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Published On: Dom, Oct 29th, 2017

Mensaje de Juárez: El Nuevo Concepto del Muralismo Oaxaqueño

Por Carlos Carballid0

    Cuando hablamos de  grandes pintores oaxaqueños  a través de la historia  siempre relacionamos su trabajo con la pintura de caballete  despreciando una arista magistral que exige del artista  no solo talento y sacrifico físico, sino el más amplio dominio de la perspectiva, las escalas   y  la técnica de la coloración

    Si ahondamos en el Arte Monterrosiano,  una categoría que ya deberíamos incluir entre los estilos pictóricos oaxaqueños,  estamos en presencia de  una técnica Mural  sin precedentes  y totalmente novedosa  que, sin deslindarse de la esencia mística y ancestral de la región, impone  un resultado final  surrealista  que despierta y sacude  la retina ocular del espectador,   ya de por si tan cansada, fatigada y desorientada por  más de dos siglos de academismo.

El salto Monterrosiano  del caballete al  gran formato, ofrece a  su creador, Francisco López Monterrosa, (Juchitán, México, 10 de octubre de 1968 ) la más sutil y pujante forma de expresión conceptual , tal y como se encuentra en su  Mural Mensaje de Juárez que  adorna la Rectoría  de la Universidad Autónoma de Oaxaca ( UABJO)  donde  el artista, por fin,  se define como  profundo, filosófico, complicado y depositario de tradiciones riquísimas de su región mesoamericana,   donde todo equivale a todo y los actos e intenciones fluyen en  atmósfera sin gravedad ,  barajándose entre los puntos cardinales del intelecto.

El Muralismo,  de por si,  ha sido  la expresión artística  de mayor alcance y disfrute popular  que sus descomunales dimensiones  brinda  no solo para deleite ocular sino para guardar y compartir la historia de una región milenaria como lo es Oaxaca .

Pero es aquí donde  surge el gran dilema  de los  muralistas oaxaqueños  que  incursionan o alguna vez lo hicieron  en este estilo,  movidos por diferentes intereses.

En épocas prehispánicas  ya la región de Quiootepec  y otras tan alejadas de los valles centrales oaxaqueños como la Mixteca,   saltaron  al mundo con muestras  de un muralismo  indígena  de  fuerte tradición en  Mesoamérica  devenida  el marcado interés de guardar las vivencias  religiosas, la vida diaria   y la interrelación  entre reyes y  súbditos.

Con la llegada de la Hispanidad,  el Muralismo precolombino pasó de indígena a hispánico  y de ahí a una expresión popular  ligada a los grandes  artistas  de la Izquierda mexicana como Siqueiros, Rivera o Arturo García Bustos, este último llamado  en 1987 y en 1990 para realizar los murales  que hoy adornan los interiores del palacio de Gobierno  de Oaxaca de Juárez.

Según la apreciación de este crítico, los muralistas oaxaqueños  han seguido  corrientes y estilos predefinidos por el indigenismo pictórico o  en el mejor de los casos  han extrapolado sus obras de caballete  al gran formato mediante un alarde  del manejo de las escalas y las dimensiones.

Sin embargo, Monterrosa  quiso abrazar la originalidad y el desenfado sin deslindarse de su propio sello en cuanto a color, la perfecta anatomía del icono  pero  abandonando lo escandalizante y  pseudo impúdico con que han querido endilgar su trayectoria.

Porque Mensaje de Juárez, es un Mural que rompió la rutina de la región y también  de los grandes maestros  mexicanos inspirados, con perdón de todos, en la obra de famosos  renacentistas italianos.

Si bien artistas locales como Rufino Tamayo,  el chontal Juan Carlos Santiago Zárate o Filiberto Heredia Martínez,  entre otros no menos importantes,  labraron el difícil campo del muralismo oaxaqueño, Monterrosa  ha sido hasta ahora,  el  único que rompe la inercia puramente indigenista  en unos casos  y la gran esclavitud del encargo decorativo , en otros  que suelen acompañar a los que  deciden incursionar  en el Muralismo.

Mensaje a Juárez es,  por tanto,  ética, filosofía y surrealismo  cuyo colorido  identifica al temperamento del creador con   el inicio de las cosas  a la manera zapoteca en la época prehispánica.

La Cosmovisión Zapoteca vista desde un ángulo Monterrosiano

   Tratar de  comprender el simbolismo del Mural Monterrosiano en cuestión de minutos,   es demasiado pretencioso para la mente humana y solo un acercamiento,  alimentado por la cosmovisión zapoteca, permite a críticos y espectadores- al menos – acariciar una leve respuesta.

