ha encargado de regar-, en tríos, cuartetos, y sextetos que nada tenían que ver con Ignacio Piñera. La Putica Platanera que tal como afirma Güicho, “sólo escribe cuando la tiene dentro”, no siempre fue escritora, no. Mimética como siempre ha sido, primero ansió ser poeta como la progenitora de esa plaga llamada Putica Platanera, luego actriz, después pintora. Tras tantos fracasos juntos y gracias a darle de mojar el mocho en forma de jicotea en su tintero o “chocho mal lavado” a la Momia con guayabera mexicana pudo entrar en la Meca del cine latinoamericano, la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (ya me dirán ustedes qué tiene eso de Meca, pero así son las cosas que se inventan en Cuba, deberá ser el fanatismo religioso). Estudió allí y comió espaguetis con Coppola, que ahora nos enteramos que en lugar de dar clases a los estudiantes extranjeros, que pagaban sus estudios en divisas, bastante caro, por cierto, lo que recibían eran raciones de espaguetis hervidos por Coppola; qué simpático, qué provechoso, qué útil para un cineasta.
Pese a todas sus triquiñuelas y traquimañas, la Putica Platanera, singante donde las haya con informantes contra ellos mismos, no se hizo cineasta, qué va, pero de todos modos llegó a realizar un documental. Y para colmo se le metió entre ceja y ceja, siempre mimética, el convertirse en escritora, novelista para más inri. Y ahí anda, folkloreando de lo lindo, envuelta en tules, celofanes, o sea, imitando lo que no llegará a ser jamás. Se atreve y cacarea que en Cuba el racismo no es “política” del “gobierno”, ah, vaya; ignorando a Orlando Zapata Tamayo, a Sonia Garro Alfonso, a Alejandro Muñoz, y a tantos negros que viven hacinados y acorralados en Cuba. ¿Habrá visto la película ‘Una noche’ de Lucy Molloy, ella que tanto se interesa en el cine? La Putica Platanera, como la ha llamado un amigo, dictamina, como buena comisaria tapiñada que es, que sólo se puede escribir de Cuba desde Cuba. Rectifico, sólo se puede escribir del castrismo desde el castrismo, que es lo que ella hace. Y de tal modo la invitan a los Festivales y Ferias del Libro, les producen películas a ella y a otros tapiñados del castrismo. Pero claro, ella les lleva ventaja, ella se sacrificó en cuerpo y alma, de manera vehemente, aliviándole la “pingustia” (la palabra es de la Putica Platanera, no mía) a la Momia en guayabera.
Yo pregunto, ¿es eso la literatura? Claro que no. Y otra pregunta: ¿por qué de las películas basadas en novelas de escritores cubanos no hay ni una sola inspirada en un escritor cubano del exilio?  Que yo recuerde, el cine chileno, el argentino, el boliviano, todas las películas que se producían en Cuba, y hasta los clavos de Glauber Rocha (confieso que a mí me gustaban estando en Cuba, pero ahora ya es otra cosa, las he visto todas de nuevo y no sé qué clase de chícharos comía yo que me permitían entender y admirar semejantes bodrios), post-producidas en Cuba, con el dinero del pueblo cubano, eran películas contestatarias, en contra de las dictaduras, basadas algunas en obras de escritores exiliados. No creo que la Putica Platanera ni la Momia puedan ofrecer alguna explicación al respecto, de por qué no se producen películas basadas en los libros de escritores cubanos exiliados; de ninguna manera, ellos forman parte del entramado, de la intriga, de la componenda, en una o dos frases: de la traición al pueblo cubano, de la estafa a los lectores y futuros espectadores. Allá ellos, yo como no soy ni lo uno ni lo otro…. Además, mi médico me prohibió el chícharo.

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