¿Por qué no hay socialismo en Estados Unidos?

Por Alberto Perez Amenper

socialismoWerner Sombart era un economista alemán que escribió un libro en 2009 cuyo título era

 ¿Por qué no hay socialismo en Estados Unidos?

Cuando estaba preparando mi salida de Cuba, un amigo, simpatizante del gobierno de Fidel Castro me hizo el pronóstico que estaba perdiendo mi tiempo, pues en 10 años los Estados Unidos serían socialistas.

Gracias a Dios el pronóstico estaba equivocado, pasaron los 10 años y fue todo lo contrario, la caída de muro de Berlín desenmascaró el socialismo entonces, y solamente por las situaciones políticas creadas con la elección de Barack Obama estamos enfrentándonos a esta posibilidad más de medio siglo después.

Pero tanto en el siglo pasado cuando Sombart escribió su libro cómo ahora, el socialismo en los Estados Unidos sería una filosofía que no puede arraigarse mientras existan la libertad de mercado y la división de poderes.

Cuando Werner Sombart desató hace más de un siglo con la publicación de un célebre texto en el que el sociólogo y economista alemán trataba de responder a lo que se le antojaba un enigma sin resolver: ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?  Sombart, cómo todos en aquellas época consideraban el socialismo cómo un movimiento incontrolable, y en su libro trata de analizar el por qué esta filosofía no se podía implantar en Estados Unidos.

A la hora de elaborar su personal conjetura sobre la ausencia del socialismo en la sociedad americana, Sombart parte de una primera constatación: los Estados Unidos son el territorio del planeta en el que el desarrollo capitalista ha alcanzado su máxima expansión. Apoyado en esta realidad y en la premisa marxista según la cual un capitalismo fuerte generaba como reacción natural un movimiento obrero fuerte, Sombart aplicaba una regla de tres que le llevaba a inferir una ecuación –aparentemente– difícil de refutar: “Si el socialismo moderno –tal como yo he supuesto siempre y he dicho a menudo– sigue al capitalismo como una reacción necesaria, el país con un desarrollo capitalista más avanzado –es decir, los Estados Unidos– debería ser al mismo tiempo el país clásico del socialismo; sus trabajadores deberían ser el soporte del movimiento radical socialista por excelencia.

De hecho esta afirmación merece nuestra mayor atención: ¡un país sin socialismo a pesar del más alto desarrollo capitalista!; ¡la doctrina del socialismo ineluctable desvirtuada por los hechos! No puede haber nada más importante para el teórico social ni para el político social que analizar este problema”

 Y eso es precisamente lo que se propuso Sombart en su obra: analizar el porqué de ese enigma, la razón de ser de esa contradicción lógica, la esencia del célebre excepcionalísimo norteamericano.

La ausencia en la historia de los Estados Unidos de las rígidas estructuras jerárquicas y aristocráticas propias de la sociedad feudal europea, habrían hecho de la americana una sociedad eminentemente burguesa y propensa –al menos desde el punto de vista formal y legal– a un igualitarismo que tiene como base primera e irrenunciable el principio del individualismo.

Nobleza, clero o campesinado son categorías de análisis inviables según Sombart para el contexto americano; un contexto de mayor movilidad social en el que lo individual siempre se privilegia sobre lo colectivo.

El trabajador americano, haciendo gala de un optimismo ilimitado y un patriotismo acrítico y casi mesiánico, se convierte en el análisis de Sombart en un cómplice incomprensible del régimen capitalista, hasta el punto de que se le considera la propia base del sistema, su fuerza motriz.

En este contexto, concluye Sombart, cualquier apelación al sentimiento de clase se torna estéril, cualquier referencia a la misión revolucionaria del proletariado carece de sentido.

En un ambiente en el que la propiedad individual tiene el rango de sagrada (“No hay país en el mundo –había dicho años antes Tocqueville– en donde el sentimiento de la propiedad se manifieste más activo e inquieto que en los Estados Unidos”), el espíritu del socialismo ortodoxo es un fantasma; la lucha de clases marxista, una quimera.

El desarrollado sentimiento de igualdad que domina una sociedad americana en la que el trabajador más humilde se desenvuelve sin ningún complejo: “No encontramos ese estigma exterior de clase que llevan casi todos los trabajadores europeos. En su apariencia, en su comportamiento, en su forma de hablar, el trabajador norteamericano se diferencia llamativamente del europeo. Lleva la cabeza bien alta, anda elásticamente, se siente libre y alegre como cualquier burgués. Nada en él revela opresión o sumisión”

 Viendo que el barco del capitalismo americano navega a la deriva y amenaza con hundirse, a un humilde lector se le plantea una pregunta mordaz: ¿Será el siglo XXI el que vea, por fin, ese triunfo del socialismo en los Estados Unidos cuestionado Sombart hace ahora más de un siglo?

Creo que a pesar de la infatuación de algunos por el socialismo en Estados Unidos, todavía la mayoría del pueblo americano reconoce la realidad socio-política de los Estados Unidos que reconocieron Sombart y Tocqueville.

Todo lo contrario, creo que el ciclo de ensayo de medidas socialistas ha llegado a su fin, precisamente por la implantación de medidas socialistas, cualquier candidato pudiera ganar a Hillary Clinton y Bernie Sanders, por eso vemos con preocupación las luchas estériles entre los candidatos republicanos sobre todo por la presencia de Trump que hace ataques personales que diluyen la presentación de las plataformas de gobierno tradicional que son necesarias presentar al pueblo para la vuelta al excepcionalísimo que ha representado el sistema americano