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Published On: Mie, Mar 19th, 2014

Sobre la doble moral –o falta de– de los artistas e intelectuales cubanos que vienen a Miami y viceversa

Por Baltasar Santiago MartínDirector de la Fundación APOGEO.Miami

BaltasarAunque ya tocaron el tema brillantemente Alejandro Ríos en su más reciente columna de El Nuevo Herald y Andrés Reynaldo en Diario de Cuba, me gustaría agregar, como promotor cultural que soy –y que ha invitado a varios de ellos a mi tertulia (10 de 60) y/o publicado sus entrevistas (4 de 48) en la revista Caritate que dirijo–, que cuando comenzó el mal llamado “intercambio cultural” entre La Habana y Miami, pensé ingenuamente que los que vendrían serían coherentes con su decisión de viajar a la capital del exilio, es decir, mostrarían respeto y reconocimiento hacia sus compatriotas que lo abandonaron todo –patria, familia, profesión y propiedades– para vivir en libertad, pero, en realidad, muchos de ellos han demostrado que vienen solo a buscar los dólares del exilio y a llevarse las maletas repletas de “pacotilla” –léase todo lo que escasea en Cuba o es de calidad inferior a lo que se puede comprar aquí–, y cuando los entrevistan, parafraseando a Esther Borja, advierten: “No me preguntes sobre ese tema, porque eso nunca te lo diré”, o a última hora piden la liberación de los cinco “espíroes”, o dicen que “la Revolución es importante”, como ocurrió hace poco en el programa El espejo, que conduce el periodista Juan Manuel Cao.

Yo aplaudo la libertad de expresión que existe en los Estados Unidos –no se trata de censurar a nadie–, pero deploro que digan esas cosas para ganar puntos con la dictadura cubana y mejorar su status cuando regresan a La Habana, tal y como hicieran algunos esclavos para contentar al amo y ganar su benevolencia, aunque el resto del barracón fuera maltratado y vejado.

Hay gente que prefiere barracón seguro y audiencia cautiva que reinventarse en un mundo de libre competencia y mayor potencial de oportunidades, fieles a aquello de que “en el país del ciego, el tuerto es rey”; ¡ah!, y la mayor prueba de ello es Manolín, el llamado “Médico de la salsa”, que regresó al barracón castrista después de varios años en libertad.

Por otro lado, están los artistas y escritores de Miami que están yendo a Cuba a actuar, exponer sus cuadros o presentar sus libros en La Habana, sobre todo estos últimos, que no tienen escrúpulos en acudir a la feria del libro que se celebra en La Cabaña (donde tanta gente fue encarcelada por oponerse al régimen que ha destruido a Cuba como ningún gobierno anterior, y donde también miles fueron fusilados sin miramientos y sin defensa legal, cuando “el pueblo” pedía “paredón” tan irreflexivamente), y en publicar en La Jiribilla, pero su ego es mucho más grande y poderoso que sus principios. Se deberían quedar a vivir allá, pero sin que nadie les mande remesas ni pacotilla.

Me pregunto si  Mario Vargas Llosa sería publicado en Cuba –si Mario lo permitiera, cosa que dudo mucho– a pesar de ser un gran crítico del régimen castrista, y si dejarían que Linden Lane Magazine, la revista que tan devotamente edita y publica Belkis Cuza Malé, se regalara a los asistentes a la feria, en el supuesto caso de que Belkis tuviera el apoyo del exilio para imprimir tantos ejemplares.

Sé que ejercer el arte y la cultura en Miami es contracorriente, pero es preferible tener que trabajar en otras cosas para ganarse la vida, y luego poderse dedicar a la verdadera vocación de cada quien, que ser bufones de un tirano que golpea mujeres y sustenta a Maduro en Venezuela, y a la vez mendigos descarados –aunque les pique, eso es lo que son¬– de sus compatriotas del exilio, a los que abruman pidiendo cartas de invitación y espacios para presentarse, amén de jabón, rastrillos de afeitar, y ropa y zapatos “de marca”.

