Las legiones de crédulos mexicanos

Por COVERCHAIROMETROMarco Levario Turcott

Hay legiones que están dispuestas a creer lo que sea si eso se adecua a… sus creencias, es decir, si un ser miserable propala que el joven que increpó a Miguel Mancera fue encontrado muerto siempre habrá quien le crea y entonces ese alguien también lo difunde además como marca indeleble de su lucha contra la represión.

Pongamos otro caso: unos editores se creen muy perspicaces y consideran que esa “perspicacia” no es un factor más para la valoración periodística sino que “la perspicacia” se difunde así tal cual, y la despliegan:

“Difuminan a Mancera en las fotos de Presidencia”, con lo que sugieren (ese tipo de periodismo siempre sugiere) que desde Los Pinos se habría tomado la pueril decisión de desdibujar la imagen del jefe de gobierno de la Ciudad de México porque entre él y el Ejecutivo hay pleito; eso ocurrió en el sitio de Aristegui y fue difundido profusamente por sus lectores (y actores interesados en defenestrar a Mancera); el problema es que la perspicacia falló, tan es así que como advirtió Angélica Recillas García, los hacedores del portal quitaron la información sin dar explicaciones ni ofrecer disculpas a sus lectores, quienes tampoco se las piden (tal vez creen que la lucha por la patria admite errores que no deben resaltarse para no dar armas al enemigo, o algo así), aunque seguro hay quienes no advirtieron la pifia y dieron por hecho, vale decir, creen en el supuesto encontronazo y en el supuesto acto autoritario y tonto emanado de la oficina de la Presidencia.

Muchas personas creen y, creen que en el antes reputado The Guardian leyeron fuertes declaraciones de una hija de “El Chapo” que resultó no ser hija del capo; creen que la periodista Lydia Cacho fue amenazada de muerte en Facebook porque lo publicó Proceso y aunque la misma señora Cacho corrigiera a la revista y señalara que ella no tiene cuenta en esa red social.

Las legiones creen, por ejemplo que un hombre apellidado Salinas dirige la vida de todos los mexicanos, que Felipe Calderón es alcohólico y que su esposa hace unos días insultó a los pobres o que Andrés Manuel López Obrador es de izquierda; que Televisa determinó nuestro voto, que el IFE o el INE siempre actúa en favor de la mafia del poder, que las vacunas son un invento de las grandes farmacéuticas internacionales, que cualquier cosa en la que ellos no crean son en realidad cortinas de humo o una estratagema perversa para distraerlos de la causa de salvar al país.

Mientras escribo todo esto y veo que la lista de ejemplos me podría llevar a escribir unas diez cuartillas, caigo en la cuenta de que hace 47 años el hombre piso la Luna por primera vez, y que a pesar del tiempo que ha pasado, todavía hay legiones como esas a las que recién me referí que, en contraste con sus profesiones de fe, no creen en ese hecho maravilloso. Son perspicaces: creen que este es un invento del imperialismo o una estratagema internacional para distraernos de no sé qué.

Eso me parece trágico. No comprenden, no pueden hacerlo según sus referentes mentales y emocionales que todo lo reducen a un complot o una conjura, que hace casi medio siglo la especie humana dio uno de los grandes pasos en nuestra historia. Sí, nada menos que luego de haber contemplado durante siglos a las estrellas, se internó a la apasionante aventura de comprender mejor el Universo.

(Los creyentes creen en el destino que le dictan los astros o el que les depara el demiurgo en el cielo o desde la tierra, en la política y desde los medios de comunicación. Son fieles)

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