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Published On: Mar, Feb 25th, 2014

LA PROFANAMOS NOSOTROS.

burning cuban flag

 

Andres Alburquerque.

No puedo decir que ver como queman o rompen la bandera cubana en las calles de Caracas o alguna otra ciudad venezolana sea un espectaculo que me agrade observar. Preferiria que las cosas no hubieran llegado hasta ahi, pero tampoco me lo tomo tan a pecho ni dire nada contra el pueblo de Bolivar.

La bandera que los venezolanos queman no es la de Maceo y Marti sino la de los hernamos Castro, la del monton de ancianos dementes que se niegan a largarse luego de decenios disfrutando los privilegios de una dictadura jamas cuestionada, la de Silvio Rodriguez y Omara Portuondo, la de Alberto Juantorena, la de cientos de extranjeros que colaboran con el regimen por prebendas economicas o por la posibilidad de ocultar lo esteriles que son intelectualmente, la del pestilente y sanguinario argentino que fusilo a no pocos compatriotas, la que se plego a la hoz y el martillo, la que dio la espalda a Dios, la del policia negro que reprime a un ciudadano de su mismo color para congraciarse con la cupula racista. La del militar represivo que trata de sofocar la rebeldia de un pueblo en tierra ajena, pero que con ademan agil huye si en su contra se avecina la 82 da Division Aerotransportada dando rienda suelta a la mofa vernacular.

La bandera que queman en Venezuela es la de mis peores pesadillas y mis mas crudos remordimientos, la del oscuro momento en que un pueblo indigno emboco el camino equivocado por envidia y holgazaneria y tiro por la borda 50 anos de prosperidad para sumergirse en el paramo del comunismo y del culto a la personalidad.

No, en Cuba no hubo jamas rebelion ni juventud en la calle contra el Caligula tropical que con la ayuda de los trasnochados del Departamento de Estado se hizo con el poder el 1959, en la isla solo se dieron aislados casos de honrosa rebeldia sofocados por la mano del caudillo y la indiferencia de todos nosotros. La bandera quemada es aquella de los que todo lo critican pero no hacen nada, de los que crean division y se prestan al juego del gobierno de La Habana. La otra, aquella de los proceres quienes la profanamos somos nosotros, el pueblo pusilanime que aun en la peor hora busca cualquier excusa para no asistir a su cita.

 

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