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Published On: Lun, Sep 4th, 2017

LOS INVESTIGADORES PERDIDOS EN “EL CAMINO DE YENÁN”

Por Andrés Pascual
Leí todos los best-sellers sobre disidentes del comunismo, era estalinista, antes de cumplir 18 años, algunos los releí después, como “El Camino de Yenán” (que contiene la proposición maoísta para penetrar mejor y con más efectividad a Occidente: amistad, sonrisas, relaciones, copar mercados y afectar la docencia…), al libro lo rebautizaron como “La Gran Estafa” para hacerle más gancho y lo lograron.
“La Gran Estafa”, muy llamativo, muy sugerente, muy digerible, muy terreno fértil para gente sin amplio nivel cultural y/o político, viene a ser como los libros de Vargas Vila o Carreter, el Caballero Audaz, para un público “sui-generis”, igual de desnudo ante proposiciones que, en los casos de los novelistas eróticos, no tienen un adarme de comprometidas con su contenido; aunque Ravines fue comunista, jefe de los Rojos del Perú, por lo que su compromiso y denuncia cae en saco aparte a los libros fraudes a que me referí, pero, a efectos de tener el público en los lugares menos desarrollados culturalmente es lo mismo.
Eudocio Ravines fue un militante comunista fanático que llegó a presidir el partido peruano, como la familia Mora Morales en mi pueblo, “estuvo contra todo el mundo”, la actividad de este hombre era enfermiza: oponerse a todo y a todos, a cualquiera y a cualquier cosa. Falleció en México en 1979 desterrado, sin ciudadanía, que Velazco Alvarado se encargó de retirarle en 1969.
Todavía “La Gran Estafa” da urticaria, cuando Castro se apropió de Venezuela y nombró a Chávez “Virrey del joropo y de la gaita”, rebotó como best-seller por un par de semana en Miami, según informó la sección dominical de libros más vendido del Herald aquella vez.
De todo lo que trata “La Gran Estafa”, sin embargo, hay un capítulo que se comenta muy poco por los cubanos anticomunistas y tiene que ver con el asesinato de Julio Antonio Mella, bolchevique y remero de los Caribes por órdenes del Kremlin.
Por lo general, otras informaciones del libro les resultan más llamativas y es una rara contradicción de las fieles legiones de lectores cubanos del disidente a través de los años ¿Por qué es tabú analizar con justicia este crimen?
Según el autor del libro, el Kremlin sacó de circulación a Mella por considerarlo “poco manejable”, análisis de su personalidad a nivel de partido hecha por el inquisidor Fabio Grobart, que se encargó de apoyar sin oposición la legión de esclavos ideológicos de la organización partidista entonces.
A Mella, según Ravines, le negó Moscú la petición “de traslado” a las oficinas del Dpto América en la URSS, tramitada por el partido criollo y que nadie cree, propiciando su asesinato con la ayuda de la fotógrafa terrorista italiana Tina Modotti en México, hacia donde viajó para esconderse de la policía machadista.
Hasta hoy, aceptado por muchos escépticos y turulatos producto de la propaganda eficiente del partido, que se encargó de echar sobre las espaldas de Gerardo Machado el atentado, pues los cubanos aceptan la versión de quienes jamás han dicho un décimo de verdad, sin tomar en cuenta la fábrica de mentiras que es ese monstruo, pese a contar con las pruebas suficientes, durante 58 años, para desacreditar al castrismo, al partido bolchevique y elaborar el rescate de la verdad al respecto.
Ah, pero el cubano anticomunista “moderno”, creyente honrado o profano en la materia, los que escriben sobre todo, como que temen “fallar”, tanto para la norma periodística como para el detalle histórico, y que los comunistas “saquen un conejo del sombrero” y les destruyan la denuncia-rescate de la verdad de un hecho de alto voltaje de 88 años.
Señor mío, hágalo, como utiliza los datos de Ravines sobre acontecimientos alrededor de Indalecio Prieto o de Largo Caballero, desempolve el caso Mella, capítulo muy poco tratado desde el punto de vista de la crítica política, hágalo para que denuncie con otros bríos el asesinato del ex-remero Caribe a sangre fría en un callejón de la Ciudad de los Palacios.
Recuerde, contribuya a desbaratar el FAKE NEWS, no mantenga, por su silencio cómplice, una monstruosa mentira en niveles de credibilidad insidiosa.

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