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Published On: Dom, Dic 28th, 2014

¿Sabe usted qué es la Isquemia Cerebral Transitoria?

Por el Dr Juan Reinaldo Cruz Caparróz

juan caparrozEl Accidente Isquémico Transitorio (AIT) es un trastorno en el funcionamiento del cerebro causado por la deficiencia temporal del aporte de sangre al mismo. Para entender un poco este padecimiento -que a veces es irreconocible por el paciente- analicemos algunos aspectos:

Irrigación del cerebro

La sangre es transportada al cerebro por 2 pares de grandes arterias: carótidas y vertebrales. Ambas llevan la sangre desde el corazón; las carótidas circulan a lo largo de la parte anterior del cuello y las vertebrales por la parte posterior del cuello, por dentro de la columna vertebral. Estas grandes arterias desembocan en un círculo formado por otras arterias, del que salen otras más pequeñas, de modo parecido a como lo hacen las carreteras que nacen de una rotonda de tráfico, estas ramas llevan sangre a todas las partes del cerebro.

¿Cuales son sus causas?

Los fragmentos de materia grasa y calcio que se forman en la pared arterial (denominados placas de ateroma) se pueden desprender e incrustarse en un pequeño vaso sanguíneo del cerebro, lo cual puede producir obstrucción temporal de la circulación y en consecuencia, un AIT.

La acumulación de plaquetas o de coágulos puede también obstruir un vaso sanguíneo y producir un AIT. El riesgo  aumenta si la persona padece hipotensión, aterosclerosis o una enfermedad del corazón (sobre todo en los casos de anormalidad en las válvulas o conducción cardíaca), diabetes o exceso de glóbulos rojos (policitemia). Los AIT son más frecuentes en la edad media de la vida y su probabilidad aumenta a medida que se envejece. En ocasiones, los AIT se manifiestan en adultos jóvenes o niños que padecen una enfermedad del corazón o trastorno sanguíneo.

Aprenda a reconocer sus Síntomas

Es de inicio súbito y por lo general dura entre 2 y 30 min; en pocas ocasiones se prolonga más de 1 a 2 horas. Los síntomas varían en función de la parte del cerebro que haya quedado desprovista de sangre y oxígeno. Cuando resultan afectadas las arterias, que son ramas de la arteria carótida, los síntomas más frecuentes son la ceguera de un ojo o un trastorno de la sensibilidad junto a debilidad. Cuando se afectan las arterias, que son ramas de las arterias vertebrales (localizadas en la parte posterior de la cabeza), son frecuentes el mareo, visión doble y debilidad generalizada.

No obstante, pueden manifestarse muchos síntomas diferentes, tales como:
• Pérdida de la sensibilidad o trastornos de la misma en brazo o pierna, o en un lado del cuerpo.
• Debilidad o parálisis en brazo o pierna, o en todo un lado del cuerpo.
• Pérdida parcial de la visión o audición.
• Visión doble.
• Mareo.
• Lenguaje ininteligible.
• Dificultad para pensar en la palabra adecuada o para expresarla.
• Incapacidad para reconocer partes del cuerpo.
• Movimientos inusuales.
• Incontinencia urinaria.
• Desequilibrio y caída.
• Desmayo.
Aunque los síntomas son semejantes a los de un ictus, son transitorios y reversibles.
Sin embargo, los episodios de ICT a menudo son recidivantes. La persona puede sufrir varias crisis diarias o sólo 2 ó 3 episodios a lo largo de varios años. En el 35% de los casos un ICT se sigue posterior a ictus. Cerca de la mitad de estos ictus ocurren durante el año posterior al ICT.

Diagnóstico

Las primeras claves diagnósticas para el médico son los síntomas neurológicos súbitos y transitorios que sugieren disfunción de un área específica del cerebro. A veces es necesario realizar pruebas complementarias para diferenciar los ICT de otros trastornos con síntomas semejantes, como los ataques epilépticos, tumores, migraña o valores anormales de azúcar en sangre.

Dado que no se produce lesión cerebral, el médico no puede basar el diagnóstico en las exploraciones que habitualmente identifican un ictus, como una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM).

Los médicos utilizan varias técnicas para valorar la posible obstrucción de una arteria carótidas o ambas. El flujo irregular de sangre crea ruidos, conocidos como soplos, que pueden escucharse a través del fonendoscopio. No obstante, pueden existir soplos en ausencia de obstrucción signi cativa. El paso siguiente, suele ser una ecografía y estudio Doppler del flujo sanguíneo, dos pruebas que se realizan de manera simultánea para medir el grado de obstrucción y cantidad de sangre que puede pasar a través de la misma. En caso de estrechamiento grave de las arterias carótidas, el médico puede solicitar una RM de las arterias o realizar una angiografía cerebral para determinar el grado y localización de la obstrucción. En este el caso se inyecta un contraste radiopaco (que se aprecia en las radiografías), en una arteria y al mismo tiempo se hacen las radiografías de la cabeza y del cuello.

A diferencia de lo que ocurre con las arterias carótidas, la ecografía y estudios Doppler son menos eficaces para evaluar las arterias vertebrales. La única forma de efectuar una comprobación segura de la afectación de una arteria vertebral es mediante la RM o angiografía. No obstante, si se encuentra una obstrucción, puede que no sea posible eliminarla porque la cirugía es más difícil en las arterias vertebrales que en las carótidas.

El Tratamiento a tiempo puede prevenir el fulminante Ictus

El tratamiento de los AIT está dirigido a la prevención de los Ictus. Los principales factores de riesgo de un Ictus son la presión arterial alta, valores elevados de colesterol, tabaquismo y diabetes, por lo que siempre que sea posible, el primer paso para prevenirlo es abordar o corregir esos factores de riesgo.

Se pueden administrar fármacos para reducir la tendencia de las plaquetas a formar coágulos, una de las principales causas del ictus. Uno de los fármacos de elección por su eficacia es el ácido acetilsalicílico, que suele prescribirse en dosis de un comprimido para niños una vez al día. A veces se prescribe el dipiridamol, pero en la mayoría de las personas no resulta tan eficaz. Las personas que no toleran el ácido acetilsalicílico pueden tomar ticlopidina. Cuando se necesiten fármacos más potentes, el médico puede prescribir anticoagulantes como heparina o warfarina.

El grado de obstrucción en las arterias carótidas ayuda al médico a establecer el tratamiento. Si un vaso sanguíneo está obstruido en más del 70% y si la persona ha tenido síntomas que sugieren un accidente vascular cerebral en los seis meses anteriores, entonces la cirugía puede ser necesaria para eliminar la obstrucción y prevenir un posible ictus.

Por lo general, las obstrucciones menores se eliminan sólo si han causado AIT o ictus. Durante la intervención que se suele realizar en estos casos (endarterectomía), el médico elimina los depósitos de grasa (ateromas) de la arteria carótida, pero esta intervención tiene un riesgo del 1 al 2% de causar un ictus. Por otra parte, en las obstrucciones menores que no han producido síntomas, el riesgo quirúrgico parece ser mayor que el que habría sin hacer nada

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