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Published On: Dom, Dic 3rd, 2017

Navidades, Oportunismo y El Nuevo Hombre de Fidel Castro

Por Alberto Perez Amenper

Nochebuena era parte de la religión cristiana, y eso no era tolerable en Cuba, al inicio de la revolución se celebraba el año nuevo como el triunfo de la revolución, pero la fiesta de la nochebuena fue abolida como una celebración contrarrevolucionaria..

A pesar de la pretensión de tolerancia religiosa que marcó siempre la propaganda para el exterior, con el tiempo nadie se acordaba de la nochebuena.  El estado comunista, al parecer, había tenido éxito en erradicar la Navidad como un día festivo.

Conjuntamente  la práctica religiosa no sólo fue menguando, parecía confinada a una decreciente población de ancianas frágiles   Pero en los últimos años el gobierno fue aflojando la mano, no realmente por dar libertad, pero para propaganda y porque ya la religión no parecía ser un peligro.

Ahora parece que la religión ha hecho una reaparición notable, floreciente con creyentes que ya no son disuadidos de practicar su fe por comités de defensa y espías del gobierno, y conjuntamente se ve un renacer de la Nochebuena.

Miles de personas han vivido más de medio siglo de régimen comunista. Careciendo de la sabiduría y la inspiración de la fe tradicional, las generaciones pasaron por la vida como los hombres huecos pasando de ligas de la Juventud Comunista a asociaciones de trabajadores comunista y comités de barrios, que no permitían a sus miembros ser parte de una institución cristiana.

Sin embargo, una de las inevitables paradojas del comunismo es el hecho de que el estado sin Dios, que profesa la virtud del materialismo, entonces puede fallar por completo para proporcionar nada material, incluso las necesidades materiales que la mayoría en Occidente da por sentado.

Sólo algunos artículos por la libreta, que aparecían y desaparecían, hubo una ausencia general de todo lo demás. El tiempo de la Nochebuena no se podía celebrar de ninguna manera, había poca variedad de comida y leche habían desaparecido de las tiendas. Lo que sí siempre se encontraba era el ron, aguardiente y algún vodka ruso. , junto con pan o corteza de pan, papas, un poco de arroz y carne enlatada de los países socialistas

A esto acompañaba frecuentes y largos apagones y la previsible escasez de agua. Cuando una persona se enfermaba preferían no ir al hospital por temor a enfermarse más

No había las condiciones para celebrar la nochebuena, y por generaciones bajo el régimen comunista, la vida transcurrió con nada más maravilloso o resplandeciente recibir la noticia que llegó pan o un artículo de primera necesidad, y ponerse en cola para ver si quedaba cuando llegara.

La mayoría de los nuevos cubanos crecierón como ateos confirmados, engreídos con la certeza de que nada importaba excepto conseguir algo resolver para pasar vida y la seguridad tanto de la pobre producción  de la sociedad de bienes y servicios como fuera posible. Esto estuvo sin respiro por décadas hubo falta de todo sin respiro excepto alcohol barato y tabacos que se conseguían por la libreta o eran “resueltos” por los trabajadores de las tabaquerías.

Durante décadas, la triste visión de hombres de mediana edad se convirtió en la esperanza de salir  del país y resolver mientras tanto incluso en una edad joven, es sentían que ya estaban derrotados y se volvían cínicos y alcohólicos. Fidel Castro, hace 50 años, se vanagloriaba de la existencia en la Cuba socialista de un “hombre nuevo”, superior al hombre “individualista”, “egoísta”, “materialista” de las sociedades capitalistas. Hoy miramos al nuevo hombre y no encontramos al que nos describió Fidel.

 Esto, por supuesto, no fue su culpa, porque habían sido inculcados con la firme creencia de que el ruido que de un nuevo tambor o la música bajo una borrachera, y una orgía sexual, era más precioso que las palabras relacionadas con el nacimiento de Cristo y todos los otros elementos de la fe cristiana tradicional.

Ellos aceptaban y todavía aceptan cómo única, la  terrible realidad del comunismo y no creen que nunca pueda haber otra cosa.

El sistema comunista no ha cambiado, el estado es el único empleador, y su dependencia crea la sumisión,  Pero la ayuda de los familiares en el extranjero se ha convertido en un artículo de fe y ha cambiado la vida en Cuba.

De hecho hay un chiste que en Cuba se vive por “FE” (Familiares Extranjeros)

Los que tienen familiares en el extranjero que son muchos, viven no al nivel de la cúpula comunista, pero mucho mejor que los que no tienen FE (familiares extranjeros)

La libertad a religiones cristianas sobre todo la católica Romana ha reanudado la misa del gallo, y se ven nacimientos en algunos lugares y el día 25 no se trabaja.

Lo que tenemos que analizar es si esto es por libertad o para entretenimiento, todo cómo la perenne escasez es parte del control del estado sobre el individuo.  Se aprieta o afloja la tuerca según el peligro para el totalitarismo por el estado.

Otra cosa que se puede observar tanto en Cuba como los recientes inmigrantes, es que tienen una cultura de fiestas con ruido que molestan a los vecinos hasta largas horas de la noche con gritos  y cantos de gargantas alcoholizadas.  La moral y la honradez  también fueron exportadas con la inmigración con honrosas excepciones.  De hecho cuando vemos algunos que son “diferentes” son los que aceptaron una nueva cultura y valores a través de la religión cristiana dentro del ambiente predominante…

En Cuba robar era resolver, todo era el gobierno y no había nada malo por robarle al gobierno o comprar o  negociar con mercancía robada y la promiscuidad sexual  se convirtió en parte del estilo de vida. En el exilio robar en el trabajo y la promiscuidad sexual no ha cambiado por la mayoría de los que han llegado a los Estados Unidos y otros países, porque es algo natural parte de la cultura en que nacieron y vivieron toda su existencia ellos y sus padres.

Y lo que vemos es que la transición al exilio no puede cambiar una cultura adquirida por generaciones.

Si un milagro ocurre y Cuba se libera del comunismo, no es el cambio político el reto más importante, es el desafío de cambiar la cultura social y moral del ciudadano. El principal y difícil trabajo de un gobierno democrático es cómo cambiar al “Nuevo Hombre” creado por la revolución

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