Mercados emergentes, gobiernos ineficaces

Eloy Garza González

mercado emergentesVivimos la era de los mercados emergentes. Gracias al estilo aspiracional de la clase media que lleva 60 años gestándose y que se desmorona en Europa, otra zonas antes deprimidas económicamente abren paso a más de 2 mil millones de consumidores que seremos clase media para antes del año 2020.

Aunque parezca mentira, México está inmerso en este momentum para que se incremente su clase media nativa. De los defectos de nuestra administración tributaria, hacemos virtud: dado que el sistema de recaudación impositiva tiene fugas y la propia corrupción del Estado propicia (irónicamente) facilidades comerciales, el llamado sector terciario de la economía (el de servicios) deja utilidades suficientes como para que muchos giros subsistan pese al nulo crecimiento del PIB (que se mide en cierta medida según las inversiones del gobierno) y del imparable alza del dólar en el mercado cambiario.

Si un inversionista mexicano de cierto giro tratara de montar el mismo tipo de negocio en EUA, los márgenes de utilidad (por ejemplo en el sector restaurantero), serían de solo 20%. Los excesivos impuestos que determina el gobierno norteamericano hunden las ganancias de las PYMES y las medianas empresas, y solo vuelven más millonarias a las grandes corporaciones.

Por eso, a pesar de los magros resultados del gobierno federal, la economía en México crece tangencialmente. Otro gallo nos cantaría si el sistema de administración tributaria fuera eficiente. Por fortuna no lo es, y eso abre más fuentes de empleo, más transacciones entre proveedores y mayor circulante de dinero en la sociedad a precios competitivos en sus productos y servicios además de buenas experiencias para el consumidor (obvio, en algunas entidades más que en otras, por ejemplo, Aguascalientes, modelo de crecimiento comercial para América Latina y no Nuevo León que es caro y deficiente en su atención al cliente).

El secreto adicional a las fugas impositivas del crecimiento comercial mexicano estriba también en que los consumidores estamos cambiando lo ostentoso por opciones menos caras. Dejamos de comparar relojes finos porque vemos la hora en nuestro smartphone, dejamos de comprar coches elegantes porque usamos Uber, elegimos el barato Netflix antes que una empresa cablera.

La generación Millennials prefiere compartir servicios y no enfocarse tanto a marcas prestigiadas sino a alternativas no escalables: muebles confeccionados a mano, cervezas y vinos artesanales, prendas de vestir que no se hacen en serie. Se trata de una clase media emergente y más inteligente que nunca para quien el Estado es más un estorbo que aquel viejo papá opresor que antes quiso ser.

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