El Mensaje parecería  claro pero su decodificación es subyacente.  Es todo a la vez y es una historia por capítulos.  El Dios de la naturaleza  está anunciando los grandes cambios a los que se verá sometido el mundo y caen  en la memoria de los cinco señores, reyes de Oaxaca en forma de  Granadas que a su vez están pariendo el sentido del ser humano

Al mismo tiempo La Madre  Naturaleza entreteje , con la luna Monterrosiana,   el manto de la constelación que arropa al Prócer  Benito Juárez. Ese mismo manto, sostenido por Ángeles indígenas en franco desafío a los cánones católicos, cubre los acontecimientos del mundo donde dos Caballeros,  El Jaguar que representa la Tierra   y el Águila, señor de los Cielos, combaten entre sí hasta fijar un pacto de no volver a hacerlo para juntos destruir al monstruo de la ignorancia que  poblará  la tierra.

El símbolo de la lucha es al fin reconocido con la victoria de la ilustración que deberían alcanzar los pueblos mesoamericanos  como rescate lógico de los sentidos naturales que, en el mural Monterrosiano,  son expresados en formas de huevos que deberán abrirse  para dejar pasar un hombre nuevo con todas las herramientas  de la sabiduría que sean capaces de sobreponerse a la vanidad y  la lujuria, los  dos fenómenos dirigidos a  conducir nuevamente al fin de los tiempos.

Benito Juárez, un oaxaqueño que marcó  los destinos de México, nos guste o nos pese, desde las alturas contempla este vía crucis en que se ha convertido el mundo, esa constante lucha de contrarios  entre el bien y el mal que  a medida del avance de los años, olvida  el equilibrio necesario en la balanza de la vida.

Juárez se erige como rector  en  la cima del Mural, Juárez  dictando la única razón de la sabiduría

Así  y con esa divisa es que los Caballeros Jaguar y Águila logran cortar la cabeza de la obscuridad que impide  a nuestros pueblos indígenas avanzar hacia la luminosidad futurística.

La simbología que rompe mitos

 En los predios del surrealismo, estilo que más se asemeja a Monterrosa,  la obra nace del automatismo puro, es decir, cualquier forma de expresión en la que la mente no ejerza ningún tipo de control para  plasmar por medio de formas abstractas o figurativas simbólicas las imágenes de la realidad más profunda del ser humano, el subconsciente y el mundo de los sueños.

La Obra Monterrosiana continúa explorando esos caminos  donde recursos como la animación de lo inanimado,  elementos incongruentes, metamorfosis, relaciones entre desnudos y sexualidad, y  evocación del caos,  evocan el pensamiento oculto y prohibido como  fuente de inspiración

Sin embargo en Mensaje a Juárez, el artista vincula sus eternos simbolismos con otros más avanzados.

Nuevamente la Granada como fruta  exótica y erótica  renueva los conceptos de la humanidad y nos conduce a la exploración de los misterios de la mente humana. Ya ha dicho el maestro que esta fruta es la esencia misma de la maternidad, “ el símbolo de metamorfosis, cambio o renovación. La abres  y aparecen semillas  quitas la tela y aparecen más semillas y entretelas. Es es como el mismo ser humano, misterioso,  que por más que esculques  su mente  nunca terminas de entenderla ni  descubrirla por esas mismas entretelas… y te das cuenta de algo extraordinario: es la reina de las fruta porque tienen su corona. Al parecer  es la fruta que debió estar en el jardín de  Edén  envés de la manzana porque es la más erótica y tentadora para la masculinidad ya que  parece un clítoris sangrando.”

En mensaje a Juárez la semiótica redefine simbolismos que nos transmiten una madeja de mensajes en forma de cascada. El sentido de la vida desde sus orígenes hasta nuestros días es visto a través de una canoa con una madre que arrulla a su hijo entre sus brazos mientras es asechada por  un rostro de cabeza de piedra y una sirena  que representan la vanidad y la lujuria que obnubilan los sentidos de la cordura  y el amor de los humanos.

Es así entonces que las lucha del bien  contra el mal,  como antagonistas,  solo será posible con la ilustración académica, con el reencuentro de los cinco sentidos del ser humano, prestos a abrirse como huevos que empollan y encontrar  el rostro de la ilustración que, según el maestro, sugiere representarse en la cosmovisión Monterrosiana de la vida y de la historia

El Muralismo Monterrosiano es finalmente una oda a la creatividad que puede guardar similitud con una perfecta y armónica sinfonía de símbolos surrealistas pero que se alejan de composiciones deprimentes sentimentaloides o facilistas por su romanticismo indígena enfermizo  como tantos y tantos autores de renombres unos y de mediocridad otros  que  han dejado su impronta muralística en escenarios oaxaqueños.

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