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Published On: Dom, Dic 15th, 2013

LOS HIJOS DEL MESIAS (FINAL)

Por Andrés Alburquerque . De la Serie Cuba y su paréntesis Abierto

edificeruinshavana9july201016080653La segunda década del siglo XXI ha apenas comenzado. Son muchas menos las veces que Fidel Castro es visto en los medios nacionales y su hermano menor parece haber consolidado su poder. En estos escasos 72 meses de década aunque la represión continúa y las campanas de difamación contra todo aquel que se atreva a criticar el sistema totalitario adquieren tonos estridentes, el menor de los Castro parece estar encaminado hacia una reinvención de su modelo dictatorial, ya no para preservar un sistema que no le interesa sino para lograr morirse tranquilamente sin enfrentar procesos judiciales ni represalias como las sufridas por Benito Mussolini y su amante la Petracci en la Plaza Loreto.

A tal propósito ha ido dando pasos impensables hasta hace solo una década como la eliminación de la tarjeta blanca para salir del país; la introducción de elementos de propiedad privada, el reconocimiento de las distintas religiones y de la inclinación sexual de los ciudadanos.

Estoy convencido de que se está cocinando la oposición “fiel” que abandone el marxismo y el unipartidismo, pero que suma a la población en un letargo que impida el ajuste de cuentas y la asunción de responsabilidades por el desastre económico, social y antropológico que el puñado de matones vestidos de militares ha infligido a la nación luego de más de 50 años de imperturbable control. La Unión Europea, Estados Unidos y demás naciones disque civilizadas aplaudirán las “aperturas” y las premiarán con paulatinas medidas de acercamiento.

El hombre nuevo que debió nacer de la Revolución, los hijos del Mesías, son hoy unos millones de seres que oscilan entre la segunda juventud y la madurez y viven a ambos lados del estrecho de la Florida con algunos millares en Europa y América Latina.

El General Castro, que si tiene quien le escriba, sabe que mientras más dure esta agónica transición menos exiliados tradicionales quedarán vivos y más fácil será desaparecer entre las cortinas de lino de las lujosas mansiones discretamente construidas para pasar sus últimos días. No descarto siquiera otro acuerdo de Caballeros Secreto entre la dictadura y la Casa Blanca que garantice la tranquilidad de Raúl y el máximo secreto sobre su paradero, una vez que otros hombres ocupen su silla.

Las presiones sobre la oposición para que continúe fragmentada son enormes. Se recurre a cuanto recurso pueda dañarles y debilitarles y se trabaja febrilmente para sacar del horno la alternativa de disidencia oficial. El régimen negocia en secreto con algunos políticos americanos y les cambia apoyo por futuras prebendas. Lo mismo hay un político americano que hace campaña a favor del levantamiento del embargo como incluso quienes llegan a proponer que se otorguen licencias de ventas a medicamentos cubanos. El intercambio de favores e influencias es enorme y denso. Todo, absolutamente todo, está en venta y no se sabe quien está de tu parte y quién no. El amigo de ayer hoy es tu enemigo y viceversa.

Pero aunque todos los tornillos han sido ajustados, siempre existe el margen de error, la posibilidad de la chispa espontánea, de que Díaz Canel se vire con fichas como le hizo Gorbachov a Gromiko. No es lo mismo controlar el poder detrás del escenario que desde el podio. Lo que un hombre lleva en su mente lo saben solo él y su Dios;. Ante esta remota posibilidad, Washington ayuda a algún que otro grupo de opositores, Alarcón manda mensajitos por video y ciertos personajes conversan en voz baja con la oposición. Nadie quiere ser arrastrado Rampa abajo.

Nos encontramos ante una de esas fiestas que no se acaban y entrada la madrugada seguimos escuchando invitados lanzando chistes de mal gusto y con dificultad para hablar a causa del alcohol. Una vez más los cubanos exhibimos nuestro pobre y desafortunado juicio del límite.

CONCLUSIONES:

Por más que nos duela admitirlo, los males que hemos sufrido todos estos años son autoinfligidos y producto de nuestras decisiones.

