Prensa estadounidense solo muestra historias de Verduleras contra Trump

Por Reynaldo Soto Hernández

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Reynaldo Soto Hernández , periodista cubano , expreso político y pionero de la prensa independiente anticastrista

La prensa norteamericana, decadente como el propio imperio monetario que la mantiene, ha convertido esta campaña por la presidencia de los Estados Unidos, en una guerra de personalidades, donde lo importante no son los pronunciamientos políticos de un candidato, ni su posición frente a los importantes problemas que aquejan a nuestra sociedad y al mundo, sino los entresijos de su vida privada o las características más o menos públicas de su personalidad.

Es así como vemos que desde todos lados se dedican a atacar a Donald Trump con argumentos muy poco sólidos que solo intentan prender en fuego su figura humana o enfangar su nombre tratando de presentarlo como un personajillo de opereta, y no concentrándose en discutir sus planteamientos políticos, que desde que son apoyadas por una parte importante de los votantes norteamericanos, se convierten en propuestas muy serias aún cuando se intente ridiculizarlas, como sucede con lo de la construcción de un muro en la frontera con México, ese país que por decenios ha estado exportando hacia aquí a los fracasados de su sociedad, y con ellos las raíces más profundas de su propio fracaso como pueblo.

Pero retomando la primera idea, sostengo que es sobre la  base de la línea de conducta de que hablábamos antes, que en los últimos días se han arreciado contra Trump ataques personales cuyo soporte ideológico se encuentra en el conservadurismo y el puritanismo, dos formas de pensamiento que esa misma prensa liberal, hoy al servicio del Partido Demócrata como fiel amanuense, ha atacado y ridiculizado por décadas. Y es entonces cuando salen con aquello de que el hombre no puede ser presidente porque alguna vez se ufanó de querer tocarle su órgano más sexual a una mujer, o porque circula por ahí la historia de que hace veinte o treinta años intentó besar a una sin su consentimiento, o porque le dijo gorda a otra ante las cámaras de televisión.

Pienso que lo que realmente resulta vergonzoso es que al final la prensa amarillista haya logrado convertirnos el diálogo político de este país, en uno más de esos pésimos shows televisivos, plagados de chismes de alcoba e historias de verdulera, con los que llevan más de medio siglo bombardeando la conciencia social norteamericana, al extremo de que hoy resulta muchísimo más fácil encontrar a un estudiante universitario que recuerde el nombre del último amante de cualquier personaje farandulesco, antes que la fecha en la que fue firmada la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, o los nombres de quienes la firmaron.

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