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Published On: Sab, Oct 24th, 2015

Lo Absurdo del Materialismo Ateo

Por Alberto perez Amenper

unnamed (14)El ateísmo que niega la existencia de Dios, y el materialismo que acepta sólo la materia, siempre ha existido, es una parte de la naturaleza humano el ser escéptico, no creer en las cosas que no podemos palpar.

Pero según el materialismo ateo se ha convertido en una creencia política, se ha transformado en una religión más absurda y autoritaria que las más absurdas de cualquiera de las religiones de las que han inventados los seres humanos a través de los siglos.

En su intento de eliminar el espíritu del ser humano, el alma del mundo, tratan de humanizar todo lo que existe en el mundo, llevándolo a un materialismo que nuestro sentido interno niega. 

Por eso es que no hay verdaderos ateos, pero personas que tratan de engañarse a sí mismo de la realidad del alma, porque todo lo que existe en la vida, el arte, las ciencias, las leyes, los deseos carnales y emocionales, todo es parte del alma del ser humano, y el ser humano está instintivamente consciente de su espiritualidad.

Por eso los que se llaman materialistas ateos se agravian tanto con los creyentes, porque internamente ellos lo son también y se agravian con ellos mismos.

Un análisis de esto lo hizo el filósofo inglés Roger Scruton, en su libro “El Alma del Mundo” que se editó en el 2014. 

Así es como nos lo explica Roger Scruton:

Hay una costumbre generalizada de declarar realidades emergentes que “no es sino” a las cosas en que nos percibimos.

La persona humana es “no es sino” el animal humano; la ley es “no es sino” las relaciones de poder social; el amor sexual es “no es sino” el impulso de procreación;… la Mona Lisa es “no es sino” una dispersión de pigmentos en un lienzo; la novena sinfonía es “no es sino” una secuencia de sonidos de tono de timbre diferente. Y así sucesivamente. Deshacerse de este hábito es, en mi opinión, es el verdadero objetivo de la filosofía. Y si nos deshacemos de él cuando se trata con las cosas pequeñas — sinfonías, pinturas, personas — podríamos también deshacernos de él cuando se trata con las cosas grandes también: en particular, cuando se trata el mundo como un todo. Y entonces podríamos concluir que es absurdo decir que el mundo no es nada sino el orden de la naturaleza, como la física lo describe, igual que para decir que la Mona Lisa no es más que un borrón de transferencia de pigmentos.  Esa conclusión que nos hace realizar el absurdo del concepto, es el primer paso en la búsqueda de Dios.

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