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Published On: Mar, Dic 24th, 2013

La Navidad de 1959

rcetasPor Tania Quintero
En el blog he recordado los días navideños antes de que llegara el comandante y ordenara acabar con la ‘diversión’.

De golpe, el Gobierno Revolucionario no eliminó las Navidades. En 1959, Bohemia y Carteles, las revistas de mayor circulación, dedicaron sus portadas a la más importante festividad del mundo cristiano. Eso sí, cubanizadas, como el cartel Navidades para un niño cubano, impreso por la Dirección General de Cultura, con tres Reyes Magos pintados por René Portocarrero encima de unas lomas con tres palmas y un bohío.

Además de cubanía, en 1959 la publicidad hacía hincapié en el ambiente de fiesta y libertad. En un anuncio, Matusalem proclamaba que era el mejor ron para divertirse esos días. Y Coca-Cola felicitó así, con minúsculas, al pueblo cubano: la cía. embotelladora coca-cola s.a. se regocija con el pueblo de cuba por el resurgimiento de las libertades democráticas en nuestra patria. Al final, en un círculo, el logo de una de las marcas de refrescos más consumidas en Cuba antes del 59. El breve saludo de Coca-Cola ocupó una página completa de la Edición de la Libertad que hizo la revista Bohemia en 1959.

En internet he encontrado testimonios interesantes sobre la primera celebración de la Navidad después que el Ejército Rebelde se hiciera con el poder en Cuba. Aleida Durán en Cuba en Navidad: hubo 28 años de prohibición y 500 de celebración (Revista Contacto, 4 de diciembre de 1998), rememoraba: “En los primeros días de diciembre, Castro había tratado de eliminar una imagen supuestamente ‘ajena a Cuba’, Santa Claus. Sería sustituida por una figura similar a la de la clásica caricatura cubana de Liborio: un ‘guajiro’ vestido de guayabera, sombrero campesino y barba, a quien llamarían Don Feliciano. No fue posible: chicos y mayores rechazaron a Don Feliciano. El día 24, sin orden ni listado, camiones militares recorrieron los barrios pobres entregando paquetes de alimentos navideños: carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones, golosinas”.

Sobre las segundas ‘Navidades libres’, en 1960, Durán escribía que habían sido distintas a las anteriores: “Con el título Jesús del Bohío se representaba la Navidad en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana. Los tres Reyes Magos eran Castro, el Ché y Juan Almeida, el único hombre de raza negra en una alta posición dentro de la revolución. Ellos llevaban como regalos la Reforma Agraria, la Reforma Urbana y el Año de la Educación, que sería el próximo”.

Firmada por Sergio (tal vez obra del pintor Sergio López Mesa, La Habana 1918-California en 2004), la postal Felices Navidades Cubanas con buena lectura, saludaba los Festivales del Libro Cubano, un total de 250 mil ejemplares impresos con papel de bagazo de caña. Entonces se pusieron a la venta libros de autores que posteriormente serían ignorados o censurados, como Por qué, de Lydia Cabrera (1899-1991) y una selección de los mejores cuentos de Lino Novás Calvo (1903-1983).

También en 1959, el Ministerio de Educación editó el libro Recetas Cubanas, de 119 páginas. Su introducción decía: “En estas primeras Navidades Cubanas no podía faltar un libro de recetas cubanas que instalará en las cocinas de nuestras jóvenes mujeres de las ciudades, los viejos platos que todavía en extensas regiones del país se conservan y son parte de nuestra nacionalidad”. Gracias al blog El archivo de Connie, realizado por mi amiga Anna Veltfort, ilustradora de profesión, residente en Nueva York, he podido conocer su contenido.

Entre las recetas encontramos dos variedades de ajiacos, de Cárdenas y Puerto Príncipe. Sopa cubana, gazpachada (con casabe) y migas de gato (una variante del fufú con plátano verde y chicharrones). Arroces, a la criolla, con gandul y con tasajo de Camagüey. Empanadas orientales con maíz y ajíes rellenos con maíz. Quimbombó con plátanos, frituras de ñame, bolas de boniato con tasajo o chicharrones y frijoles negros pascuales (con pimientos morrones).

Pierna de cerdo mechada con jamón y ciruelas pasadas, bistec en cazuela a la criolla, bistec en rollitos, salpicón y pavito relleno. Pescado a la cubana (con un pargo de 5 o 6 libras), langosta enchilada y camarones empanizados a la duquesa. Huevos a la habanera y salsas, guajira, encebollada y esmeralda.

Postres cubanos: bien me sabe, que es una panetela, cusubé, catibía, bocado habanero, atropellado (coco con boniato) y matarrabia (mi madre le decía ‘malarrabia’ y lo hacía con cuadritos de boniato y coco). Chayotes rellenos, alegrías de maní o ajonjolí, dulce de leche en cajoncitos, frangollo (como lo hacen en Bejucal). Boniatillo seco, brazo gitano de yuca, maicena de guanábana, matahambre, masareal de guayaba, pudín de calabaza, flan de naranja, polvorones criollos, palanqueta de Sancti Spiritus, pastelón camagüeyano y chocolate pinarense, que no lleva chocolate, si no maní.

Entre los nombres más novedosos: El cura se desmayó, berenjenas rellenas con arroz de grano corto, previamente sazonado con ajo, cebolla, tomate, ají, orégano o comino y pimienta, se espolvorea con queso rallado. Arroz sin compadre, con ajo, cebolla, ají verde y perejil bien picadito. Cerence, versión oriental del tamal en cazuela. Sopa de casados, una especie de panetela borracha y tortilla de regalo, un postre a base de yuca, coco, huevos, azúcar y nuez moscada, entre otros ingredientes.

Cincuenta y cinco años después, ese libro es una muestra de que antes de la llegada de los barbudos al poder, los cubanos se alimentaban bien, con comida típica y sabrosa. Por ello, duele saber que en la isla hay personas cuyo mayor sueño es poder comerse un bistec.

Tania Quintero

Foto: Portada del libro Recetas Cubanas, editado por el Ministerio de Educación en 1959, para celebrar las Navidades del ‘año de la liberación’.

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