La verdad no cambia

Por Alberto Perez Amenper

constitucionLa verdad no cambia, cuando cambia no es la verdad. Esto es cierto ahora,  como lo fue en 1944 cuando Friedrich Hayek escribió su libro,  “El camino de servidumbre”:

Cuando la verdad de la palabra en sí misma deja de tener su significado antiguo.

Ya no describe algo que se encuentra, con la conciencia individual como el único árbitro de si, o en cualquier caso la evidencia (o el prestigio de los que la proclaman) garantiza una creencia; entonces se convierte en algo que se establece por la autoridad, que tiene que ser creído en aras de la unidad del esfuerzo organizado y que tenga que ser alterado como lo requieren las exigencias de este esfuerzo organizado.

El clima intelectual general que esto produce, el espíritu del cinismo completo en cuanto a la verdad que lo engendra, la pérdida del sentido del significado de la verdad, la desaparición del espíritu de investigación independiente y de la creencia en el poder de convicción racional, incluso la manera en que las diferencias de opinión en cada rama de conocimiento se convierten en cuestiones políticas que se decidió por la autoridad , son todas las cosas que uno debe experimentar personalmente —una breve descripción no puede transmitir su grado. Quizás el dato más alarmante es que el desprecio para la libertad intelectual no es una cosa que se presenta sólo una vez establecido el sistema totalitario, pero que se puede encontrar en todas partes entre los intelectuales que han abrazado una fe colectivista y que son reconocidos como líderes intelectuales incluso en los países todavía bajo un régimen democrático.

La tragedia del pensamiento colectivista es que mientras que empieza convertirse en la razón suprema, termina por destruir la razón porque el precitado el proceso del que depende que es el crecimiento progresivo de la razón.

De hecho se puede decir que esta es la paradoja de toda doctrina colectivista y su demanda para el control “consciente” o “inconsciente” de planificación que conducen necesariamente a la demanda que debe gobernar por la mente de algún individuo Supremo, mientras que sólo el enfoque individualista de los fenómenos sociales nos hace reconocer las fuerzas súper individuales que guían el crecimiento de la razón.

Individualismo es así una actitud de humildad ante este proceso social y de la tolerancia de otras opiniones y es el contrario exacto de esa arrogancia intelectual que está en la raíz de la demanda para la dirección global del proceso social.