Reforma judicial de Hillary solo favorece a la delincuencia

Por Reynaldo Soto Hernández

clinton-queenLa publicitada reforma judicial que tiene entre sus planes para un hipotético gobierno a partir de Enero del próximo año la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton, no está diseñada para proteger a la sociedad, sino para recompensar a los delincuentes; ni para fortificar la confianza de la gente en los cuerpos encargados de hacer cumplir la ley, sino para minar su autoridad y sembrar una especie de recelo social contra ellos.

Es lo mismo que ha venido haciendo, a lo largo de los últimos ocho años en el poder, un presidente miembro de ese mismo partido, aunque sin haber logrado crear una base legal sólida que le permitiese llegar tan lejos como hubiera querido. Ahora la señora Clinton quiere convertirlo en ley y obligar no solo a las agencias del orden sino a toda la sociedad, a que se preocupe más por las supuestas violaciones masivas de los derechos civiles de quienes delinquen, que por garantizar justicia para las víctimas y respeto por el orden jurídico.

Es indudable que con tantos agentes y tantos cuerpos policiales actuando en el país, algunos abusos pueden ocurrir y ocurren, pero no se puede dejar de tomar en cuenta que si es malo tener algunos policías que maltraten a los ciudadanos o que actúen a espaldas de la ley, peor es tener bandas de criminales en las calles dispuestos a todo por tal de que nos crucemos de brazos ante sus desmanes. A fin de cuentas, a los policías corruptos o abusadores resulta mucho más fácil hacerles responder ante los tribunales que a los delincuentes. Como demuestra el hecho de que de los miles de vándalos que saquearon, quemaron y estuvieron a punto de destruir ciudades como Baltimore o Fergunson, todo ello en defensa de criminales convictos como Michael Brown, prácticamente ninguno ha sido procesado y condenado por sus delitos. Entre tanto, todos los agentes del orden involucrados en los presuntos abusos tuvieron que comparecer ante un juez.

La política de reforma judicial de Clinton, tal como está escrita, llena toda ella de comentarios en los que se sugiere que los delincuentes son las verdaderas víctimas, debido a la rigurosidad de las condenas, sería pues una escalada más en ese camino suicida para la sociedad que solo conduce a más criminalidad y menos respeto a la ley, desde que les está mandando a aquellos que delinquen el mensaje de que no son ellos los culpables ni quienes tienen que ser castigados severamente, sino los cuerpos policiales que nos protegen y la sociedad en su conjunto, la parte trabajadora, útil y respetuosa de la ley de esa sociedad.

En estas cosas que nos afectan a todos hay que hablar claro y dejarse de titubeos en aras de lo que es políticamente correcto. No tengo ahora mismo a mano estadísticas precisas pero por lo que he podido observar a lo largo de los años en las noticias, a pesar de la prensa sesgada que padecemos, más empeñada en el perdón al culpable que en la justicia para la víctima, he podido darme cuenta de que casi la totalidad de los pretendidos “abusos policiales”, han sido cometidos contra delincuentes, la mayoría aplastante de ellos contra delincuentes en proceso de cometer un delito, y una parte importante, contra delincuentes que se estaban enfrentando a los agentes del orden para eludir ser conducidos ante la justicia, como en el caso de Michael Brown, un delincuente que acababa de cometer un robo violento, a quien un policía de servicio mató en defensa propia, pero que sigue siendo utilizado políticamente como un ejemplo de “joven negro víctima de un policía blanco”, al extremo de que su madre, otra violadora de la ley fue invitada a la convención demócrata como si fuera la madre de un mártir.

Y ese es otro de los puntos en los que se basa la mencionada reforma, la insistencia una y otra vez en el presupuesto de que los negros son peor tratados por la justicia que los blancos debido a que ellos constituyen cerca del 37 % de la población penal del país, cuando en la población en general representan menos del 13 %, asumiendo que para que esto no suceda así la solución es dejar de encarcelar a los negros, o rebajar al mínimo las condenas para los delitos que ellos cometen con más frecuencia.

Es vergonzoso que se nos pretenda manipular de esa forma como sociedad y que se nos pretenda hacer bajar la guardia ante quienes agreden nuestra forma de vida desde dentro, sólo con el propósito de obtener los votos de los delincuentes y de sus familiares y de ese sector bobalicón de la sociedad que continúa pensando que el crimen no va a tocarles a ellos y que los delincuentes son las víctimas de un sistema legal presuntamente injusto. Todo ello cuando no existen estadísticas realmente serias que indiquen que al pararse ante un juez un delincuente blanco y uno negro que cometieron el mismo delito, el juez solamente enviará a prisión al negro y dejará libre al blanco. Mientras que sí existen estadísticas que confirman el hecho de que los negros cometen más delitos punibles con cárcel que los blancos, tomando en cuenta la cantidad de delitos cometidos por ambos grupos, y la cantidad de personas de ambos grupos dentro de la sociedad.

Resultaría mucho más sensato como sociedad que nos dedicáramos a buscar las causas de que los negros cometan muchos más delitos que los blancos, y que trabajáramos sobre ellas sin paternalismos socialistoides, que seguir intendo culpar a las leyes por castigar a los que delinquen. En este caso el plan de la señora Clinton les envía a los delincuentes negros la señal de que los culpables no son ellos sino la sociedad, sus jueces y sus agentes de la ley. No les obliga a mirar hacia los jóvenes negros exitosos que nunca han estado en la cárcel para que intenten imitarlos, si no a que se compadezcan de sí mismos y consideren una obligación de la sociedad compadecerles y perdonarles por sus crímenes.

Otro de los pilares de la reforma propuesta por Clinton es disminuir a los mínimos posible el tiempo de cárcel que deben cumplir los traficantes de drogas considerados no violentos. A esto puede decirse que no hay que revisar muchas estadísticas ni entrevistar a muchos agentes de la ley, cuando basta con ver los noticieros de cualquier gran ciudad, para darse cuenta de que la inmensa mayoria de los crímenes violentos que se cometen en este país están relacionados con las drogas; ya sea adictos que roban o matan con el propósito de tener más dinero para comprar estupefacientes, o traficantes que luchan por el territorio, o drogadictos enloquecidos que atacan a su propia familia.

No se puede negar que resulta socialmente útil tratar de reincorporar a quienes delinquen al seno de la sociedad, tanto como resulta socialmente suicida mandar el mensaje de que los delincuentes son en realidad las víctimas y actuar en consonancia, rebajando las condenas para los criminales violentos, y obligando a quienes nos protegen a estar al mismo nivel de respeto y credibilidad social que quienes nos atacan, poniéndolos a competir entre ellos por esa credibilidad y ese respeto, como si se tratara de dos bandas de criminales rivales, tal como pretenden una buena parte de las medidas planteadas en el plan de la señora Clinton, que no he citado aquí textualmente porque quiero que quienes me lean lo busquen y analicen para que arriben a conclusiones propias.

Deja un comentario