Retomo el tema porque me di cuenta de que se me quedó algo muy importante en el cartucho de tinta de la impresora: la abundante promoción que reciben los artistas cubanos que vienen de visita en los medios de comunicación de Miami, en agudo contraste con la pobre cobertura brindada a los que viven y luchan aquí para sacar adelante sus carreras artísticas, sin un Ministerio de Cultura detrás (que no lo hay en los Estados Unidos), sin una UNEAC y, para colmo, sin un Centro Cultural Cubano que los apoye; solo con su talento, su fuerza de voluntad y el apoyo de algunos empresarios e instituciones privadas.

Me ha dicho un amigo, en quien confío, que existe un plan conjunto del Ministerio de Cultura, la UNEAC y el Ministerio del Interior de Cuba, llamado “Habanización de Miami”, para apoyar y facilitar los viajes de los artistas e intelectuales que residen en la isla a esta ciudad, donde, consciente o inconscientemente, se les brindan teatros, clubes, cobertura televisiva y periodística garantizada, como si el vivir allá ejerciera una extraña fascinación sobre los medios masivos de comunicación, porque en cuanto alguno de ellos decide quedarse en Miami, toda esa atención preferencial desaparece y pasan enseguida a integrar el equipo local, en franca desventaja con el de los visitantes.

No me consta cuál es la fuente original, pero ese slogan de que “Miami es la tumba del artista cubano (que se queda)” viene como anillo al dedo para identificar el problema que describo, y por supuesto que no hay que romperse mucho la cabeza para identificar a quién beneficia la repetición de dicho slogan: a aquellos que quieren desacreditar al exilio y/o desanimar a estos artistas para que no se queden, que en definitiva ambos deben responder al mismo amo; incluso estoy seguro de que en Miami existe una especie de “quinta columna” del castrismo que critica al gobierno de Raúl Castro (¿qué le puede importar al ya multirrayado tigre una raya más?), pero también critica implacablemente al exilio desde todo punto de vista posible, sea cultural o político, por lo que a mi juicio responde también a la agenda o “ecuación” de La Habana de imponer su cultura sobre la del exilio y desacreditarnos como alternativa posible.

Invito a los lectores de este comentario a que lean en El Nuevo Herald y en la revista digital Cubaencuentro los escritos de quien es factor común (como en Matemáticas) de ambos medios, para que saquen sus propias conclusiones (porque pruebas concretas no tengo, por lo que me limito a mencionar el milagro sin nombrar al “santo” –eso se los dejo de tarea–), y vean la televisión hispana local de ahora en adelante con especial atención, porque ese énfasis de cierto canal en la chusmería y la vulgaridad de los cubanos me parece también muy negativo, al igual que la “cruzada anticubana” de otro, en que, afortunadamente, dos de los despedidos se han caído para arriba –y ahora sí voy a dar los nombres: Camilo Egaña y Daisy Ballmajó.

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Displaying 2 Comments
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  1. Muchas veces me he preguntado ¿Por qué? tanta difusión y propaganda a esos que vienen a buscar un punado de dinares en Miami y los de aquí, los que vivimos en el exilio somos callados y nos cierran las puertas de la televisión y la radio, nosotros no somos artistas, escritores cubanos, no tenemos derecho a unos minutos de difusión por nuestro trabajo, por nuestra obra, será que nos niegan en Miami como mismo nos niegan en La Habana por el solo hecho de no vivir como esclavos asalariados de la dictadura, gracias Baltasar por tocar tan importante tema en tu nota, ojala sirva para abrir las puertas a los creadores cubanos del exilio, a aquellos que salimos un día en busca de crear en libertad.

  2. Juan de los Palottes dice:

    Respeto la opinion de todos,no estoy muy al tanto de lo que ocurre en la escena de Miami en cuanto a los artistas cubanos que se presentan en esta ciudad pero tienen su publico y hay quienes se benefician de ellos incluyendo a los que venden “Pacotiila”, contribuyen a la ciudad pagando taxes y eso es lo importante,claro no aplundo esas declaracion y actitudes de lame C… de algunos hacia el gobierno de la isla.
    En cuanto a Manolin respeto su decision de regresar a Cuba,bueno cada cual va a donde le plasca y tuvo el valor de hacer lo que muchos de nosotros debieramos .

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