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Published On: Mie, Oct 15th, 2014

¿QUE PARALIZA AL PUEBLO CUBANO?

Por Amel Olivares-Sabina

“No hay fuerza más poderosa que la mente humana,

y quien la domina, domina todo.” Kalimàn.

fidel plazaPor estos fríos rincones europeos, a veces, personas- que viviendo en Democracia tienen libre acceso a la información y en la peor de las hipótesis a no someterse al bombardeo ideológico o demagógico de una u otra corriente política-ideológica- me han preguntado, perplejas, sorprendidas y hasta incrédulas, ¿cómo es posible que en Cuba millones de seres humanos, que sufren, que son infelices y no aman el régimen, nada hacen por terminar con esa situación?

Las preguntas exactas son: ¿por qué los cubanos no se rebelan?. La disidencia u oposición activa en Cuba es minoritaria, y lo reconocemos con dolor. ¿Por qué? ¿Qué mantiene a los cubanos borregos, rebaño pasivo, listo para el sacrificio?
Manada asertiva, colaboradora con el amo-verdugo. Ahora bien… ¿Qué ha empujado a una madre cubana, incluso, llegar a delatar a su propio hijo? Algunos dicen, 10 millones de cubanos contra dos vejetes! Es predecible de qué lado estaría la victoria sólo si se decidieran.

Y la cuestión es: ¿se decidirán? ¿Qué retiene al pueblo cubano? ¿Qué lo domina? ¿Cuál camisa de fuerza lo sujeta?
Tal vez comprendiendo las causas, compartiéndolas con los compatriotas, se podría finalmente liberar a ese pueblo de la armazón que lo inmoviliza.

Lo que paraliza a los millones de hombres y mujeres que día a día luchan por sobrevivir en la Isla es la cárcel mental que les aprisiona. La mente humana es un instrumento prodigioso, mágico! ¿Quien conoce apenas algo de sus infinitas potencialidades la respeta e intenta aprovecharla lo más que puede.

La mente humana es moldeable, elástica, constructiva pero también destructiva.  La mente crea. La mente modifica nuestro entorno. Pero ¿Qué poder posee aquel que logra controlar la mente de toda una nación? ¿Cuantas voluntades anuladas obligadas al servicio de una sola voluntad?

La función creativa de la mente a la que antes hice referencia es fundamental para que ésta se mantenga sana, vigorosa.
En Cuba desde pequeños el individuo es educado en la anulación de su personalidad, se cancela la maravilla de su unicidad, de las competencias y capacidades que puede desarrollar, para convertirlo en colectividad sobre la que absoluta e infinitamente superior se distingue y erige el Dictador (Fidel Castro). Por horas y horas fuimos imbuidos de sus discursos, persuadidos de todo aquello de lo que él deseaba convencernos, incluyendo el dogma de la prevalencia de la materia sobre un espíritu y mente en pràctica inùtiles.

Los discursos de Castro jamás fueron improvisados, por el contrario, eran cuidadosamente estudiados y preparados en su contenido y forma. El Dictador cada vez que se presentaba al pueblo en la “Plaza de la Revolución” (bien protegido por colosales símbolos esotéricos, la estrella de 5 puntas y el obelisco), siempre se situaba en una posición prominente, más elevada. Su palabra era al inicio baja, el tono calmo, la modulación de la voz había sido practicada decenas de veces.

Llegaba casi como una letanía a sus adoradores. Este es un principio que se estudia en psicología y psicología social, se está dirigiendo un mensaje al subconsciente (que es el que rige las emociones) del auditorio, y la mente, esa que puede decidir, esa que tiene poder para aceptar o rechazar, prácticamente se desactiva. Sucede algo parecido en la hipnosis. Así cómodamente el Dictador se dirige y controla la emotividad de millones de personas que regresan a sus casas màs convencidas que nunca de su grandeza.

En la medida que fueron transcurriendo los años este poder directo sobre las emociones de las masas se fue desvaneciendo, el Dictador cada vez menos consigue realizar sus infinitos discursos frente al pueblo, los sustituye con comparecencias televisivas y “Reflexiones” escritas en el Periódico oficial, pero no tienen el mismo efecto.

Antes de entrar el  turismo extranjero en la Isla, a  mitad de los 80’, Cuba se había mantenido herméticamente cerrada. A partir de ese momento, los cubanos conocen otras realidades, les llega información, reducida, pero que les revela nuevos panoramas y horizontes. Castro comprende el peligro y riesgo que supone la llegada de “seres libres” a Cuba. Es una amenaza al control total sobre millones de seres humanos.

Me comentaba recientemente un querido amigo de Miami, ya en los años 60’ el dictador había expresado, refiriéndose a sus súbditos: ”hay que tenerlos en una urna”, o sea aislados.  Para implantar el terror ante esta nueva circunstancia, recordemos que  en la década del 90’ enviaban  a la cárcel a mujeres por haber mantenido relaciones con un extranjero. Los forasteros  no podían convertirse en amigos de los cubanos, ni visitar sus casas.

A los cubanos se les impidió usufructuar de las instalaciones turísticas u hoteleras del país, destinadas sólo al uso de los privilegiados turistas foráneos.En pocas palabras se crea un vergonzoso y denigrante Apartheid, que el Mundo y los mismos cubanos privados de la voluntad de reacción, aceptan sin reticencias.

Hasta la década de los 80 el pueblo depende emotiva y psicològicamente de su Dictador’, y económicamente de él hasta hoy.
El trabajo lo ofrece el régimen, si no respondes a sus intereses no tienes forma de ganar el pan cotidiano. La miseria física y económica a la que es reducido el pueblo, su condición de esclavitud pasa inadvertida por la subyugación emotiva, psicológica a la que ha sido sometido y cotidianamente se le inculca miedo al cambio.

La autoestima del hombre de la Isla es muy baja, pocos poseen cabal comprensión de sus posibilidades profesionales, de su valor objetivo, de las oportunidades extraordinarias de mejoramiento espiritual y material que la vida puede ofrecerles. La felicidad es eso, conseguir un equilibrio entre la esfera emotiva, material y espiritual, que reporte satisfacción y gozo al individuo.

El cubano no conoce su mente, porque ha sido aniquilada, la maquinaria más potente y transformadora que posee el hombre, en Cuba se vuelve inexistente.  He visto algunos cubanos (excluyendo los agentes castristas disfrazados, por supuesto) que después de haber vivido por años en el extranjero y no conseguir realizar sus sueños, regresan a Cuba o se suicidan. Y es que ellos lograron salir de Cuba, pero no de su cárcel mental.

¿La solución?:

-Romper, destruir los barrotes que encierran y condenan las mentes de los cubanos.

Muchos recordamos cuando vivíamos en la Isla el fuerte rechazo que probábamos por la figura de Castro, su imagen. Se debía a que en ese momento habíamos iniciado a reapropiarnos de nuestras mentes, éramos evasores que reconocíamos nuestro carcelero perfectamente, aún en el más lóbrego de los parajes.

Es menester proveer de información constante, libre a los cubanos. Tienen que entender cuál es su situación para que deseen firmemente cambiarla, y brindarles serias, realizables alternativas. Vamos a volcar nuestros esfuerzos en ese sentido.

Evitar el lavado de cerebro, ofrecer a los niños, jóvenes, ciudadanos comunes una visión más amplia de la realidad, estimular sus intereses y deseos de soñar, crecer, de volar con alas formidables que los conduzcan a la realización personal. Comprender la riqueza de la mente y su sacralidad.

Nadie tiene derecho a interferir y dañar nuestro personal proceso de evolución.

La verdad os hará libres!

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