¿Por qué se mató Luis González de Alba?

albaEloy Garza González

Se suicidó Luis González de Alba en su casa de Guadalajara. Una muerte premeditada de un provocador nato, que asumió la libertad como lujo mortal. Un balazo en el abdomen de una pistola calibre .22, la peor arma para suicidarse, pero que cada quien elija su método para morir.

Decía Goethe que el suicidio “a pesar de lo mucho que se ha dicho y hecho acerca de él en el pasado, cada uno debe enfrentarse a él desde el principio, y en cada época debe repensarlo”.

Vivimos la época en la que el suicidio no tiene porqué ser visto a resultas de una enfermedad mental, sino también como escape fraguado por una voluntad personal, tomado en pleno uso de nuestra facultades mentales.

Tan controvertido es el suicidio, que el griego clásico no tenía una palabra parecida; lo más cercano es el vocablo “autocheir”, que significa “actuar por mano propia”, lo que implica premeditación y planeación, imposible de anticipar para un enfermo mental.

El suicido es probablemente el único asunto humano que merece ser tratado filosóficamente. González de Alba fue un divulgador de la ciencia, y por lo tanto, un filósofo.

Conoció el cautiverio de la nostalgia amorosa y el sida. Se valió de la libertad como don para desatarse de ambas servidumbres existenciales. Pero quien recibe un don también se gana un látigo para flagelarse, decía Truman Capote.

No sé si Luis González de Alba obró bien o mal. Hizo lo que sus reflexiones le dictaron y lo orillaron a hacer. Y eso lo dignifica ante los ojos de los demás. No lo juzguemos, porque quien lo juzgue recibirá desde el otro mundo una bien merecida mentada de madre.

Y es que González de Alba no se andaba con rodeos ni prudencias remilgosas. Solo espero que su muerte haya sido serena y tersa. Como la muerte de los justos.

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