Miami, en una nueva ola siguiendo al exilio histórico

Por Roberto A. Torricella Sr.yo me quedo

En Miami, especialmente Miami, en una nueva ola siguiendo al exilio histórico que ciegamente por odio y envidia apoyó el castrato entregando nuestra patria al comunismo, llegan actualmente, llenando y poblando a Miami otra nueva ola de fantasmas. Arriban por todas las vías posibles: aire, tierra, mar.

Son los EX de la dictadura castro-comunista cubana. El ex militante, ex policía, ex seguroso, ex militar, ex responsable de vigilancia, ex diplomático, ex profesor de marxismo, ex miembro de las brigadas represoras, etc.

Algunos entran caminando cabizbajo como quien no quiere que lo reconozcan inoportunamente, sumergidos en un silencio de mármol. Atrás quedaron los días en que marchaban voncingleramente por las calles coreando consignas en contra del imperialismo yanki. Eran los días de “así se forjó el acero” y “tiene la palabra el camarada mauser”, en los que mentarle la madre a un presidente de los EEUU, o difamando el nombre de Dios era un acto glorioso de reafirmación revolucionaria, un mérito de indiscutible sello patriótico.

Ahora vienen huyendo de su propia obra, como el Dr. Frankenstein de su monstruo, algunos sinceramente arrepentidos, otros en busca de los panes y los peces que a veces ni milagrosamente alcanzaban a conseguir en Cuba. Ellos forman parte de la cada vez más nutrida legión de renegados y detritos del castrismo, los mismos que al perder valor de uso -plusvalía añadiría Marx-, ya sea por viejos o por algún que otro pecadillo, fueron relegados al sótano de la sociedad que los amedalló en su calidad de héroes del trabajo o de las victoriosas campañas africanas que emprendiera el “comandante en jefe” para colmar sus sueños napoleónicos.

Y de allí salen, porque el oficio de “oportuno” es lo único que no pierden nunca, y recalan en esta tierra generosa en plan de reunificación familiar o de refugiado político, y solicitan seguridad social y cuidado de salud para ancianos, y le entregan las llaves de un apartamento y reciben la mejor atención médica del mundo y un cheque cada mes sin haber trabajado ni una hora en el país que en el pasado tramaban destruir, y llegado el día de “Acción de Gracias” cenan, como el resto de los ciudadanos, el tradicional pavo asado del festivo y celebran con vino su nueva vida de fantasmas comportándose como si tuvieran la conciencia limpia y no les pesara la sangre de las sombras, que es el recuerdo de lo que todos, los de antes y los de la nueva ola, dejaron atrás.

Comments are closed.