Esos ancianos, que hoy se lamentan de la crueldad del régimen, de la unificación de la moneda y de que no podrán subsistir con la miseria de retiro que les pagaran son las Angelinas de ayer, los mismos que hace cuarenta años gritaban: “pin pon fuera” , los que repudiaban a sus compatriotas solo por pensar diferente, los que juraron fidelidad eterna al Coma Andante. Que se jodan y asuman la responsabilidad de sus actos.

La excusa de que Fidel nos engañó no hace honor al pueblo cubano sino que nos convierte en mentirosos y tergiversadores de la historia. Castro estimuló el demonio que nuestra nación llevaba dentro desde el momento mismo de su fundación; el demonio que sembró la discordia entre Martí, Maceo y Gómez, que atemorizó a los generales mambises blancos ante la realidad de un Maceo jefe de Estado; que impulsó a la miliciana a intervenir negocios, expropiar inmuebles y mirar con desdén a las señoras de familia; el que en la madrugada del primero de enero del 59, con Castro a ocho días de entrar en La Habana, impulsó a la chusma (conocida por algunos como pueblo) a romper parquímetros, vitrinas de negocios y casinos dando rienda suelta a la más baja envidia hacia el éxito ajeno.

Precisamente la envidia hacia el éxito ajeno es lo que ha llevado todos estos años al CVP ( vigilante nocturno de poca monta)  a reprimir a la jinetera; al vecino a delatar al prospero “bisnero”, al funcionario a quejarse de que un “gusano” vivía mejor que él y gastaba dinero a manos llenas. Envidia, pérdida de valores y robo ; robo del estado y robo de cada uno de los ciudadanos que, amparándose en el caos reinante, desatan sus ancestrales instintos delictivos.

Esa generación, que tenía entre 15 y 30 años cuando llegó el Mesías, ve como normal que el régimen golpee mujeres pacificas y es tan culpable como los dos hermanos y su manojo de mastines. Esa masa de abúlicos –que espera cada mes la remesa del pariente ausente como solución a un problema que ellos mismos ayudaron a crear–, si mañana recibe garantías de cuatro granos mas de frijoles, un refrigerador y quizás un auto volverá a colmar plazas y parques entonando las mismas descoloridas canciones con voz temblorosa y debilitada por los años.

Esos seres que abandonan sus creencias, sus familiares y sus tradiciones para luego retomarlas siempre al  compás del capricho del líder de turno, repiten frases creadas en frías oficinas gubernamentales. Una parte del pueblo vive y respira por la otra; damos como lógica la imposibilidad de experimentar algo diferente del pasaje castrante que supera los 50 años. Somos los mismos que jamás hemos cerrado el paréntesis; como si nada hubiese sucedido, como si no se hubiera disparado, ni encarcelado. Los unos se suman a los otros, besos, abrazos, nadie se inclina ante nadie, nadie pide al menos perdón por el abuso a nadie y en este eterno paréntesis abierto mi país se desintegra, se españoliza, se venezueliza, se hace cualquier cosa menos cubano, no, cubano no por favor.

Mi pueblo es pobre, muy pobre, no solo porque unos bastardos hayan destruido su economía, contaminado sus aguas y convertido sus mentes en letrinas. Mi pueblo es pobre porque culpa a otros de sus desventuras, porque vive en el disimulo y deja su paréntesis abierto en eterno. Es pobre porque no se ama, porque no se regenera, porque cada mañana detesta más la imagen que le devuelve el aberrado espejo en que se mira. Es pobre porque tras el falso y ostentoso orgullo que muestra lleva el divorcio más abyecto con su propia identidad.

Mi pueblo es pobre porque no le interesa saber de dónde viene ni hacia dónde va, porque vive por ahora mientras tanto, porque asesina cada día su futuro con frases estériles y huecas carcajadas. Mi pueblo es pobre porque, en la hora de su inconsolable tragedia, no ha sabido siquiera ganarse el perdón Dios….

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