SABOTAJE A DESTIEMPO

Por Juan Efe Noya

CaptureYo soy el único personaje en esta historia. No es que quiera comportarme como un egoísta. Es muy difícil aparecer solo en un tren que viaja rumbo al centro de la ciudad. Ahí, a la izquierda, iba sentado un obrero de la construcción; el pobre, ya bastante tiene con construir para el estado totalitario, por eso preferí borrarlo de la escena. Lo mismo hice con el señor de las gafas circulares; el final de su corbata a rayas descansaba sobre el maletín, como si estuviera cansada de engalanar tanta delgadez. ¡Zas! ¡Fuera! Con un golpe de imaginación también hice desaparecer a la señora pecosa del vestido blanco, y con ella al mulatico extranjero, elegante y orificado hasta la sonrisa.

La parejita de escolares parecía un esquema de ternura y mediante un empuje imaginario la lancé hacia donde no se le puede ver. Las tres ancianas del fondo ya no están allí, se fueron con su incredulidad al lugar que menos esperaban.

¡El caso es que estoy solo al fin! Debo imposibilitar la llegada de este tren para que Jacinto Versalles, el investigador, no pueda abordarlo a tiempo exacto. Así confundirá su papel de hombre modelo y cabal, capaz de obstruir mi trayectoria. Yo podría llegar con mi tren vacío cuando ya él haya perdido la oportunidad de impedir el sabotaje. Por eso voy solo. No quiero que vayan a involucrar en el problema a un grupo de seres inocentes que no saben del caso. Es mejor así: solitario, sin otra compañía que el miedo húmedo que resbala por mis pómulos; pero no importa, allá, en la lejanía, está mi destino. La fábrica tiene que volar por la consecuencia de mis actos y el tal Versalles no podrá oponerse a mis propósitos, porque llegaré con un retraso exacto para inutilizar su intento de sorprenderme. Quizás pensará que fui atrapado, o que la cobardía me acortó la acción. Se sentirá desacreditado y, cuando menos lo espere, allí estaré con el estallido retrasado. Entonces la emprenderán con las investigaciones; pero ¿qué podrán hacer contra un tren vacío, el cual, cargado de explosivos, se lanza contra una fábrica de embutidos? Entonces podré sonreír a todo tren cuando advierta la cara de asombro del viejo Versalles. Él piensa que al atraparme le concederán el puesto codiciado durante tantos años. ¡Qué bajeza la de un hombre a medias! Tendrá que pagar su traición con un fracaso como el que le estoy tramando.

Los medios de información hablarán del sabotaje que no pudo ser detenido por la variabilidad del tiempo. En cambio, ni los alegatos le servirán de mucho a ese viejo elegante que intenta detenerme; así podré saborear la intensidad de mi logro.

¿Qué es aquello? Ya ha transcurrido la verdadera hora del sabotaje. El maldito investigador no pudo haber imaginado mi presencia en un tiempo no común para sus propósitos. Quizás pensó que yo no vendría y actuó con mis ideas.

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