MARTI: TRAYECTORIA 53–95

Por Juan Efe Noya

TRAYECTORIA 53-95José Martí y Pérez nació en La Habana, Cuba, el 28 de enero del año 1853. Desde muy temprana edad tuvo definiciones justas e invariables. En una ocasión su madre le habló de un yugo y una estrella. El primero, símbolo de mansa y acomodada existencia; la segunda, emblema de sabiduría soledad y martirios. El chico, decididamente, exclamó:

Dame el yugo, oh madre, de manera

que puesto en él, de pie, luzca en mi frente

mejor la estrella que ilumina y mata.

Muy pronto supo comprender el dolor de los oprimidos; por eso dijo cuando un esclavo colgaba de un ceibo del monte:

…el niño lo vio y tembló

de pasión por los que gimen;

y al pie del muerto juró

lavar con su sangre el crimen.

José Martí fue un amante intenso de la poesía.

Yo te quiero, verso amigo,

porque cuando siento el pecho

ya muy cansado y desecho

parto la carga contigo.

La amistad fue para el Apóstol el más alto concepto humano.

Si dicen que del joyero

tome la joya mejor,

tomo un amigo sincero

y pongo a un lado el amor.

 

También la mujer lo inspiró intensamente.

Alas vi nacer en hombros

de las mujeres hermosas

y salir de los escombros,

volando las mariposas.

 

El amor a su hijo es un acorde de ternura.

Oigo un suspiro a través

de las tierras y la mar;

y no es un suspiro; es

que mi hijo va a despertar.

Su isla amada siempre estuvo presente en el pensamiento martiano, porque él fue patriota incansable y dedicado totalmente a la causa de la liberación cubana.

Oculto en mi pecho bravo

la pena que me lo hiere;

el hijo de un pueblo esclavo

vive por él, calla y muere.

 

Las grandes tareas mantenían muy activo al Maestro y apenas le daban tiempo para reflexionar sobre sus aspectos personales.

Hay montes, y hay que subir

los montes altos: ¡después

veremos alma quien es

quien te me ha puesto a sufrir!

 Su amplia cultura le permitía decir:

Yo vengo de todas partes

y hacia todas partes voy;

arte soy ente las artes

y en los montes, montes soy.

Ningún fracaso o triunfo hizo que José Martí se alejara de los suyos.

Con los pobres de la tierra

quiero yo mi suerte echar:

el arroyo de la sierra

me complace más que el mar.

Porque José Martí era verdad absoluta.

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma;

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

También sus versos hablan del secreto compartido con la soledad.

He visto vivir a un hombre

con el puñal al costado

sin decir jamás el nombre

de aquella que lo ha matado.

 

La igualdad quedó demostrada al estilo martiano:

Yo sé que el necio se entierra

con gran lujo y con gran llanto

y que no hay fruta en la tierra

como la del camposanto.

 

El Apóstol de Cuba se fortalecía con el sufrimiento propio, si éste era fuente de ejemplo para alguien.

Gocé una vez de tal suerte

que gocé cual nunca, cuando

la sentencia de mi muerte,

leyó el alcaide llorando.

 

A pesar de los inmensos logros, jamás cesó en Martí el hombre sencillo que siempre fue.

Callo, entiendo y me quito

la pompa de rimador;

cuelgo de un árbol marchito

mi muceta de doctor.

 

Su dedicación a la patria era evidente. Se había propuesto morir por ella. Como prueba de la gran clarividencia que tenía, dijo:

No me pongan en lo oscuro

a morir como un traidor.

Yo soy bueno; y como bueno

¡moriré de cara al sol!

Así sucedió. El 19 de mayo de 1895, José Martí Pérez, el Apóstol de Cuba, moría gloriosamente en el combate de Dos Ríos.

Y se cumplió para siempre su pedido:

Yo quiero cuando me muera

sin patria, pero sin amo,

tener en mi tumba un ramo

de flores y una bandera.

 

 

 

 

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