LIBERTAD, LO MAS PRECIADO DE ESTE 4 DE JULIO

Por Juan Efe Noya

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El sentido de libertad que predomina en la idiosincrasia norteamericana.

Tampa, Fl- Las fechas se descuelgan de los calendarios como hojas secas, mientras algunas personas cruzan junto a ellas, sin percatarse siquiera que ahí, bajo la planta, estuvo la fecha de hoja muerta. En cambio, existen otros días que son flores perennes en el tiempo, la vista no puede evitarlas y el corazón las capta precipitadamente.

Una de esas fechas, tan significativa como su contenido, es el cuatro de julio. Se celebra un aniversario más de los Estados Unidos de América. Cada cual conmemora ese día de acuerdo a sus costumbres y posibilidades; pero hay un acuerdo común en la sonrisa.

Es un verdadero acontecimiento de felicidad nacional. El cielo se engalana con ramos de luces. ¡Hermosa manifestación de seres libres! Pero a veces, debido a la distancia existente entre este 4 de julio y el de 1776, se olvida un poco que se celebra el sentido de libertad predominante en la idiosincrasia norteamericana, cuando se dijo en la Declaración de Independencia que todos los hombres eran creados iguales, pues habían sido dotados por un Creador de ciertos derechos inalienables y esos eran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Costó mucho sufrimiento y sangre llegar a este espacio de independencia absoluta. En cambio, muchos ignoran, hasta cierto punto, el ángulo más bello de la libertad por haberla vivido sin contratiempos; pero quienes hemos sufrido bajo el poder de los opresores, sabemos el brillo exclusivo de esa sagrada palabra.

Ahora andamos con ella colgada a la existencia y se nos olvida un poco que ayer se moría el vecino al doblar una esquina con unas onzas de plomo en el pecho. Se nos duerme en la memoria el dolor de un niño huérfano porque sus padres estaban en desacuerdo con el régimen totalitario.

Quizás ni recordemos siquiera que la opinión libre no podía existir en nuestras actividades. También olvidamos, porque duele mucho recordarlo, que la miseria se sentaba cada día a nuestra mesa.

Se nos condenaba a ser el antónimo de nosotros mismos, aunque entre sueños, a escondidas, como culpables de tener un espíritu libre, anhelábamos la tierra donde hoy vivimos.

Ya estamos aquí, llenos de optimismo en el procedimiento. Somos cautelosos productores de nuestro futuro; pero no olvidemos que podríamos caer en la misma grieta del pasado al no ver el camino histórico que tenemos delante. Hay un tono de olvido, culpabilidad o insensatez al no comprender que el gesto gubernamental de los Estados Unidos de América pretende unirse al totalitarismo cubano. Rechacemos la iniciativa ahora que el sistema castrista se desangra y su jerarquía nacional intenta convencer con trucos, falsedades y maniobras políticas.

Es preciso observar los contrastes entre la nación que fue más libre del mundo y aquella que permanece oprimida por Castro y su cuadrilla. Recordemos que la libertad se conoce más cuando se nos va.

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