SIMETRÍA NAVIDEÑA

Por Juan Efe Noya

navidad
Designación de la luz.

Estaba abierto el cielo con himnos de agua fresca. Venían con húmedas delicias hasta aquellos pastores molestos con el viento. ¡Tan extraño a veces! En ocasiones azotaba sobre las ramas y colgaba en ellas notas de ternura, como frutas inservibles, pero dulcemente sonoras.

En la lejanía comenzó a escucharse una música de marfil, la cual tan pronto armonizaba un acorde rectilíneo de arrepentimiento para los pecadores, como emitía magníficos silencios trazados en ramificaciones ondulantes. ¡Hasta con siete colores simultáneos! Rojo, amarillo, verde, anaranjado, azul, violeta y transparente vibrante. Se estaban propagando muy lentamente, mientras que por el camino armado de aromas venían unos pastores que hacían coronas con la voz. Inútilmente hablaba la luna en sus cabellos, con toda su inocencia se detuvo la manada, pero los felices pastores seguían colgando sus miradas en el aspecto dormido de un establo que se alzaba allá, donde la tierra hacía gárgaras con un sorbo de nubes. Así prosiguieron andando hasta ver destellos felices en el lugar que tanto les había llamado la atención. Era un viejo establo carcomido de abandono; en el techo con espacios de cielo solamente se observaban unos gruesos y podridos maderos. Junto a lo que en un tiempo fue la puerta descansaba un viejo arbusto; sus ramas penetraban por una ventana como si quisieran averiguar el fondo de aquel acontecimiento. Los pastores podían haber seguido su caminata y borrar aquella escena con el desdoble del olvido. Pudo ser tan fácil como dormirse después de un buen cansancio. Pero no lo hicieron; se acercaron al lugar donde el drama de la luz pregonaba lo imprevisto y la verdad les dio en las pupilas con un golpe de armonía: ¡Había nacido el hijo de Dios para ser frecuencia aplicada en la dimensión universal.

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