Libertad de elegir: el derecho que desconoce Fabiola Santiago del Nuevo Herald

Por Reynaldo Soto Hernandez

fabi watchSeñora Fabiola Santiago, leyendo un artículo suyo en el que entre otras muchas expresiones torpes dice lapidariamente: “Los seguidores cubanoamericanos de Donald Trump sufren de lo que podría llamarse el síndrome de supremacía cubana”, puedo darme cuenta de que usted, con los mismos desdén y soberbia que le achaca a Donald Trump, trata de ridiculizar o de anular con la pura fuerza de la palabra, la inteligencia colectiva de un conglomerado de individuos que como usted, no hacen otra cosa que tratar de expresar su preferencia política en favor del candidato a la presidencia de los Estados Unidos contrario al que usted ha decidido que tiene que ser electo solo porque usted lo prefiere.

Me gustaría decirle y espero que esto no me lance directamente bajo la trituradora de su cólera fácil y exaltada, que acá del otro bando también hay gente que piensa, que reflexiona sobre lo que acontece en derredor y que está firmemente convencida, sin la maldad y la doblez que usted velada y un poco tal vez malvadamente les achaca, de que el candidato Donald Trump puede ser la mejor opción para los Estados Unidos, a pesar de todos los calificativos peyorativos con los que intentando desprestigiarle termina usted desprestigiándose.

Porque decir, como citándose a sí misma apunta en el último párrafo de este artículo, que la persona seleccionada por un sector importante y amplio del pueblo norteamericano para que les represente en las elecciones, sería el “chusma en jefe”, en caso de resultar electo presidente, es para usted, una supuesta representante de las bellas letras, lo mismo que dispararse en el pie. Esas expresiones de verdulera podrían sonar muy pintorescas en otro lugar, pero dichas con total desparpajo en una columna periodística, abren una interrogante muy grande sobre la seriedad de quien escribe y sobre su capacidad para contribuir a la formación de opinión pública, que es lo que se espera de un columnista.

Debo decirle que no he leído muchas otras cosas escritas por usted, por lo que no tengo ahora mismo elementos para dilucidar si esa forma poco refinada de expresarse obedece a su estilo personal, o si es solo una consecuencia temporal de la nauseabunda campaña desatada por la prensa contra el candidato republicano y sus seguidores, llena de descalificativos tan bajos, tan viles, tan malvados y de una bastardía moral tan a toda prueba, que ni Donald Trump, a quien usted acusa de ser un chusma, ni siquiera los más cáusticos representantes de la extrema derecha, se han atrevido a utilizarlos de manera tan generalizada e infame contra los seguidores de la Clinton.

¿Qué tal que si así como ustedes de una manera absolutamente irresponsable han tildado a todos los seguidores de Trump como blancos racistas e ignorantes, alguien del bando contrario dijese que todos los seguidores de la Clinton son los negros delincuentes de los guettos, las madres, las abuelas, las esposas y los hermanos y tías de los negros delincuentes presos por robar y matar?

¿Que tal si alguien dijera que son los vándalos que intentaron destruir la ciudad de Ferguson en defensa de un delincuente muerto cuando pretendía asesinar a un policía, como lo demostró una investigación federal?, ¿o los que se lanzaron a arrasar Baltimore, robando y destruyendo los negocios de sus propios vecindarios?
En el bando de Trump, señora Santiago, como en el otro lado, hay de todo. Lo mismo pasa con el colectivo de cubanos al que usted ha pretendido descalificar y anular con expresiones como esa de que “los cubanos son el único grupo latino que apoya mayormente a Trump”. Ni que nos fuéramos a sentir ofendidos con su acusación de malinchismo falsa.

Debería usted detenerse a reflexionar en que si somos diferentes en las preferencias políticas, es muy probablemente porque no tenemos los mismos intereses ni los mismos problemas que el resto de la gente latina que aquí vive, y porque no nos dejamos arrastrar como enjambre detrás de la idea, lanzada por esa prensa falaz a la que usted representa, de que solamente porque hablamos el mismo idioma ya tenemos que pensar y actuar al unísono como si fuésemos un rebaño de cabras. Eso es demasiado primitivo. También hablo el mismo idioma que Fidel Castro y soy anticastrista y el mismo que el Chapo Guzmán y no soy ni narcotraficante ni asesino.

Hay muchos otros factores, muchas otras circunstancias, más allá del idioma y la raza que unen o desunen a los seres humanos, y que los lanzan en una u otra dirección del espectro político. Y hay un derecho humano que destaca muy por encima de todo, la libertad de elegir. Respete eso.

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